"El diablo se viste a la moda 2": cómo los 30 looks de Anne Hathaway y Meryl Streep las convirtieron en el evento de moda del año – GENTE Online
 

"El diablo se viste a la moda 2": cómo los 30 looks de Anne Hathaway y Meryl Streep las convirtieron en el evento de moda del año

El diablo se viste a la moda 2-Revista Gente
Cuatro ciudades, dos stylists con briefs secretos, más de treinta conjuntos personalizados y una sola certeza: ningún press tour del siglo XXI fue tan deliberadamente construido como un argumento sobre quiénes son Andy Sachs y Miranda Priestly veinte años después. Todo lo que pasó, ciudad por ciudad, diseñador por diseñador, guiño por guiño.
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Hay una escena en la película original, la de 2006, que la gente que trabajaba en Condé Nast –la editorial de Vogue– en ese momento recuerda con una mezcla de orgullo y vergüenza. Meryl Streep, encarnando a Miranda Priestly, mira a la recién llegada Andy Sachs y le explica, con esa paciencia exasperante de quien ya lo sabe todo, que el sweater azul que ella cree haber elegido al azar no es solo un sweater azul. Es cerulean.

Y que ese cerulean llegó a ella después de atravesar años de decisiones tomadas en salas a las que ella nunca tuvo acceso. La escena duró menos de dos minutos y cambió para siempre cómo una generación entera habló de la moda.

La película retrata un enfrentamiento editorial entre Miranda Priestly (Meryl Streep) y Emily Charlton, quien ahora es una ejecutiva poderosa en una empresa rival. Tal como anunció The Walt Disney Company, el estreno en Argentina está pautado para el 1 de mayo.

Veinte años después, Streep se sentó en el Late Show con Stephen Colbert envuelta en un suéter de ese color. Se trató de un modelo a medida encargado por su stylist Micaela Erlanger a Olympia Gayot para J.Crew, diseñado específicamente para ese momento televisivo, con anteojos de marco grueso del mismo tono y un pantalón de corte amplio que completaba la imagen.

Las estilistas de Anne Hathaway y Meryl Streep anticiparon acerca del vestuario de la segunda parte de la saga: "El diablo se viste mejor que nunca".

La directora creativa de J.Crew lo resumió con precisión quirúrgica: "Meryl hace todo icónico. Nosotros solo nos aseguramos de que este cerulean estuviera a la altura". Tres días después, Anne Hathaway apareció en el Late Show también. Cuando Colbert mencionó que Streep había estado allí recientemente, Hathaway lo interrumpió antes de que terminara la oración. "Sí, me robó el suéter", dijo. La sala estalló.

Streep en el press junket global, desde New York.

Ese intercambio, pequeño y perfectamente orquestado, resume con exactitud lo que fue el press tour global de El diablo se viste a la moda 2 que el 28 de abril tendrá su Gala Couture en el MALBA: un ejercicio de narrativa de moda tan preciso, tan cargado de referencias para iniciados y tan impecablemente ejecutado que resultó imposible no leer entrelíneas. Cada elección de vestuario fue una cita. Cada ciudad, un capítulo.

Septiembre de 2025. Con un desfile de Dolce & Gabbana se reveló una de las escenas de la segunda parte de la saga. El chispeante encuentro entre la editora de Vogue y la actriz que se había inspirado en su carrera para interpretar a la mujer a cargo de la revista Runway.

Las dos mujeres detrás del vestuario: quiénes son Erin Walsh y Micaela Erlanger y por qué este tour fue su momento

Antes de hablar de los looks hay que hablar de quienes los construyeron, porque en este press tour los nombres que aparecen en los créditos al final importan tanto como los diseñadores que figuran en las etiquetas.

Micaela Erlanger tiene once años trabajando con Meryl Streep. Su relación comenzó cuando la actriz promocionaba Ricki and the Flash, en 2015. Pero nada de lo que hicieron juntas antes se parece a lo que construyeron para este tour. Erlanger planificó más de treinta looks para una gira que abarcó México, Nueva York, Tokio, Seúl y Shanghái.

Los fantásticos estilismos de la esperadísima segunda parte de Devil wears Prada.

