Había salido a celebrar una de las noticias más felices de su vida. Alexis Oscar “Pipa” Rogers tenía 50 años y acababa de convertirse en abuelo. Esa alegría, que compartió con su hijo de 23 años y un amigo, de aparentemente 46, terminó de la peor manera: murió en la vereda de un bar de San Miguel tras un violento episodio con personal de seguridad.
Pero detrás del caso que generó conmoción hay una historia de vida marcada por el trabajo, la militancia y los vínculos cercanos. “Pipa”, como lo conocían todos, era técnico escénico y trabajaba en Tecnópolis, un ámbito en el que había construido una trayectoria respetada entre sus pares.
Afiliado al Sindicato Argentino de Técnicos Escénicos, Rogers era también una persona comprometida con la actividad gremial y con la política. Se identificaba con el peronismo y participaba activamente, según lo describían quienes compartieron con él espacios laborales y militantes.

En lo personal, era padre de dos hijos y atravesaba un momento especial: el nacimiento de su nieto o nieta —su hija había sido madre el día anterior— lo había llenado de orgullo. Ese fue el motivo que lo llevó a salir durante la madrugada del domingo a festejar.
Quienes lo conocían coincidían en una misma imagen: la de un hombre cercano, activo y con una mirada siempre puesta en el futuro. “Él había sido abuelo el día anterior (su hija fue madre), y estaba festejando con su hijo varón y otra persona más, habían ido a festejar eso y en esa circunstancia pasó todo. Pipa era un militante, un buen compañero, una persona que siempre quería ir para adelante, crecer", le dijo al diario Clarín Soledad Ardilla Rivera, compañera de trabajo.
Además de su actividad profesional y política, Rogers era hincha de River Plate, otra de las pasiones que lo definían en su vida cotidiana. Entre el trabajo técnico, la militancia y el fútbol, había construido una identidad reconocible para quienes lo rodeaban.
Cómo fue la pelea que terminó con la vida de Pipa Rogers
La muerte de Pipa, ocurrida tras una confrontación en la puerta del bar Sutton de Bella Vista, dejó un fuerte impacto en su entorno. La investigación avanzó con la detención de cuatro empleados de seguridad, bien llamados patovicas, mientras familiares, amigos y colegas intentaban asimilar lo ocurrido.

En medio del dolor y la indignación, la figura de “Pipa” Rogers quedó asociada no solo a la violencia de su final, sino también a la vida que llevaba: la de un trabajador, militante y padre que había salido a festejar la llegada de una nueva generación en su familia. Una historia que, en cuestión de horas, pasó de la celebración a la tragedia.
Mirá También

Horror en Berazategui: la actitud del motociclista que mató a un conductor tras una pelea de tránsito
Mirá También
