Rosario amaneció conmocionada por la muerte de Sophia Civarelli y Valentín Alcida, una pareja de 22 años que estudiaba Psicología en la Universidad Nacional de Rosario (UNR). Sus cuerpos fueron encontrados en la madrugada del viernes, en dos lugares distintos de la ciudad, ambos sobre calle 3 de Febrero, en el barrio Lourdes. Con el correr de las horas, y a partir de las primeras medidas, la investigación fue tomando un giro y la principal hipótesis que hoy analiza la Justicia es la de un posible femicidio seguido de suicidio, aunque todavía hay peritajes clave en curso.
De acuerdo con la reconstrucción inicial del caso, Sophia fue hallada sin vida dentro del departamento donde residía la pareja, ubicado en la zona de 3 de Febrero al 2400. Allí, los investigadores observaron una herida cortante en el cuello, un dato central para entender la escena y orientar las primeras medidas. En paralelo, a varias cuadras, Valentín fue encontrado en la vía pública tras caer desde un edificio situado en 3 de Febrero al 1100; fue asistido y trasladado al Hospital de Emergencias Clemente Álvarez (HECA), donde finalmente murió.

En las primeras horas, la causa se manejó con extrema cautela: la carátula inicial fue “muerte dudosa” y no se descartaban alternativas mientras se analizaba lo recolectado en ambas escenas. Sin embargo, con el avance de las actuaciones —en especial el relevamiento de teléfonos y testimonios— la fiscalía fue reorientando la línea de trabajo hacia un escenario de violencia de género, con la figura de femicidio como principal eje de pesquisa. La investigación está a cargo de la fiscal Carla Ranciari, de la Unidad de Violencias Altamente Lesivas del Ministerio Público de la Acusación (MPA).
Un punto sensible que los investigadores buscan ordenar es cómo se desencadenó la secuencia. Hubo comunicaciones al 911 durante la madrugada que activaron el despliegue policial. En algunas reconstrucciones, se señaló que el propio Valentín habría hecho el primer aviso sobre lo que ocurría con Sophia; en otras, se indicó que el llamado inicial llegó a través de una amiga del joven, que luego brindó declaración. En cualquier caso, la mecánica es materia de verificación: la fiscalía intenta establecer con precisión tiempos, recorridos y mensajes previos.
Lo que sí aparece como denominador común en los reportes es que, al ingresar al departamento donde estaba Sophia, la Policía encontró elementos que fueron secuestrados para peritajes: entre ellos, un cuchillo y los teléfonos celulares de ambos. Además, se mencionó el hallazgo de una carta manuscrita atribuida al joven, que quedó incorporada al expediente como pieza de interés para reconstruir intenciones y cronología. Los investigadores, de todos modos, cruzan ese material con las evidencias forenses y los resultados de autopsia: por estas horas, lo importante es corroborar si lo escrito se corresponde —o no— con lo que indican las pericias.
En ese contexto, la hipótesis que tomó fuerza es la de un femicidio seguido de suicidio. Fuentes judiciales señalaron que el análisis preliminar de rastros, comunicaciones y testimonios inclinó la balanza hacia esa interpretación, aun cuando en un primer momento se trabajó con otras posibilidades. La fiscal dispuso medidas típicas de este tipo de investigaciones: autopsia, preservación de escenas, peritajes sobre dispositivos, toma de declaraciones a personas cercanas y relevamiento de cámaras o movimientos en la zona, con el objetivo de reconstruir qué ocurrió antes de los hallazgos.
Otro dato que apareció en las primeras informaciones y que la Justicia considera a la hora de contextualizar es que, según indicó la fiscalía, no había antecedentes previos registrados por violencia de género en la pareja. En la misma línea, algunos vecinos del edificio declararon no haber escuchado gritos o ruidos que anticiparan un episodio violento esa noche. Estas referencias no cierran el caso —porque la ausencia de denuncias no descarta la violencia—, pero forman parte del rompecabezas inicial mientras avanza la investigación.
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