Escalada es de esos pueblitos que no impresionan de entrada, pero a los diez minutos de caminar por sus calles de tosca, entre las galerías de árboles que cubren todo y el silencio que solo interrumpen los pájaros y algún perro que cruza sin apuro, algo se acomoda adentro de una manera que cuesta explicar y que es muy difícil olvidar.
El pueblo queda en el partido de Zárate, a 95 kilómetros de la Ciudad. En auto, menos de una hora por la Panamericana. Y sin embargo, la distancia que separa a Escalada del ritmo de la ciudad es de otro orden: es temporal, casi filosófica.

Antes del pueblo: la posta colonial
Aunque Escalada nació en 1888 con la llegada del antiguo tranvía rural de los hermanos Lacroze, este paraje era conocido desde la época colonial como "Parada de Postas", un punto de descanso obligado en el antiguo camino real que conectaba Buenos Aires con el norte del país y el Alto Perú. Era una "escala" segura para cambiar caballos, comer y dormir antes de seguir la travesía.
Hacia el siglo XIX, los Castex eran una de las familias terratenientes más influyentes de la zona de Zárate. No solo eran dueños de las tierras, sino que oficiaban de "maestros de posta". Su estancia era el centro de la vida social y económica mucho antes de que se trazara el pueblo.
El nombre mismo viene de esa historia: el último cambio de animales o "escalada" antes de llegar al pueblo de Zárate fue la estación que tomó ese nombre y dio origen, con posterioridad, al poblado rural homónimo. Repasemos todos los encantos de este oculto pueblito rural.

El tranvía más largo del mundo tirado por caballos
La historia que convierte a Escalada en un dato único en el mapa del transporte argentino –y mundial– es la del Tramway Rural. A Federico Lacroze, que ya administraba tranvías en la Capital, se le ocurrió ofrecer un servicio rural que compitiera con el ferrocarril. Y le ganó.
Sí, los hermanos Federico y Julio Lacroze crearon un sistema único: un tranvía tirado por caballos que recorría el campo para sacar la producción de granos hacia el puerto de Zárate. Se utilizaban cuarteadores –jinetes que ayudaban a los caballos en las subidas o tramos difíciles– y se hacían relevos de animales en las postas cada 15 ó 20 kilómetros, muy similar al sistema de las antiguas diligencias.

El dato que más sorprende: el servicio circuló entre la Chacarita y Zárate, más de 100 kilómetros que se hacían en unas seis horas. Llegó a ser referencia de estudio aún hoy por encontrarse entre los más extensos del mundo en tracción animal. Hasta tenía tranvía dormitorio –equipado con camas o literas para viajes de larga distancia–, algo único en el mundo.
Al año siguiente la compañía cambió de nombre, abandonó el "Tramway" y pasó a llamarse Ferrocarril Rural de la Provincia de Buenos Aires. Fue el último ferrocarril en pasar al Estado, en 1949, para integrar la línea General Urquiza. Su estación cabecera se llama Federico Lacroze y está frente al Cementerio de la Chacarita, como en 1888. Es decir que cada vez que alguien toma el Urquiza está usando una línea cuya historia empieza en Escalada.
El Puente Castex: fabricado en Inglaterra, traído en barco, pieza por pieza
El atractivo más fotogénico –y más singular– de Escalada no está en el pueblo sino a unos kilómetros, sobre el río Areco. El Puente Castex es una joya de ingeniería fabricada en Inglaterra y traída en barco, pieza por pieza.
El camino de tosca que llega hasta él es ideal para recorrerlo en bicicleta apreciando el paisaje de campo, en contacto con la naturaleza, o a pie en una caminata romántica. Una vez allí, se puede realizar un picnic o tomar unos buenos mates a la vera de las aguas.
La historia del puente tiene su propio capítulo curioso: debe su nombre a Don Fermín Castex, quien hace alrededor de 150 años hizo construir un puente de quebracho con media baranda en el viejo Paso Balvidares para unir San Antonio de Areco con Zárate, Capilla de Señor y Baradero.