El moodboard de Miranda, según Erlanger reveló en Vogue, era específico hasta el límite de lo obsesivo: moderna, elegante, y ubicada en algún punto entre la Streep humana y la Priestly dragón. "Esto va a ser el momento más alto de moda que le vieron en toda su vida", anticipó Erlanger. Y sumó: "El diablo usa muchos diseñadores". Para quien leyó entre líneas correctamente, la promesa incluía rojo diablo, hombros power y, para los que supieran esperar, un guiño de cerulean.

Lo que Erlanger no dijo en esa entrevista, pero que era visible para cualquiera que conociera su historia, es que ella tenía una razón personal para tratar este proyecto como su propia temporada de la MET Gala. Cuando El diablo se viste a la moda se estrenó en 2006, Erlanger estaba haciendo una pasantía en Condé Nast.

¿Qué pasó con Andy veinte años después, además de tener su propio sentido de la moda?

La película fue, en sus palabras, "como levantar el telón sobre la industria". Veinte años después, la mujer que pasó por esas mismas oficinas es quien le elige los zapatos a Miranda Priestly. La circularidad de ese arco es el tipo de detalle que a Patricia Field, la diseñadora de vestuario de la película original, le hubiera arrancado una sonrisa.

Micaela Erlanger, la vestuarista de Meryl Streep.

Del otro lado está Erin Walsh, la stylist de Anne Hathaway desde 2019. Walsh tiene una historia paralela igualmente precisa: empezó su carrera como interna de Who What Wear y trabajó en Vogue bajo la legendaria Phyllis Posnick exactamente en el año del estreno original.

Erin Walsh, la vestuarista de Hathaway, y su nuevo libro: The art of intentional dressing (El arte de vestir con intención) saldrá a la venta el 5 de mayo, casi en simultáneo con el film.

Cuando Walsh empezó a construir el guardarropa de Hathaway para este tour, lo hizo desde un lugar de quien había estado adentro del sistema que la película retrata. Su concepto para la gira de prensa fue articulado públicamente alrededor de este statement: "Arte, moda, mucha diversión y mucha intención". Y después, mencionó la frase clave: "dressing supernova". Una declaración de posición sobre cómo debe verse Andy Sachs en 2026.

La complejidad extra que Walsh gestionó en silencio durante todo el tour es que, en paralelo, estaba vistiendo a Hathaway para la avant première de Mother Mary, la película en la que la actriz interpreta a una estrella pop global. Los dos proyectos pedían estéticas diametralmente opuestas. Que ninguno de los dos vestuarios pareciera contaminado por el otro es un logro de coordinación editorial que el mundo de la moda raramente nombra por su nombre.

La MET Gala de Devil wears Prada 2. Stanley Tucci y Meryl Streep en una escena en el Museo Americano de Historia Natura.

Ciudad de México: La Casa Azul, el Museo Anahuacalli y el primer argumento sobre quiénes son ahora

La primera parada fue la Casa Azul, el museo de Frida Kahlo en Coyoacán, el lugar que concentra en sus paredes más surrealismos activos por metro cuadrado que cualquier otro espacio en el continente. Meryl llegó en un traje rojo íntegro de Dolce & Gabbana personalizado: blazer, pantalón de pierna amplia que caía en cascada sobre los zapatos de taco aguja del mismo tono, y blusa de seda con lazo en el cuello.

Parada México. Meryl Streep, al rojo vivo, con un sastrero firmado por Dolce & Gabbana.

El bolso era una cartera personalizada de Olympia Le-Tan con la forma de un libro, encargada específicamente para el tour: la tapa reproducía el afiche de la película.

El clutch Olympia Le-Tan hecho a medida para Streep.

Los broches que Erlanger le prendió en la solapa no eran decoración: dos cintas moradas que Streep había recibido cuando fue honrada con la Medalla Nacional de las Artes en 2010, bajo la presidencia de Obama. También hubo otras distinciones, como L'Ordre des Arts et des Lettres en 2003 y el Princesa de Asturias de 2023.

Streep por D&G y Hathaway con un impactante outfit de Schiaparelli.

