De la incertidumbre a la esperanza: los crudos relatos de venezolanos en Argentina tras la captura de Nicolás Maduro – GENTE Online
 

Cómo vivieron los venezolanos que están en la Argentina la caída de Nicolás Maduro: los crudos relatos de una noche que nunca olvidarán

A corazón abierto, le relatan a GENTE cómo lo ocurrido el 3 de enero reactivó los recuerdos y heridas del exilio que aún no sanan. Despedidas, una reconstrucción lejos de casa y el anhelo de un regreso, contado en primera persona por quienes lo dejaron todo atrás, metieron su vida en un par de valijas y comenzaron de cero en otra tierra.
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"¿Podemos cortar un segundo la grabación?", pregunta la activista Liset Luque (38), apenas pudiendo hablar mientras las lágrimas recorren su rostro. Tiene en sus manos unas fotos que considera el tesoro más preciado que guarda de Venezuela. Pertenecen al álbum familiar, que le hace recordar cómo fueron sus días en la tierra que la vio nacer. En especial junto a su padre, con quien ya no puede hablar por videollamadas porque, sin saberlo, el abrazo que le dio cuando tuvo que emigrar sería el último. Años después, le tocó despedirlo a la distancia.

El dolor que transitó resuena en cada palabra que dice. Y de ahí viene también la mezcla de emociones que siente desde la madrugada del 3 de enero, cuando se enteró que Nicolás Maduro había sido capturado junto a su esposa, Cilia Flores, por los Estados Unidos. El teléfono de ella y el de millones de venezolanos alrededor del mundo sonó a altas horas de la noche, cuando muchos dormían. Eran sus familiares o amigos avisándoles que algo estaba pasando en su tierra y que se escuchaban explosiones en la capital, Caracas.

En tiempos de redes sociales, los videos comenzaron a circular rápidamente. Las imágenes eran impactantes y el miedo se hizo presente, sobre todo la incertidumbre por saber específicamente qué ocurría. Pero después, vino para muchos una sensación de alivio y esperanza, porque según cuentan, sintieron que comenzaba a abrirse una oportunidad para volver a casa y abrazar a la familia después de muchos años.

Las historias de los venezolanos en Argentina reflejadas en la tapa de GENTE.

Tras los hechos, hay un debate internacional puesto sobre la mesa en relación a las acciones de Donald Trump, presidente de Estados Unidos, en territorio venezolano. Y, del otro lado, están las historias de quienes lo han vivido y sufrido todo en carne propia: los que se quedaron y los que están en el exilio.

Más de 8 millones de venezolanos tuvieron que salir de su país, convirtiéndose en el éxodo más grande de Latinoamérica y ubicándose en los primeros puestos de desplazamiento forzado en todo el mundo, según informes de la Agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR). Argentina, es el octavo país con mayor población venezolana.

Anais, Lidio, Liset y Nathaly, los cuatro venezolanos que viven en la Argentina y hablaron con GENTE.

La ministra de Seguridad, Alejandra Monteoliva, reveló a comienzos de este 2026: “En Argentina tenemos 233 mil venezolanos con residencia permanente y 25 mil con residencia transitoria. Y sólo en 2025 recibimos 28 mil solicitudes de residencia“. Un gran porcentaje llegó con la oleada migratoria de los años 2016, 2017 y 2018, cuando su país atravesaba una crisis generalizada. Tanto es así que tras la capruta de Maduro muchos de ellos se reunieron en el Obelisco de Buenos Aires. Allí se vio a los oriundos de aquel país con sus banderas tricolor al aire, soltando lágrimas y abrazos de hermandad.

A sólo días de lo ocurrido, un grupo de venezolanos visitó el estudio de GENTE y desnudó su alma para contar su propia verdad, una que es irrefutable: una radiografía de todo lo que atravesaron millones de venezolanos mientras Maduro estuvo en el poder. Liset Luque (38), Lidio González (68), Nathaly Colmenares (45) y Anais Reyes (31) no se conocían, pero coincidieron en Argentina -y ahora en las oficinas de la revista-, con una herida en común que aún no sana y el anhelo de un reencuentro con los suyos.

"Me preocupaba no saber de mi familia": la mezcla de emociones tras lo ocurrido el 3 de enero

-¿Cómo se enteraron de lo que ocurría en Venezuela?

-Anais: Yo estaba en la calle, patinando para despejar la mente, y me llegan mensajes de mis amigos contándome que estaba pasando eso en Caracas. No lo podía creer. Dejé de patinar porque no podía seguir. Y desde ese momento no pude dormir. Estuve pegada a las noticias, muy nerviosa, intentando contactar a mi familia durante muchas horas y no podía, hasta que lo logré y fue un alivio.

