En medio del impacto por el hallazgo de Gisela Mercedes Yurka, de 41 años, y su hijo Gabriel Saru Ovejero, de 7, muertos en la bañadera de un hotel de Recoleta, una pregunta empezó a repetirse con fuerza: cómo era la relación entre esa madre y su hijo, hoy atravesada por una hipótesis judicial tan dolorosa como incomprensible.
En las últimas horas se conocieron los detalles preliminares de las autopsias, que indicaron que el niño murió primero, ahogado y también por hipoglucemia, y que luego falleció su madre por un “mecanismo mixto” de hipoglucemia, cortes y ahogo.
Con estos elementos, los investigadores apuntaron a un crimen seguido de suicidio. Sin embargo, en paralelo a la causa judicial, comenzaron a multiplicarse los testimonios que describieron un vínculo afectuoso y cercano entre ambos.
Gisela era docente y se desempeñó en distintos ámbitos educativos, como la Asociación Civil Hogares del Espíritu Santo, el Colegio San Mauricio y el Instituto Nuestra Señora del Hogar. En ese entorno, la noticia generó un impacto inmediato. Compañeras de trabajo y personas que compartían su día a día hablaron de una madre presente y profundamente ligada a su hijo.

“Ella amaba a su hijo, y su hijo a ella”, escribió una colega en redes sociales, en una frase breve que se replicó entre quienes los conocían. Otra docente recordó una escena reciente que quedó grabada en su memoria: “Me quedo con esta imagen. Él feliz porque su mamá estaba esperándolo del lado de afuera. Él estaba feliz. Ella el doble. Se amaban”.
Desde el Sindicato Argentino de Docentes Privados (SADOP) La Matanza difundieron un comunicado en el que expresaron su pesar por la tragedia. “Lamentablemente nos enteramos de la trágica noticia del fallecimiento de la docente Gisela Yurka y su hijo. Nuestro más sentido pésame a sus seres queridos, a la comunidad educativa y a todos quienes la conocieron”, señalaron.
Las despedidas continuaron multiplicándose. Alejandra Gauna, otra mujer que conocía a Gisela y a Gabriel, escribió: “Te vamos a recordar con mucho amor y alegría. Solo tengo agradecimientos por ser amorosa con tus niños”, en referencia tanto a su rol de madre como a su vocación docente.

En sus redes sociales, Gisela solía compartir imágenes junto a Gabriel Saru, a quien llamaba cariñosamente “Saru”. Las fotos mostraban escenas cotidianas: sonrisas, abrazos y momentos compartidos. En uno de sus posteos más recordados, le dedicó una frase que hoy resuena con fuerza: “Mi vida, mi todo”.
Qué se sabe de las muertes de Gisela y su hijo
El hallazgo de ambos cuerpos ocurrió el viernes pasado en el baño de la habitación 306 del hotel Ker, en Marcelo T. de Alvear 1368. Madre e hijo habían llegado el jueves y pidieron una habitación para pasar la noche. El viernes por la mañana no realizaron el check out ni bajaron a desayunar. El encargado, alertado por la situación, golpeó la puerta sin obtener respuesta y dio aviso a la Policía.
El caso coincidió con una búsqueda que se había iniciado horas antes en González Catán, donde familiares y amigos difundían imágenes de Gisela y Gabriel para dar con su paradero. La confirmación oficial de sus identidades llegó más tarde y profundizó la conmoción.
Hoy, mientras la causa es investigada por la Fiscalía Criminal Correccional 59, a cargo de Laura Belloqui, los recuerdos compartidos por quienes los conocieron dibujan una relación atravesada por el amor cotidiano. Un vínculo que, frente a la crudeza de la hipótesis judicial, dejó una estela de preguntas, dolor y desconcierto en toda una comunidad.
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