El nombre de Marcelo Porcel lleva meses acaparando los titulares de la sección policiales. El reconocido empresario porteño se encuentra actualmente procesado en una causa aberrante: se lo acusa de haber abusado sexualmente de al menos diez adolescentes, todos ellos compañeros de colegio de su propio hijo. Sin embargo, en medio del horror y el repudio generalizado que envuelve a la investigación, acaba de salir a la luz un insólito apéndice judicial que tiene al propio acusado en el rol de víctima de un delito.
Según reveló el periodista Rodrigo Alegre en la pantalla de TN (Todo Noticias) y en su cuenta de X (ex Twitter), Porcel fue blanco de una red de chantaje que operaba desde el interior de un penal.

El 18 de noviembre del año pasado, cuando las gravísimas denuncias en su contra todavía se manejaban bajo absoluto hermetismo y no habían trascendido a la prensa, el empresario recibió el llamado de un supuesto efectivo de la Policía Federal Argentina.
Lejos de ser un representante de la ley, el extorsionador era un preso que, munido de un teléfono celular desde su celda en la cárcel de Ezeiza, le pidió miles de dólares a cambio de no difundir la información judicial de los abusos que le imputaban.
"Si me mejorás los 20.000 dólares, esto queda cerrado"
Aprovechándose del pánico del empresario a que las denuncias salieran a la luz, el delincuente comenzó la negociación. En el audio exclusivo difundido en TN Central, se puede escuchar el tenso y revelador ida y vuelta entre el acusado de abuso y el chantajista penitenciario.
"Si vos me mejorás los 20.000 dólares, esto queda cerrado, yo te paso el nombre de la persona y vos te encargarás después", arranca proponiendo el falso policía en la escucha de la llamada telefónica. Tras pedir instrucciones con un claro "Bueno, decime qué tengo que hacer", Porcel redobla sorpresivamente la apuesta para asegurarse el silencio: "Te ofrezco 30.000".

Ante la jugosa oferta, el delincuente acepta y le pregunta para cuándo tendrá el dinero. Del otro lado de la línea Porcel dice "para mañana", a lo que el extorsionador se muestra apurado y mete presión.
Es allí cuando el empresario se excusa argumentando que le es imposible conseguir esa suma en tan pocas horas: "Imaginate que yo no guardo 30.000 dólares en mi casa, los tengo que juntar". Del otro lado de la línea, el preso cede: "No, sí, lo entiendo. Está perfecto".
Finalmente, intentan cerrar un pago inicial de urgencia. "Yo te puedo juntar 20.000 para hoy a la tarde", se envalentona Porcel.

"¿Y a mí quién me garantiza que me vas a dar los otros 10.000?", duda el extorsionador. El diálogo culmina con una cruda advertencia del empresario ante el riesgo de que el acuerdo se caiga: "Y si no te lo doy, seguís adelante con lo que vos dijiste".
La trampa de los billetes marcados y la caída del preso
Pese a haber negociado las cifras de manera telefónica, Marcelo Porcel no concretó el pago a ciegas. En paralelo a la extorsión, decidió radicar una denuncia formal ante la Justicia Federal de San Martín. Fue entonces cuando los investigadores decidieron intervenir y montar un operativo de película para atrapar al chantajista in fraganti.
Según detalló Alegre en su informe, la Justicia pactó una "entrega controlada" de dinero sobre la avenida General Paz, utilizando billetes previamente marcados por las autoridades. Cuando el enviado a retirar el millonario botín cayó en la trampa policial, la investigación logró tirar del hilo y rastrear el origen geográfico de la llamada.
La sorpresa fue mayúscula: el "policía federal" que tenía contra las cuerdas al poderoso empresario operaba desde las sombras del penal de Ezeiza.
Hoy, mientras el expediente por este intento de extorsión sigue su curso legal, Marcelo Porcel enfrenta una realidad muchísimo más oscura. Lejos de quedar posicionado como víctima, el empresario deberá responder ante la Justicia por las aberrantes acusaciones de abuso sexual que pesan sobre él, en un caso que sigue conmocionando a la sociedad.