-Lidio: Me imagino que a todos nos pasó igual. Yo ya me había acostado y recibí una llamada de mi hijo que vive en España, preguntándome si había visto lo que estaba pasando en Venezuela. Vi los videos y me sorprendió. Todavía no estaba muy claro, porque son tantas cosas que hemos visto, pero con el transcurso de las horas fui cayendo que fue verdad.

Este grupo de venezolanos llegó al estudio de GENTE solo días después del 3 de enero, fecha en la que fueron capturados Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores.

-Nathaly: Aproximadamente a las 3 de la mañana, hora de Argentina, recibo una llamada. Cuando vi que era desde Venezuela pasó de todo por mi mente. Porque siempre está latente la posibilidad de que un familiar se enferme o que esté pasando algo. Y justamente era algo grande, que habían sacado a Maduro.

-Liset: Yo esa noche casualmente había dejado mi teléfono en silencio y me despertó mi hija, porque la habían llamado para intentar contactarme. No lo podía creer, por un momento me imaginé que estaba soñando, que estaba dormida, que estaba teniendo un sueño como muchas veces he tenido, de que iba a pasar algo. Pero lo primero que hice fue preocuparme por quienes están en mi país, tratando de entender lo que estaba ocurriendo, y me agarró una incertidumbre impresionante. Entré en un estado de emoción, conmoción, ansiedad, ganas de salir corriendo desde donde estaba a poder abrazar a los míos.

Del encierro al exilio: la historia de Liset y un último abrazo que aún duele

A Liset (38), esta noticia le generó un torbellino de pensamientos y emociones imposible de controlar: primero, por creer que podía estar empezando la libertad de su país, pero ese sentir se mezcló de inmediato con una angustia paralizante.

La imposibilidad de comunicarse con su familia la empujó al borde del pánico: "Me preocupaba no poder comunicarme con mi familia, fue horrible la sensación de no poderlos encontrar, porque el WhatsApp solamente tenía una tilde. Eso quería decir o que no había luz, señal, o me imaginaba lo peor, que estuviesen en peligro, que se los habían llevado. Por un segundo mi cabeza imaginó de todo", confiesa.

Y luego, mientras las informaciones circulan a mil por hora sobre la situación de su país, se sincera: "El temor sigue estando muy presente, por quienes están en Venezuela, pero al mismo tiempo recordaba a quienes no están pudiendo ver este momento… Recordaba a Bassil da Costa, a Geraldine Moreno, a Neomar Lander, a Óscar Pérez, a mi padre, a mis amigos que están regados en el mundo y con quienes no estoy pudiendo compartir este momento por el que tanto luchamos. Es una mezcla de emociones, entre miedo y esperanza".

Liset muestra a cámara una foto de su álbum familiar. Y cuando contó por qué es tan importante para ella llevarla consigo, no pudo evitar las lágrimas. Perdió a su padre hace dos años y no pudo viajar a su país a despedirlo.

Hay un recuerdo que no puede borrar de su memoria y que la lleva directamente al Aeropuerto Simón Bolívar de Maiquetía, el lugar en el que se despidió de su familia para buscar otro rumbo para ella y sus hijos. Fue allí donde se abrazó con su padre por última vez, sin saberlo.

Se fue de Venezuela después de haber estado presa por alzar su voz en contra del gobierno. "Eso me hizo replantearme quedarme o no... y seguido a eso, vino todo el tema de la escasez. De no poder garantizar platos de comida para mis hijos... A veces hacíamos directamente dos comidas. El desayuno pasó a ser un privilegio. Muchas veces yo como mamá no comía para guardarle a ellos. Intercambiábamos bolsitas de café o azúcar para poder sortear toda la escasez, que fue el llamado trueque", recuerda.

No podía hablar con mi familia. Fue horrible la sensación de no poderlos encontrar".

Esa herida sigue abierta para Liset, y así lo cuenta en esta charla con GENTE, sin poder evitar quebrarse. "La última persona que me acompañó en el aeropuerto fue mi papá... Hace dos años, cuando logré reunir dinero para que mi papá pudiera venir, falleció", dice entre lágrimas. Y sigue: "Esta es una foto de mi papá junto a mis hijos, en Margarita donde vivía, y producto de que mi voz resuene tan fuerte, me da mucho miedo de volver a Venezuela".

