Los turistas desean que sus días de verano sean eternos, que la brisa del mar se quede grabada en sus corazones y que sus fotos sean el reflejo de un momento al que "van a querer volver" una y otra vez. Y para que ese anhelo se cumpla, a veces hace falta un escenario nuevo, un rincón inédito y colorido que rompa con lo conocido y genere asombro.
Pero seamos honestos: el álbum de fotos de Mar del Plata suele repetirse año a año. Está la clásica foto con los Lobos Marinos de piedra, la selfie con el Casino de fondo, la panorámica desde el Torreón del Monje y la foto grupal a orillas del mar. Pareciera que ya no hay novedades. Pero justo cuando creíamos haberlo visto todo, la ciudad estrenó silenciosamente una intervención con aires internacionales. Es que si Río de Janeiro tiene la vibrante Escalera Selarón, nuestra costa ahora cuenta con su propia versión con identidad oceánica: la Escalera El Muelle.

El hallazgo de la temporada
Ubicada estratégicamente en el acceso al centenario muelle de pescadores, la obra aparece como un oasis visual que todavía conserva ese aire de exclusividad de los rincones que no figuran en las guías y que se descubren por el boca a boca.
Para entender la génesis de esta escalera marítima, GENTE contactó a su creadora, la talentosa Lidia Del Valle. Con 15 años de trayectoria, la artista marpletense fue la encargada de traducir el espíritu del mar en cerámica.

"La intervención en mosaico artístico de la Escalera El Muelle surgió de la iniciativa de Ezequiel, el dueño justamente de El Muelle. Él quería homenajear al tradicional Club de Pesca Mar del Plata por sus 100 años, convirtiendo ese espacio público en una nueva postal de Mar del Plata. Deseaba que todas las personas que pasen pudiesen disfrutar de la linda vista y de sacarse fotos acá", nos cuenta aún con la sensación de la pastina fresca en sus manos (ya que culminó la obra hace tan solo unos días).

Un marco soñado para la "Golden Hour"
Lo que hace única a esta escalera no es solo su ubicación, sino una decisión estética radical. Es que Lidia abrazó una consigna estricta que terminó siendo su mayor acierto: "La única condición era usar solo los colores del mar; estaba prohibido cualquier otro tono".

Lejos de limitar la obra, esa regla creó una atmósfera hipnótica. Durante tres meses Lidia fabricó teselas de cerámica exclusivas para combinarlas con el mosaico, logrando un degradé que va del azul profundo al turquesa eléctrico y el blanco de la espuma.

Y acá es donde el diseño juega a favor del visitante: esta paleta fría funciona como un iluminador natural. Al atardecer, el rebote de la luz en los turquesas genera un contraste que realza los tonos cálidos de la piel, haciendo que el bronceado de enero luzca increíble.
Un secreto que provoca sonrisas
La escalera ubicada en Boulevard Marítimo 1980 no es solo una superficie linda: es una narrativa sobre el verano argentino que mezcla íconos tradicionales con nuevos. Al igual que en las grandes intervenciones urbanas del mundo, aquí también existen mensajes ocultos.

Entre las olas de cerámica navegan peces, caballitos de mar y barquitos; aparecen sombrillas, ruedan pelotas, asoman caracoles y olas, y no faltan las clásicas ojotas. Sin embargo, el detalle que conquista a los locales -y divierte a los turistas atentos- es un guiño a la cultura pop de la ciudad. Es que entre las figuras, la artista incluyó a "la estrella culona, un ícono popular que ya forma parte del ADN marplatense", firmando así una obra que promete ser el nuevo tesoro escondido de La Feliz


