La caída de la llamada viuda negra de Villa Urquiza tuvo un giro tan preciso como llamativo. No fue una cámara oculta ni una confesión lo que permitió identificarla, sino una huella dactilar olvidada en una copa de vino. Ese rastro mínimo, levantado con paciencia y técnica, fue el punto de quiebre de una investigación que terminó con la mujer detenida en un departamento del barrio porteño.
Según contó Mauro Szeta en sus redes sociales, la acusada fue arrestada en el marco de una causa en la que se la investiga por haber drogado y robado a un hombre bajo la modalidad conocida como “viuda negra”. El operativo se realizó en una casa de la calle Valdenegro al 3400, donde se encontraron tres teléfonos celulares, una cámara, tres remeras y dos sedantes.

La investigación se había iniciado a partir de un robo ocurrido el 1 de junio del año pasado. Aquella noche, un hombre llevó a su domicilio de la calle Nogoyá al 2400 a una mujer que había conocido mediante una app de citas. En esa ocasión, compartieron bebidas alcohólicas y, poco después, la víctima perdió el conocimiento. Al despertar, la mujer se había ido y varias de sus pertenencias habían sido robadas.
Con el avance de la causa, el análisis de las cámaras de seguridad permitió reconstruir parte de lo ocurrido. Los investigadores determinaron que la sospechosa no habría actuado sola y que habría ingresado a esa viviendo junto a otros hombres para concretar el robo mientras la víctima se encontraba inconsciente.

Sin embargo, el dato decisivo no llegó desde las imágenes, sino desde el trabajo silencioso de la Policía Científica. Personal de la Superintendencia de Policía Científica realizó un minucioso relevamiento en el lugar del hecho y logró levantar rastros que resultaron determinantes: una huella dactilar encontrada en las copas de vidrio utilizadas esa noche, en un vaso de vidrio y en dos latas de energizantes.
Esa huella, marcada en una copa de vino, se transformó en la pieza clave del rompecabezas. Los datos recolectados fueron enviados a la sección AFIS, dependiente de la División Identificaciones Papiloscópicas, donde se realizó el cruzamiento con el Sistema Federal de Identificación Biométrica para la Seguridad. El resultado fue concluyente: la identidad de la mujer quedó al descubierto.
A partir de allí, los investigadores avanzaron sobre otro obstáculo. Para evitar ser localizada, la imputada cambiaba de domicilio con frecuencia. Aun así, el seguimiento permitió establecer que en ese momento residía en una vivienda de Villa Urquiza, donde finalmente fue ubicada y detenida.
En el allanamiento, además de los dispositivos electrónicos y la ropa, se encontraron dos sedantes, un elemento que reforzó la hipótesis de que la mujer utilizaba sustancias para dormir a sus víctimas antes de cometer los robos.

La causa quedó en manos del Juzgado Nacional en lo Criminal y Correccional N°11, Secretaría N°133, a cargo de la Dra. Turner, que caratuló las actuaciones como robo en poblado y en banda.
El caso volvió a poner en foco una modalidad delictiva que se repite y que suele comenzar en el terreno de la confianza. Esta vez, sin embargo, el detalle más pequeño —una huella en una copa de vino— fue suficiente para derrumbar la estrategia de la viuda negra y cerrar el círculo de una investigación que parecía no tener pistas firmes.
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