Anne Hathaway entró en Schiaparelli. Un conjunto negro de camisa de estilo western y falda lápiz hasta el suelo, con flecos largos en el cuello y los puños, ceñido en la cintura con el Ojo Bijou de la maison, un cinturón dorado con el ojo gigante de Elsa Schiaparelli mirando al mundo. Zapatos keyhole de la firma, pelo lacio, lentes sin montura casi invisibles.

Walsh explicó por entonces: "Estamos inaugurando el tour de El diablo se viste a la moda en la casa de Frida Kahlo… así que para honrar eso, elegimos una vibra muy surrealista de Schiaparelli. Tiene que ver con esa idea de que el arte es moda". Para quien conoce la historia de Elsa Schiaparelli y Salvador Dalí, la elección en Coyoacán fue un acto de memoria cultural. Kahlo y Schiaparelli fueron contemporáneas. La diseñadora italiana visitó México y hasta se fotografiaron juntas.

Por la noche, el tour se trasladó al Museo Anahuacalli, la construcción de basalto negro que Diego Rivera diseñó para albergar su colección de arte prehispánico y que él mismo describió como un templo a la muerte que da vida. El contexto era perfecto para que las cosas se pusieran más oscuras y más dramáticas.

Streep impactó con un Schiaparelli: un vestido largo azul índigo estilo camisero, con cinturón de gran presencia y con botones dorados en la delantera. Un diseño que perfectamente hubiera lucido Wintour.

“Hacer ropa a medida es uno de los mayores honores y alegrías de mi trabajo”, sostuvo Erlanger.

Hathaway, en la misma alfombra, llevó un mini vestido de Stella McCartney en rosa oscuro completamente cubierto de lentejuelas, con botas de caña alta en cuero negro y medias semitransparentes. La referencia directa, para quien la identificó: las botas Chanel que Andy usa en la película original, actualizadas veinte años al futuro. Walsh la llamó "una carta de amor directa" al vestuario de la primera película.

Schiaparelli para Meryl, Stella McCartney para Anne.

Tokio: Valentino Couture, Chanel Métiers d'Art y la respuesta a la pregunta sobre el cerulean

La parada de Tokio fue la más pura en términos de moda alta. Las dos actrices alinearon sus paletas de color para las dos apariciones principales, un nivel de coordinación entre stylists que en el mundo real implica conversaciones largas, muestras de tela y una confianza entre colegas que raramente se construye en menos de una temporada.

Hathaway deslumbró con un Valentino Couture. El vestido era de la colección Specula Mundi, la primera Alta Costura de Alessandro Michele para la maison, y era exactamente el tipo de pieza que Michele lleva haciendo desde que dejó Gucci: volumen escultórico y un humor que hace convivir lo sublime y lo grotesco sin pestañear. El escote strapless se abre en un plisado frontal que reveló un destello de rojo en el interior, como si el vestido estuviera herido.

Stunning: prendas escultóricas en su aparición en Tokio.

Frente a ese Valentino, Streep eligió Chanel Métiers d'Art, colección Primavera 2026. El conjunto era rojo y blanco, chaqueta de tweed con flecos negros en el borde, falda midi a conjunto, zapatos bicolor con puntera negra y taco blanco que son la firma visual más reconocible de la maison desde que Karl Lagerfeld los reinstauró en los años ochenta.

Para los iniciados: Chanel Métiers d'Art es la colección que la casa produce para celebrar y sostener los talleres artesanales que nutren la Alta Costura francesa, desde los plumistas de Lemarié hasta los bordadores de Lesage. Erlanger eligió esa colección específica para Tokio, la ciudad con la artesanía textil más sofisticada del mundo, con una precisión de argumento que habría aprobado Nigel Kipling.

Meryl, by Chanel.

El glam en Seúl

Si Tokio fue el capítulo de la Alta Costura, Seúl fue el capítulo de las marcas que construyen la moda desde afuera del sistema establecido. Y también fue el día en que las dos actrices intercambiaron paletas de color de manera explícita, como si los personajes hubieran cambiado algo entre ellos que aún no está en ningún trailer.

Conferencia de prensa en el Four Seasons. Streep llegó en Prada: traje sastre rojo de doble botonadura con cinturón de cuero marrón y anteojos que evocaban directamente los lentes que Miranda Priestly usa en la película como arma. El pantalón recto, los tacones dorados, los aretes pequeños. El brief, en palabras del personaje: Miranda Priestly en modo de negocios estricto.

