La investigación por el femicidio de Érika Antonella Álvarez sumó en las últimas horas elementos forenses de alto peso que apuntan directamente contra el principal acusado. Un informe del Equipo Científico de Investigaciones Fiscales (ECIF) reveló que materiales utilizados para descartar el cuerpo de la joven habrían salido del propio domicilio del imputado, donde fueron hallados objetos con características coincidentes a los usados en el crimen.
El dato surgió tras un allanamiento ordenado por la fiscala María del Carmen Reuter en una vivienda ubicada en la calle Santo Domingo al 1100, en Yerba Buena, donde alquilaba Felipe Sosa, conocido como “El Militar”. Según el acta oficial, los peritos secuestraron seis trozos de cinta adhesiva negra adheridos a una barra de dominadas y a una mancuerna que el acusado utilizaba para entrenar en la galería de la casa. El informe detalló que ese material presenta “características similares a la hallada en las bolsas plásticas que cubrían el cuerpo de la víctima”.
Las ataduras y los elementos encontrados en la vivienda
La autopsia preliminar ya había establecido que Érika fue asesinada a golpes y que presentaba lesiones concentradas en el lado derecho del cuerpo, además de una luxación cervical. El cadáver fue encontrado desnudo, envuelto en bolsas de consorcio, atado con sogas y cinta adhesiva negra. En ese marco, otro hallazgo reforzó la principal hipótesis de los investigadores.

Durante la inspección ocular en la casa de Sosa, el ECIF secuestró una soga elástica negra de 2,60 metros de longitud que estaba enrollada en un cable puente de batería. Además, levantaron un “elemento filamentoso oscuro” ubicado a los pies de la cama de la habitación principal. Para los peritos, la similitud entre estas piolas y las ataduras encontradas en el cuerpo de la joven constituye un indicio relevante sobre la mecánica del crimen y el posterior descarte del cadáver.
El hallazgo del cuerpo y el avance de la causa
El cuerpo de Érika Álvarez, de 25 años, fue hallado el jueves 8 de enero en un descampado del barrio Manantial Sur, en San Miguel de Tucumán, dentro de una bolsa negra. Dos personas que caminaban por la zona alertaron al 911 tras notar una situación sospechosa. La investigación determinó que el homicidio no ocurrió en ese lugar y que el cadáver llevaba entre 36 y 48 horas allí.
La joven, estudiante de Enfermería y amante de los rollers, fue vista por última vez el martes 6. Su última comunicación fue durante la madrugada de ese día, cuando intercambió mensajes con su madre y una de sus hermanas. Luego, dejó de responder, lo que activó la alarma en su entorno.

Quién es el acusado y cómo fue detenido
Felipe Sosa, de 51 años, fue identificado por testigos del entorno de la víctima bajo el apodo de “El Militar”. Tiene un extenso pasado en fuerzas armadas y de seguridad: se graduó en el Colegio Militar de la Nación, participó en misiones internacionales y, tras abandonar la carrera militar, se dedicó a la seguridad privada en Tucumán, donde fundó su propia empresa.
El acusado fue detenido a unos 1200 kilómetros de Tucumán, en el partido bonaerense de Pilar, tras viajar en moto desde el norte del país. La Policía Federal Argentina confirmó su arresto y posterior traslado. “El sospechoso que teníamos por la muerte acontecida en Manantial Sur ha sido aprehendido en Buenos Aires y ya fue trasladado a Tucumán”, informó oficialmente el vicegobernador Miguel Acevedo.
Por el momento, la Justicia descartó que el caso esté vinculado a una red de trata de personas. Las principales líneas de investigación apuntan a un posible exceso de consumo durante una reunión, a un crimen para silenciar información sobre una red de drogas en círculos de poder o a un conflicto interno dentro de una organización de suministro de estupefacientes.
Mirá También