Liset, quien lleva la bandera venezolana, es activista y estuvo presa en su país por alzar la voz contra el gobierno.

Liset, además, lamenta no haber podido estar para acompañar a su padre y darle el último adiós. "Yo como muchos venezolanos no hemos podido volver a despedir a los nuestros. Como muchos, tuvimos que darle un adiós y un abrazo de consuelo a través de un zoom, y para nosotros como familia fue muy doloroso. Yo no pude abrazar a mi abuela, la madre de mi padre, para consolarla, y mi papá, tampoco pudo venir a abrazar sus únicos nietos... Ha sido muy doloroso y por él y por todos mi voz sigue resonando. Muchos de ellos no pueden ver todo lo que está pasando, así que en él también pensaba, y en ese último abrazo que me dio".

Caminó por horas, pidió ayuda y cruzó fronteras con sus tres hijos: la odisea de Nathaly para salir de Venezuela

Esta madre venezolana recuerda todo lo que atravesó cuando le tocó salir de su tierra natal, de la mano de su mamá, su esposo y sus tres hijos, aún menores de edad. Aunque han pasado 6 años desde ese momento, pareciera que en su mente cada recuerdo sigue intacto, y por eso no es ajena a lo que ocurre en este momento.

"Me sentí con incertidumbre, ansiedad, preocupación, alegría, una mezcla de emociones que generaron en mí eso que nunca se esperaba que llegara, pero a la vez todos esperábamos", dice en referencia a la captura de Maduro.

Entonces explica: "Cuando digo nunca es por tantos años que pasaron. Así que cuando sucedió fue sorprendente, pero a la vez preocupante por pensar en cómo podrían estar nuestras familias y nuestros compatriotas en Venezuela. Cuando pude hablar con mi familia y supe que estaban bien, me puse a pensar en qué podría venir después".

Nathaly se fue de Venezuela hace seis años. El detonante fue la enfermedad de su hija y la falta de medicamentos. Le tocó salir vía terrestre, caminando durante largas horas con su madre, su esposo y su hijo, hasta llegar a territorio colombiano para luego seguir rumbo a Argentina en micro.

El testimonio de Nathaly es similar al de muchos otros, que no tuvieron el privilegio de tomar un vuelo con rumbo a otro país cuando buscaban desesperadamente un mejor futuro. Salió vía terrestre, sin contar con pasaportes después de una larga espera y pocas respuestas, tampoco contó con transporte que la hiciera atravesar todo el territorio nacional, y por supuesto, con el miedo de no saber con qué panorama se encontrarían en el camino.

"Salir por carretera no fue una decisión que yo quise tomar, sino que me obligaron. Decidimos migrar por la salud de mi hija, por las condiciones paupérrimas que habían en Venezuela para ese momento. Además de la falta de insumos médicos, los apagones, la falta de agua, de gas. En ese entonces, a mi hija le detectaron una enfermedad que requería unas vacunas para poder tratarla, y ni teniendo todo el dinero del mundo podía comprarlas, porque el laboratorio que las fabricaba en el país, se había ido".

Sentí incertidumbre, ansiedad y preocupación".

"Sentía miedo, dolor, temor de que le pueda pasar a mi hija por no poder comprarle sus medicamentos. Y no lo niego, en ese trayecto para salir del país, muchas veces me preguntaba si estaba haciendo lo correcto. Porque ver a mis hijos sufrir caminando tanto, también fue fuerte. En un momento me paralicé y dije: '¡No puedo seguir caminando más!', y justo volteo y veo a una madre embarazada con un bebé de dos años arrastrando una maleta, y pensé: 'Si ella puede, yo también puedo continuar'. Me dio fuerzas... y trataba de enfocarme en que iba a llegar a un país, en que le iba a poder brindar una calidad de vida que se merecen".

Les tocó caminar desde las cinco de la mañana durante doce horas aproximadamente para poder llegar a territorio colombiano. Su familia no era la única, a su alrededor las expresiones de angustia se repetían, pero a la vez le daban fuerza para seguir. "Fue horrible, era un mar de gente caminando por toda la carretera. Los niños por supuesto sufriendo, fue bastane fuerte", recuerda. Y sigue: "Le pedíamos agua a cada una de las personas que veíamos en el camino, para poder seguir... Nos tocó montarnos en moto, en camiones de ganados, pagando. Así que casi todos los dólares que teníamos para cubrir el viaje, se nos fueron".

Con su pasaporte en mano y el sueño de volver a su país, Nathaly recuerda el drama que atravesaron cuando le tocó dejar atrás su tierra para comenzar una nueva vida en Argentina.