Hathaway, frente a ella, en Vaquera, la marca neoyorkina fundada por Patric DiCaprio y Claire Sullivan que construyó su reputación en la intersección del deconstruccionismo y el erotismo camp. Top off-shoulder blanco con un corset que moldea la silueta sin ocultarla, pantalón de cuero negro de corte recto y joyería de Bulgari.

Seúl: Miranda por Prada; Andy Sachs by Vaquera.

Por la noche, la alfombra en el Times Square de Seúl invirtió los términos. Hathaway llegó en Balenciaga: chaqueta de cuero rojo con corte bomber oversized sobre una falda midi de la misma tela, construyendo una silueta que es mitad editora de moda, mitad motociclista de película de culto.

Y Streep respondió con Celine: un traje negro custom con capa en la manga izquierda que cae sobre el hombro como una decisión tomada a último momento, pero que obviamente fue deliberada hasta el último milímetro, con stilettos negros clásicos y los lentes oscuros que a estas alturas del tour ya eran firma reconocible.

Streep vestida por Celine y Hathaway, al rojo vivo por Balenciaga.

Shanghái: Susan Fang, Saint Laurent y el cierre más poético del tour

La última parada del tour fue Shanghái, y Erlanger y Walsh la trataron como un final que merecía la categoría de última escena. Las elecciones de vestuario para la premiere en Taikoo Li Qiantan fueron las más divergentes estéticamente del tour entero, y sin embargo funcionaron juntas con la coherencia de dos personajes que saben exactamente quiénes son y no necesitan coordinarse para complementarse.

Streep llegó en un diseño de Anthony Vaccarello para Saint Laurent que dialogaba directamente con la estética del poder editorial tal como se codifica en Asia hoy. Ninguna concesión a lo obvio. Solo la ropa más difícil posible, llevada con la facilidad de quien ya no tiene que demostrar nada.

Susan Fang para Andy; Saint Laurent para Miranda Priestly.

Hathaway, frente a ese azul de Streep, fascinó con una creación de Susan Fang, la diseñadora shanghainesa formada en el Royal College of Art de Londres cuya colección FW26 es uno de los trabajos más comentados de la temporada. El vestido era strapless, con el cuerpo estructurado y la falda descompuesta en capas de organza en rosa y azul que generaban la sensación de que la tela estaba a punto de desprenderse del cuerpo o de florecer, dependiendo del ángulo desde el que se mirara.

"Viendo doble". La foto de Annie Leibovitz que llevó el fenómeno a la tapa de Vogue en el encuentro histórico entre Anna Wintour y Meryl Streep.

La narrativa visual de Devil wears Prada en 2026

Según la paleta que Erlanger construyó para Streep, Miranda Priestly en 2026 es una mujer que no necesita explicarse. Elige rojo cuando quiere declarar poder. Elige negro cuando quiere ser invisible en su propio poder. Elige el azul de Chanel Métiers d'Art cuando quiere hablar de artesanía. Elige el cerulean de J.Crew cuando quiere hacer una broma que solo entenderán quienes ya saben. No hay nostalgia en ninguna de esas elecciones. Miranda Priestly no vive en el pasado de la moda porque el pasado le pertenece: ella fue la que decidió qué era importante y qué no.

Para Walsh, la Andy Sachs de 2026 ya tiene su propio criterio, ya no usa lo que Runway le presta: construyó su ojo desde adentro del sistema y ahora lo usa para elegir fuera de él. "Andy tenía el placard de alguien que trabajó en Runway en sus veintes y después tuvo un trabajo en el que viajó por todo el mundo, donde hay tiendas de segunda mano", explicó Hathaway en el podcast Big Ticket de Fandango. No es el placard de alguien que quiere impresionar si no uno de alguien que ya sabe.

El impresionante desfile de Alta Costura de las actrices en la gira mundial dejó en el aire la única pregunta que realmente importa antes del estreno del primero de mayo: si los looks del tour ya generan este loco nivel de conversación entre los dos personajes, ¿con qué nos dejará sin habla la mismísima película?



 
 

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