La detención de Erika María Guadalupe Herrera Coriand en Caracas, Venezuela, no solo marcó un giro clave en la causa por el femicidio de Carolina Flores Gómez: también dejó una escena inesperada. Según reconstrucciones periodísticas, la mujer de 63 años se negó inicialmente a ser arrestada y cuestionó con firmeza el accionar de las autoridades venezolanas.
De acuerdo con lo informado por Norberto Mazza, corresponsal de NMás (TelevisaUnivision), la acusada reaccionó con sorpresa e incredulidad cuando fue interceptada. “Ella se negó a ser detenida, dijo que ‘¿por qué?’, que estaba en otro país, que no tenían autoridad para detenerla por un delito que ella no había cometido”, relató el periodista.
Ese momento tensó el operativo. Siempre según esa versión, la mujer incluso negó cualquier responsabilidad en el crimen que se le atribuye.
La situación derivó en una decisión clave: los agentes venezolanos optaron por detenerla bajo la figura de “desacato a la autoridad”, un recurso legal que permitió retenerla mientras se formalizaba la alerta roja de Interpol.

Una detención polémica y contrarreloj
La captura no fue inmediata ni sencilla. Mazza detalló que la fiscalía mexicana habría advertido extraoficialmente a Venezuela sobre la posible llegada de la sospechosa, lo que activó un seguimiento discreto.
Según esa información, Herrera Coriand habría ingresado al país el 16 de abril —apenas un día después del crimen— tras pasar por Panamá, lo que evidenció una fuga rápida y planificada.
En ese contexto, la orden era clara: ubicarla y retenerla de cualquier manera posible hasta que se completaran los trámites internacionales. Por eso, la figura de desacato funcionó como una herramienta legal provisoria.
“Se la detuvo por ‘desacato a la autoridad’, pero eso fue solamente un pretexto para detenerla mientras esperaban la alerta roja”, explicó Mazza.
Actualmente, la mujer permanece alojada en dependencias de Interpol en el centro de Caracas, a la espera de que avance el proceso formal de extradición hacia México.

Sospechas alrededor de la fuga
Otro de los puntos que sumó ruido al caso tuvo que ver con el tiempo que pasó entre el crimen y la denuncia. El propio corresponsal señaló que Alejandro Sánchez, esposo de la víctima e hijo de la acusada, demoró cerca de un día en presentarse ante la fiscalía.
“Esto, si bien no lo ubica como un cómplice, ha generado cierta sospecha que podría haber permitido que su madre pudiera escapar”, sostuvo Mazza.
Esa ventana de tiempo habría sido clave para que la mujer abandonara México y lograra salir del radar de las autoridades durante varios días.

Cómo fue el crimen de Carolina Flores
El asesinato de Carolina Flores Gómez ocurrió el 15 de abril en su departamento de Polanco, en Ciudad de México. La joven, de 27 años y ex reina de belleza, fue atacada a tiros dentro de su casa.
De acuerdo con la investigación, recibió al menos seis disparos tras una discusión con su suegra, señalada como la principal sospechosa. El hecho ocurrió frente a su bebé de ocho meses, en una escena que generó conmoción pública por su violencia y cercanía familiar.
Tras el ataque, la acusada escapó del lugar y logró salir del país, lo que derivó en la intervención de Interpol y en una búsqueda internacional.
Un caso que sumó tensión internacional
La reacción de Herrera Coriand al momento de su detención no solo sorprendió a los agentes, sino que también expuso la complejidad legal y diplomática del caso.
Su negativa inicial, sumada al uso de una figura controvertida para arrestarla, reflejó las dificultades de capturar a una sospechosa fuera de su país y sin una orden internacional aún formalizada.
Con la alerta roja ya activa y la mujer bajo custodia, la causa avanza hacia una instancia decisiva. El foco pasó a estar en los tiempos y condiciones de la extradición, mientras el caso sigue generando impacto por la crudeza del crimen y por los interrogantes que todavía rodean a su entorno más cercano.
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