Armar la valija para la montaña o el bosque implica pensar más allá del destino: el clima cambiante, las caminatas y las actividades al aire libre hacen que la planificación sea clave. Llevar lo justo y necesario no solo facilita el viaje, sino que evita compras de último momento o incomodidades innecesarias.
El primer punto a considerar es la ropa por capas. A diferencia de otros destinos, en zonas de montaña o bosque la temperatura puede variar mucho a lo largo del día. Lo ideal es llevar remeras livianas, buzos o camperas de abrigo y una capa exterior impermeable o cortaviento. De este modo, es fácil adaptarse al frío de la mañana, al calor del mediodía o a una baja brusca de temperatura por la tarde.
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En cuanto a los pantalones, conviene optar por opciones cómodas y resistentes. Los modelos tipo trekking o deportivos funcionan bien porque permiten moverse con libertad y se secan rápido. Sumar al menos un pantalón largo extra es clave, incluso en verano, para protegerse del frío, la humedad o los insectos.
El calzado adecuado es fundamental. Zapatillas cómodas, con buena suela y agarre, son indispensables para caminatas y senderos. Si el destino incluye zonas húmedas o lluvias frecuentes, un calzado impermeable puede marcar la diferencia. También conviene llevar medias térmicas o de algodón grueso para mayor comodidad.
Entre los accesorios, no pueden faltar gorra o sombrero para el sol, lentes con filtro UV y protector solar, incluso en climas frescos. El sol en la montaña suele ser más intenso de lo que parece. Un buff o pañuelo multiuso también resulta muy práctico para proteger cuello y rostro del viento o el frío.
Para los días al aire libre, una mochila pequeña es clave. Allí se pueden llevar agua, snacks, una campera liviana y objetos personales. Una botella reutilizable ayuda a mantenerse hidratado durante caminatas o excursiones largas.
El neceser debe adaptarse al entorno. Repelente de insectos es un básico en zonas de bosque, al igual que una crema calmante para picaduras. Un botiquín pequeño con curitas, analgésicos y medicamentos habituales evita inconvenientes lejos de centros urbanos.
Según el tipo de viaje, hay extras que conviene considerar. Para quienes planean caminatas largas, linterna o frontal, protector para lluvia y una batería portátil pueden ser muy útiles. Si el viaje es más relajado, un libro, ropa cómoda para la noche y algún abrigo extra suman confort.
Por último, no hay que olvidar la documentación y los esenciales: DNI, tarjetas, efectivo, cargadores y celular deben ir siempre en un bolso accesible.
Armar la valija para la montaña o el bosque no se trata de cargar de más, sino de anticiparse al clima y a las actividades. Con una planificación simple y enfocada, es posible disfrutar del entorno natural con comodidad, seguridad y tranquilidad.
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