Las denuncias contra Julio Iglesias sumaron en las últimas horas un nuevo capítulo tan contundente como perturbador. Más allá del impacto de la investigación periodística que expuso el caso, son las declaraciones de las dos extrabajadoras del cantante las que generan mayor conmoción. Sus relatos, reconstruidos tras años de entrevistas, describen una experiencia laboral marcada por el abuso, la humillación y el miedo constante.
Sobre las denunciantes, ambas mujeres trabajaron como empleadas internas en las residencias que el artista posee en el Caribe. Lo que les ofrecieron —según cuentan— fue una oportunidad única: un buen salario, estabilidad y la posibilidad de viajar. Sin embargo, con el correr de los días, ese escenario ideal se transformó en una dinámica de control absoluto.
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Una de las denunciantes aseguró que el cantante la hacía llamar a su habitación y que allí se producían agresiones sexuales sin su consentimiento. En su testimonio, relató que era sometida a prácticas sexuales forzadas y que no tenía margen para negarse. "Me mandaba llamar a su habitación (...) me penetraba con los dedos anal y vaginalmente sin que diera mi consentimiento", declaró, al tiempo que describió episodios de violencia física y verbal.
Sobre esa línea, sobre los datos que corrobora la investigación periodística, se leen acusaciones tan graves como "penetraciones, bofetadas y vejaciones físicas y verbales".
En cuanto a la otra exempleada, narró situaciones de tocamientos indebidos y besos forzados, incluso en espacios abiertos. “Estábamos en la playa y él se acercaba y me tocaba los pezones”, afirmó, y agregó que esos gestos eran frecuentes y naturalizados dentro de la casa. Según su relato, cualquier gesto de incomodidad podía derivar en insultos o represalias.

Ambas coinciden en que el acoso no era solo sexual. También sufrían humillaciones constantes, gritos y comentarios degradantes durante su jornada laboral. El ambiente, describen, estaba atravesado por una jerarquía rígida en la que las empleadas de mayor rango actuaban como intermediarias y reforzaban las exigencias del cantante.
Uno de los aspectos más inquietantes de los testimonios es la presencia habitual de una encargada superior durante algunos de los encuentros. Según las denunciantes, esta mujer no solo participaba o presenciaba las situaciones, sino que además controlaba la vida cotidiana del personal, desde los horarios hasta los exámenes médicos. “Nos decían cuándo descansar y cuándo no. Solo tenía alivio cuando estaba su esposa o cuando había otra chica”, relató una de ellas.

Las restricciones eran extremas: no podían salir de las residencias, no podían tener pareja ni vínculos personales, no podían tomar fotos y sus teléfonos eran revisados periódicamente. “Vivíamos encerradas, vigiladas y con miedo”, sintetizó una de las víctimas, quien aseguró que el aislamiento era parte del mecanismo de sometimiento.
Ambas mujeres señalaron que necesitaron tratamiento psicológico tras dejar el trabajo y que durante mucho tiempo no pudieron hablar de lo vivido. “Lo que empezó como una oportunidad terminó siendo una pesadilla”, coincidieron.
Todos los detalles de la investigación periodística que pone a Julio Iglesias contra las cuerdas
La investigación fue realizada por elDiario.es en colaboración con Univisión y se extendió durante más de tres años. Los hechos denunciados habrían ocurrido en 2021, cuando Julio Iglesias tenía 77 años, en sus residencias de República Dominicana y Bahamas.
Además de los testimonios de las dos denunciantes principales —una fisioterapeuta y una joven de 22 años recién incorporada al mundo laboral—, el trabajo periodístico incluye entrevistas a otras exempleadas que trabajaron para el cantante entre finales de los años 90 y 2023. Muchas de ellas describieron un clima laboral opresivo, jornadas excesivas y un trato hostil.
Los periodistas aseguran contar con documentación, informes médicos, mensajes, registros telefónicos, fotografías y otros elementos probatorios que respaldan los relatos. Las dos mujeres están actualmente asesoradas por una organización internacional de derechos humanos y acompañadas por profesionales de la salud mental que validaron sus testimonios.

