El caso que conmocionó a Recoleta y a buena parte del país sumó en las últimas horas un elemento tan silencioso como impactante. Se trató del último posteo de Facebook de Gisela Mercedes Yurka, la mujer de 41 años hallada sin vida junto a su hijo de 7, Gabriel Saru Ovejero, en la bañadera de la habitación 306 del hotel Ker.
Mientras avanza la investigación judicial y se conocen los terribles detalles del informe preliminar de las autopsias —que indicarían que la mujer mató a su hijo y luego se quitó la vida—, una imagen publicada por Yurka el 20 de septiembre cobró una dimensión completamente distinta.
Ese día, Gisela había actualizado su foto de perfil. En la imagen se la vio sonriente, de frente a cámara, con el cuerpo levemente inclinado y las manos apoyadas en la cintura.
Llevaba una campera de jean abierta y debajo una prenda en tonos oscuros y rojo. El fondo no era un detalle menor: detrás suyo aparecían unas alas de ángel luminosas, en tonos violetas y celestes, dibujadas en una especia de pared de ladrillos, como si emergieran de su espalda.

La escena transmitía liviandad, una estética casi lúdica, y una sonrisa amplia que contrastó de forma brutal con lo que se conocería semanas después. Aquella imagen, que en su momento pasó inadvertida entre contactos y amigos, fue revisitada tras el hallazgo y adquirió una carga simbólica imposible de ignorar.
Qué se sabe de la muerte de Gisela y de la de su hijo
Gisela y Gabriel fueron encontrados muertos el viernes pasado en el baño del hotel ubicado en Marcelo T. de Alvear 1368. Según los datos preliminares de las autopsias, el niño murió ahogado y también por hipoglucemia, y fue el primero en fallecer. Su cuerpo presentaba signos compatibles con asfixia por sumersión.

Luego murió su madre. El informe indicó que su fallecimiento se produjo por un “mecanismo mixto” de hipoglucemia, cortes y ahogo. El cuerpo presentaba 11 cortes en ambos antebrazos y dos en el cuello, todas lesiones autoinfligidas. En el baño se halló una gran cantidad de sangre, un bisturí, dosis de insulina y jeringas, elementos que quedaron incorporados a la investigación judicial.
Con estos elementos, la principal hipótesis de los investigadores apuntó a un crimen seguido de suicidio. Es decir, que la mujer habría matado a su hijo y luego murió desvanecida tras una descompensación por hipoglucemia y las lesiones que la habrían dejado inconsciente.
La causa quedó en manos de la Fiscalía Criminal Correccional 59, a cargo de Laura Belloqui, que continúa reuniendo pruebas para esclarecer definitivamente qué ocurrió dentro de la habitación del hotel.
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