Cuando las temperaturas suben, el aire acondicionado parece la única solución posible. Pero usarlo en exceso no solo aumenta el consumo eléctrico, sino que también reseca el ambiente y puede afectar la salud. La buena noticia es que hay formas simples y naturales de mantener la casa fresca, aprovechando la ventilación cruzada, los colores claros y algunos trucos caseros que funcionan.
El primer paso es ventilar correctamente. Abrir las ventanas opuestas del hogar a primera hora de la mañana y al atardecer permite generar una corriente de aire que renueva y enfría los ambientes. Durante las horas de más calor, lo ideal es mantener persianas o cortinas cerradas, especialmente en las ventanas que reciben sol directo.
Las cortinas livianas de lino o algodón en tonos claros son grandes aliadas: permiten que entre la luz pero bloquean parte del calor. También existen telas térmicas o blackout con doble función, que ayudan a conservar la temperatura interior y a reducir el ingreso de rayos UV.
Otro truco eficiente es apagar los aparatos eléctricos que no se usan. Computadoras, televisores y lámparas generan calor, aunque no se perciba. Cambiar las bombillas incandescentes por luces LED también ayuda: consumen menos energía y desprenden hasta un 80 % menos de calor.
En cuanto a la decoración, los materiales naturales son los más convenientes. Los textiles de lino o algodón transpiran mejor que los sintéticos y aportan sensación de frescura. En el dormitorio, cambiar las sábanas por tejidos livianos y colocar una botella de agua congelada frente al ventilador puede bajar varios grados la temperatura del aire.
Las plantas son otro recurso infalible: además de decorar, purifican el ambiente y regulan la humedad. Las más recomendadas para reducir el calor son el potus, la sansevieria y el aloe vera, que absorben el calor acumulado durante el día.
Si el calor es intenso, un método casero muy efectivo consiste en colocar un recipiente con hielo o agua fría frente al ventilador. El aire al pasar por encima se enfría y genera una sensación de brisa similar a la del aire acondicionado, pero sin el gasto energético.
Por último, mantener la humedad equilibrada es clave: un balde con agua o un humidificador cerca de la ventana ayuda a refrescar el ambiente naturalmente.
Aplicar estos pequeños trucos puede hacer una gran diferencia. Con algo de planificación, se puede mantener la casa fresca y confortable durante todo el verano, reduciendo el uso de aparatos eléctricos y apostando a un bienestar más natural y sustentable.
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