Cuando estaba en la recta final de su recorrido, fue demorada por un militar, lo que considera el momento de máxima tensión de su salida del país. "En varias ocasiones sentí temor pero comencé a orar. En mi mente y solo decía: ¡Dios mío! ponme las palabras que este hombre quiere escuchar". Nathaly confía que ese pensamiento la ayudó, porque aquel uniformado le dio la autorización para cruzar la frontera y llegó corriendo con los suyos a territorio colombiano, sintiendo un alivio que aún le produce suspiros.

"La Cruz Roja nos atendió, porque yo tenía los pies rotos de tanto caminar, brotaba sangre. Yo no me había fijado hasta que los médicos comenzaron a revisarme después que me quité los zapatos. Y cuando mi marido se quita la remera, también tenía sangre, por el peso de las mochilas., parecía que lo hubiesen golpeado con correas... Y mi mamá pesaba menos de 40 kilos en ese momento", recuerda.

Así, en ese estado, tomaron un micro de larga distancia y atravesaron Colombia y Ecuador, donde se quedaron durante un mes con algunos familiares que tenían en ese país; pudieron vender comida en la calle para reunir más dinero y seguir su camino. Después la siguiente parada fue Perú, y finalmente siguió paso hacia Bolivia hasta sellar su ingreso en Argentina el 19 de diciembre de 2019.

Empezar de nuevo a los 60: la historia de Lidio, el venezolano que dejó todo para salvar su futuro

Para Lidio (60), la noticia del 3 de enero no llegó por un título ni por un video en redes, sino a través de una llamada de su hijo que reside en España, y posteriormente, de su hermano, que aún vive en la misma zona de Caracas donde él pasó gran parte de su vida. Le escribió después de una noche sin dormir: desde el balcón había escuchado un silbido seco y luego la explosión.

“Están bombardeando Caracas. Algo está pasando en Venezuela”, le dijo sin preámbulo. Ese aviso activó en él dos emociones que convivieron sin descanso. Desde Argentina, celebró por momentos la caída de Maduro y su esposa, Cilia, después de haber dedicado un tercio de su vida a luchar por la democracia de su país, pero al mismo tiempo sintió el dolor de no estar allí, de no vivir en carne propia lo que ocurría en su tierra. "No celebramos que caigan bombas en nuestro país, los muertos ni mucho menos, celebramos la extracción de esta gente", aclara.

Lidio vive en Argentina desde hace 9 años. Puso en palabras lo que significa dejarlo todo lo que construyó en 60 años de vida y tener que reconstruir su futuro lejos. Aunque en su país ocurra un cambio, no tiene intenciones de volver a Venezuela, más allá de ir de visita.

Es administrador y trabajaba también como profesor universitario en Caracas, pero ante el panorama que atravesaba su país decidió también dejarlo todo atrás, meter toda una vida en un par de maletas a sus 60 años y escribir una nueva historia junto a su esposa. "Dejar mi país significó tirar a la borda parte de mi vida... estuve un tercio de mi vida luchando por mi país. Tenía una lucha activa, en la calle, en todo lo que pude. Pero llegó un momento que ya la situación era insostenible", confiesa con pesar.

Su nieta tenía para ese momento 8 años, y pensando en su futuro, determinaron que tenían que irse. "Queríamos otro horizonte para ella, donde ella pudiera hacer vida, estar en libertad. Una de las cosas que no me dejaban ya vivir eran las largas filas para conseguir alimentos, para poder comprar una barra de pan, porque la niña quería pan. Y eso que yo vivía en una zona privilegiada", remarca, dejando en evidencia que no importaba el status económico, la crisis había atravesado a todos los sectores.

No celebramos que caigan bombas en nuestro país".

Lidio puso en palabras lo que representa emigrar siendo adulto mayor, los desafíos que esto conlleva y también la incertidumbre por lo desconocido: "Todo eso me obligó salir. Tuve que dejar ese espacio cómodo que construí por tantos años. Tenía mi casa, mi auto, mi departamento de playa. Tuve que dejar todo, perder todo prácticamente y empezar una nueva vida acá... Con el tiempo tuve que vender mis propiedades en Venezuela, porque ya no era rentable mantenerlas. Prácticamente las regalé".