Se dice que fue el primer puente que cobró una especie de peaje: don Castex exigía unos cobres de acuerdo a la tropa, a cambio del uso del puente.
La panadería de 150 años y el almacén de Rolo: qué hacer en Escalada
La Estación Escalada fue el motor que hizo que los trabajadores rurales empezaran a construir sus casas de ladrillo alrededor de la vía. Era el corazón del pueblo: donde se recibía la correspondencia, se pagaban los sueldos de los peones, se compraba desde un clavo hasta un vestido de novia, y por supuesto, se jugaba a las bochas.

De ese tiempo quedan dos supervivientes que son, cada uno a su manera, una visita obligada.
La antigua Panadería Tuculet, con más de un siglo y medio, conserva su arquitectura y sus hornos a leña originales. En esos hornos se cocinó durante décadas el pan para todos los vecinos del pueblo. Aunque ya no está en funcionamiento como panadería activa, el edificio se mantiene en pie dando testimonio de una época en que el pan se hacía una vez por semana y duraba los siete días.

El almacén de Rolo –que sigue abierto– es el lugar donde, como describe un texto histórico de Zárate, "terratenientes y gauchos de las postas se cruzaban para comerciar". Allí se sirve grapa y buen vino y hasta se puede jugar a las bochas.
¿Planes gastronómicos? Están Parrilla Don Enrique, un clásico tenedor libre de campo, y una propuesta de autor, El Relajo Vinoteca.
El oratorio de Vladimir: una imagen del siglo XII en el campo bonaerense
A tres kilómetros de Escalada, siguiendo el camino de tosca hacia El Tatú, hay algo que no aparece en casi ninguna guía turística y que cada vez que alguien lo descubre genera la misma reacción: incredulidad seguida de asombro.
El Oratorio Nuestra Señora de Vladimir fue construido en 1987 en estilo neocolonial. La imagen original fue pintada por un artista griego y, según las crónicas, llevada desde Constantinopla a la rusa ciudad de Kiev en 1131. Celebra misa el último domingo de cada mes. En el medio del campo bonaerense, a menos de una hora de la Ciudad, hay una réplica de una de las imágenes religiosas más antiguas del mundo cristiano oriental.

La trama del pueblo: diez cuadras, calles de tosca y galerías de árboles
El poblado tiene una trama irregular determinada por la ubicación de la estación de ferrocarril, las viviendas y el comercio, y se distribuye en sus diez cuadras de largo por dos de ancho. Las calles están mejoradas con tosca y poseen grandes galerías de arboledas.
La gente que habita este pueblito rural del Partido de Zárate es amistosa, llana, solidaria, todos se conocen, no hay prisa y son celosos defensores de sus viejas costumbres transmitidas con naturalidad de generación en generación. Al menos así se han definido a sí mismos años atrás.

Cómo llegar y qué tener en cuenta
Desde CABA, hay que tomar Autopista Panamericana (RN N°9) hasta el acceso a la RN N°193 que va a Solís. Alternativamente, RN N°9 hasta la RN N°12, rotonda de Zárate, girar a la izquierda y empalmar con la RN N°193. La distancia total es de 95 kilómetros. Y el tiempo estimado, menos de una hora.
El pueblo no tiene horarios ni entradas. Se recorre a pie o en bici. Lo mejor de Escalada no está en ningún punto de interés marcado en el mapa. Se da durante el momento en el que te das cuenta de que llevás veinte minutos caminando sin mirar el teléfono y no sentís ninguna urgencia de hacerlo.
Es ideal para una escapada de turismo rural, disfrutar de la historia y la buena gastronomía de campo, caminar por sus calles de tierra, contemplar las casonas de más de 140 años que aún permanecen en pie y conocer la antigua estación de tren.
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