El impacto ocurrió en la madrugada del 14 de febrero en Río Cuarto, Córdoba. Las cámaras de seguridad de la zona registraron la secuencia completa: un Volkswagen Golf blanco irrumpió a alta velocidad y embistió la motocicleta de Cristian Martín Alanis, de 35 años, quien volvía a su casa después de reunirse con amigos. El vehículo arrastró la moto cerca de 300 metros, mientras el chasis rozaba el asfalto y generaba chispas y estruendos que despertaron a los vecinos. Alanis murió prácticamente en el acto.
Al volante iba Camila Zabala, una joven de 20 años que, según confirmaron los peritajes posteriores, conducía alcoholizada y circulaba muy por encima de la velocidad permitida. Testigos y registros fílmicos citados en la causa sostienen además que minutos antes del choque podría haber estado corriendo picadas con otro vehículo, un dato que, de comprobarse, agravaría aún más su situación judicial.

La historia de Camila Zabala comenzó a conocerse recién después del siniestro. Hasta entonces, era una joven más de Río Cuarto, activa en redes sociales pero sin demasiada exposición. Su cuenta de Instagram, de pocas publicaciones, muestra un universo muy concreto: una fuerte atracción por los autos y la velocidad, fotos en el Autódromo de Río Cuarto, imágenes en competencias de rally en las sierras cordobesas y videos manejando a altas velocidades en rutas y caminos serranos.
Zabala vive con su madre y su hermano de 18 años, con quienes suele mostrarse cercana. Entre las publicaciones recuperadas tras el hecho figuran salidas con amigas, escapadas a Alpa Corral y más de un video conduciendo el mismo Golf que terminó involucrado en la tragedia. En uno de sus clips, incluso, se la ve manejando a 91 km/h, una velocidad mayor a la permitida en el tramo registrado. Esa conducta temeraria se convirtió después en una pieza clave para entender el contexto del siniestro.

La noche del choque, dentro del auto viajaban también dos amigas —de 20 y 22 años— que dieron positivo en los test de alcoholemia, lo que refuerza el escenario de una salida nocturna que terminó en tragedia. Para la Justicia, ese es otro elemento que señala un comportamiento irresponsable previo al impacto
Cómo fue la secuencia fatal
De acuerdo con el expediente, Zabala circulaba por la intersección de las calles San Martín, Trejo y Sanabria, cuando impactó de lleno contra la Honda Wave en la que viajaba Alanis. El golpe lo lanzó varios metros por el aire antes de caer sobre la vereda sin signos vitales. Una de sus zapatillas terminó en el techo de una casa lindera, muestra de la violencia con la que se produjo el impacto.
Las imágenes aportadas por múltiples cámaras permitieron reconstruir un trayecto errático, en el que el auto siguió avanzando con la moto incrustada en la parte delantera. Esos videos son ahora una de las pruebas más sólidas para determinar la responsabilidad penal de la conductora. “Estamos viviendo una pesadilla”, dijo el hermano de Alanis en diálogo con medios locales, en un testimonio que encapsula el dolor de toda la familia.
Zabala fue detenida inmediatamente e imputada por homicidio culposo agravado, aunque la familia de la víctima exige que la calificación sea elevada debido a la magnitud de las pruebas, el estado de ebriedad y la posible participación en picadas antes del choque. El fiscal Javier Di Santo está a cargo del expediente y ya solicitó pericias, declaraciones de testigos y la reconstrucción completa del recorrido del vehículo. Hasta el momento, la acusada se abstuvo de declarar.
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