Tiene 9 años en Argentina y agradece a su hijo, quien ya se encontraba en el país, por ser su bastón en todo este camino. Al preguntarle si sueña con volver a Venezuela, después de un suspiro responde: "Fantaseo con volver, pero de visita. A disfrutar de mi país, sus playas, sus paisajes. Todos esos sitios que en un momento disfruté. Pero ya mi vida la hice acá. Para ustedes los jóvenes es más fácil, tienen esa fuerza que los impulsa. Ya yo tengo unos años, y pensar que voy a comenzar de nuevo en Venezuela, aunque es mi país, ya no puedo".

Lidio es administrador y trabajaba como profesor universitario en Venezuela. Con ayuda de sus hijos llegó a la Argentina y agradece al país y su gente por recibirlos de la mejor manera y permitirle adaptarse a su nueva realidad.

Ana, la joven que cuenta la historia de su país en trazos

Para Anais (31), las horas posteriores al 3 de enero estuvieron dominadas por la angustia de no tener comunicación inmediata con su gente. Tiene casi 9 años en Argentina y toda su familia quedó en Venezuela. Si bien no es de Caracas, su miedo fue inmediato: comenzó a llamar a cada uno de ellos y nadie contestaba. "Por supuesto que entró el nerviosismo, el estrés, casi lloro por la desesperación. Hasta que contestó mi hermano y ahí pude calmarme un poco. Pero fueron horas muy angustiantes".

Desde el exterior ella podía ver, a través de las pantallas, lo que estaba ocurriendo, mientras que su familia, del otro lado, no tenía información clara. “No veo que esté pasando nada”, le decían. La joven convive desde entonces con una pelea interna: "Es saber que si yo digo algo, opino algo, yo no corro peligro, pero sí mi familia. Tengo días con mucha ansiedad, sin poder dormir, queriendo alzar la voz, pero también con miedo", confiesa.

Anais es ilustradora y cuenta la historia de su país con sus dibujos. Posa frente a la cámara de GENTE con algunas de ellas y cuenta por qué son tan importantes y especiales para ella.

Es ilustradora, y cuenta la historia de su país en trazos coloridos, emocionantes y que casi hablan. Llega con algunos de sus cuadros al estudio de GENTE y elige su favorito. Se trata de una pieza que realizó para la representación del Estado Amazonas: un personaje indígena con una anaconda enrollada en su cuello.

"Es especial para mí porque soy una gran admiradora de la cultura indígena venezolana y de toda la diversidad que existe en nuestro país. Cuando la diseñé, lo hice con mucho corazón, inspirándome en mi hermana, de quien tomé algunos rasgos para el personaje. Me gusta porque siento que transmite mucha fuerza: la fuerza de la mujer venezolana, su independencia, su conexión con la tierra y su espíritu de libertad", expresa. En el arte encontró una forma de expresión en la que conecta con sus raíces y con ese sueño anhelado de algún día volver a casa.

Apenas había pasado la línea de los 20 años cuando se llenó de valentía para emprender un nuevo camino, lejos de su gente. La decisión le tomó tiempo, pero atravesó varias situaciones que la empujaron a hacerlo. "No quería venirme. De hecho, sufrí varios ataques de pánico antes de salir. Lloraba todo el tiempo, porque somos una familia numerosa y dejarlos no fue fácil. Fue muy traumático para mí. Ahora amo este país, estoy agradecida y es un país hermoso, pero el camino no fue sencillo", se sincera.

Fueron horas muy angustiantes las que vivimos".

El primer año en la Argentina estuvo lleno de dificultades, soledad y esfuerzo, pero con el tiempo algo empezó a cambiar. La ciudad comenzó a volverse familiar, aparecieron nuevas personas, amistades inesperadas y la posibilidad, lenta pero firme, de volver a empezar desde cero. "Soy hermana mayor y mi mamá es madre soltera, así que asumí la responsabilidad de ayudarlos económicamente. Estando allá tenía un buen trabajo, pero casi todas las semanas me robaban, era víctima de la inseguridad. Hasta que hubo una situación muy fea donde mi vida si corrió real peligro, y ahí dije: 'Me voy del país'".

En estos años lejos, son muchos los momentos que le ha tocado vivir a través de videollamadas: "Lo que más extraño de Venezuela es mi familia, más que todo mi hermana, porque no estuve en sus etapa más importantes. No estuve en su primaria ni en secundaria. No la vi crecer. Es mi única hermana chica. Y siento que esos momentos que me perdí con ella es lo que más me duele".

Fotos: Candela Petech.
Video: Candela Casares.

Retoque y diseño de tapa: Roshi Solano.
Edición de video: Martina Cretella.
Agradecimiento a: Alianza por Venezuela.



 
 

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