La comunidad educativa del Colegio Palermo Chico se encuentra conmocionada tras los avances en la causa que investiga a Marcelo Porcel por presunto abuso sexual y corrupción de menores. En este contexto, el testimonio de la actriz y periodista Angie Balbiani, madre de un alumno de la institución, ha cobrado una relevancia fundamental al exponer detalles escalofriantes sobre la forma en que el acusado se vinculaba con los menores y las maniobras que utilizaba para ganar su confianza y silenciarlos.
En un crudo relato brindado en diálogo con TN, Balbiani describió el proceso de captación que, según la denuncia, utilizaba el empresario. La comunicadora aclaró que su propio hijo no forma parte de la causa de forma directa solo por una cuestión de azar.
“Mi hijo no está dentro de la causa por mera casualidad, porque no le tocó ser amigo de su hijo, pero tan chico y vulnerable es inevitable que esto suceda y uno piensa que todos los padres tienen los mismos códigos”, manifestó con preocupación.

Un sistema de manipulación y secretos
El expediente judicial, que se tramita en el Juzgado Nacional en lo Criminal y Correccional N°50, detalla encuentros realizados en el domicilio de Porcel en la calle Godoy Cruz y en sus oficinas de la Avenida del Libertador. Allí, el hombre —a quien los jóvenes apodaban “el capitán” o “Agente P”— suministraba bebidas alcohólicas como whisky, vodka o tequila bajo el pretexto de festejos de fin de año o simples reuniones de diversión.
Balbiani fue precisa al describir cómo Porcel quebraba los lazos de confianza entre padres e hijos: “Él solía llevarlos y buscarlos por los partidos de fútbol. Les daba de tomar alcohol y, de esa manera, rompía un código que los hijos tenían con los padres, ya que por ser menor de edad no pueden tomar alcohol, entonces los chicos ya sentían su primera vergüenza de contar”. A esto se sumaba un incentivo económico mediante juegos y desafíos físicos que derivaban en actos degradantes.

La actriz también señaló el uso de la tecnología para asegurar la impunidad. “Luego venían las transferencias a las billeteras virtuales, les pedía silencio, les hacía regalos mediante transferencias para silenciarlos”, detalló Balbiani. Según la denuncia, el dinero funcionaba como un refuerzo de la complicidad generada dentro del grupo de WhatsApp denominado "Yubiyubi".
El avance de la Justicia y el reclamo a la institución
A pesar de que el juez Carlos Bruniard suspendió la feria judicial de enero para avanzar con la investigación ante la contundencia de las pruebas (que incluyen imágenes halladas en celulares y registros de cámaras), las familias cuestionan que el imputado permanezca en libertad.
Balbiani expresó el impacto emocional que le genera el caso: “Todo el tiempo pensando que le pudo haber pasado a mi hijo, leyendo todo el expediente textual de lo que le pasó a los nenes, que los conozco desde que tenían 2 años, se me retuerce el estómago al leer los testimonios”.
La crítica también alcanzó la reacción de las autoridades escolares y del entorno familiar de Porcel. “¿Por qué el colegio tardó tanto tiempo en tomar cartas en el asunto? Pasó un año y medio y la Justicia fue la que avanzó, pero desde la institución tendrían que haber hecho algo para frenarlo”, cuestionó con firmeza.
Finalmente, ante las 13 medidas cautelares que la defensa del acusado interpuso para frenar la exposición mediática, Balbiani se mostró imperturbable en su búsqueda de justicia: “Mi hijo me pregunta si no tengo miedo de que me mate, a mí no me importa si me matan, con tal de que no toque a ningún chico más”.
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