Quienes siguen la vida de Fabio Alberti (61) saben que hace años abrazó la calma de la vida campestre uruguaya y que en sus redes sociales hay paz, cocina y animales silvestres. Sin embargo, GENTE se encuentra con la otra cara del mismo artista: es de mañana, estamos en plena Avenida 9 de Julio y él va de un lado para el otro, como conectado a 220V. No hay ni rastros de la tranquilidad del campo.
–¿Cómo es tu vida, en realidad?, porque uno en las redes te ve conectado con la naturaleza, con otro ritmo totalmente distinto, y acá parecés un tanto acelerado...
–(Asiente con la cabeza) Sí, soy así. Pero bueno, tengo mis momentos de quietud, y cuando digo quietud digo quietud. Y nada, soy activo también, e hiperactivo por momentos.
–¿Conviven todas esas facetas en vos?
–Sí, no los soporto más a tantos (se ríe). Somos mucho más que dos. Muy poca gente me conoce de verdad... ¡Ni yo me conozco!

-Menos cuando te ven arriba del escenario, imagino.
-Ahí soy varios más de los que se ven. Con mi nuevo show me cargué un montón. Más allá de la producción de Giuliano Bacchi, yo lo he escrito, dirigido, pensado y diseñado, desde el vestuario hasta la pantalla y la escenografía. Son un montón de cositas. Además de que son 60 páginas de texto.
–Igual si le pifiás, solo vos lo sabés.
–Sí, eso es así. Pero una cosa es pifiar y que pase, y otra pifiar y tararte. Ahí se dan cuenta todos. Aunque creo que eso no me pasó nunca. Por suerte me ayuda la buena memoria. Aparte yo trato de tener el texto mecánico.
–¿Mecánico? ¿Qué significa eso?
–Que yo no pienso lo que digo cuando actúo. Es mi escuela. A veces estoy en el escenario pensando: "¿Qué voy a comer cuando termine?" o "¿Adónde voy a ir?". Es como que estoy dividido en tres: una cosa va por un lado, otra cosa va por el público, y la tercera va por mi cabeza. A veces incluso reflexiono, "si la gente supiera lo que estoy pensando mientras estoy haciendo y diciendo todo lo que estoy diciendo, no lo podría creer" (ríe).
–Es el metaverso de tu cerebro.
–¡Y sí! Para mí el texto tiene que estar totalmente mecanizado. Después le sumo la intención, la actuación o lo que sea. Pero el texto no tengo que pensarlo. Debe fluir solo. Son ejercicios. Yo estudié con Pompeyo Audivert, con Ricardo Bartis y con Alejandro Urdapilleta, y te hacían jugar a los dardos mientras decías los textos, para estar totalmente disociado.

De los inicios de su carrera a aquello que lo motivó a irse a Uruguay
–¿Desde chiquitito estás conectado con el teatro?
–No. De grande te diría, porque ni siquiera de adolescente. Fue a los veintipico. Empecé de casualidad por un amigo sueco, que era mi director de lecturas. Él me decía "leíste Rayuela, ahora lee Adán Buenosayres, ahora Los siete locos". Me iba llevando. Un día me dijo: "Che, voy a empezar a dar clases de teatro, ¿por qué no te venís?". Y como yo estaba con bastante tiempo libre le dije "bueno", y fui porque era él y porque me quedaba cerca. ¡Y resultó que me gustó!
–Horas y horas de TV y de teatros pasaron desde entonces. Ahora, caminando tan cerca del Obelisco y la Avenida Corrientes, ¿qué te provoca esta zona?
–Casi que la veo como un turista, porque yo hace ocho años que vivo en Uruguay. Cuando me fui de acá fue un poco porque sentí que la ciudad ya me había dado todo lo que me podía dar. Ya pasé los 80, los 90, los 2000, los 2010, y todo lo que tenía que hacer acá creo que más o menos lo hice. Vivir en otro lugar está bueno, aprendí un montón de cosas. Venía muy poco a Buenos Aires, porque no tenía mucho a qué venir.
–¿No te quedaron amigos o familiares acá?
–Absolutamente, ¡toda mi familia vive acá!, pero muchas veces ellos van a visitarme. Igual, ojo, he venido para fechas especiales como el cumpleaños de mi mamá.
–¿Cuántos años tiene ella?
–90, y mi padre 93. A partir del año pasado, cuando hicimos catorce meses de teatro viajando todos los fines de semana ida y vuelta, contacté de nuevo con Buenos Aires, y estuvo bueno. Pero lo vivo medio turístico y laboral.

Lo que nadie vio de la propuesta de casamiento viral
–Hablemos del amor... Fuiste noticia en todos los portales cuando le propusiste casamiento a tu novia Leyla sobre el escenario del Movistar Arena.
–¡Nadie lo sabía!, ni la gente del elenco, ni mi pareja, ni yo que tampoco estaba seguro (extiende una sonrisa). Se me había ocurrido y dije "bueno, veo, si me dan ganas, si estoy de ánimo, si me atrevo". Y me surgió hacer eso ahí. Ella, a la vez, pobre, después me recontra puteó, y ahora me va a putear más porque estoy contando esto...
–¿Qué pasó? ¿Por qué te puteó?
–Porque yo no sabía ni dónde estaba sentada ella. Fui y dije por micrófono: "Bueno, ¿te querés casar conmigo?", y de pronto ¡"sí!" gritó toda la gente. Yo no sabía si la gente decía "sí" o si era ella. Y ella, que es muy tímida y no se lo esperaba, tampoco sabía cómo reaccionar. Así que se paró y empezó a encarar hacia el escenario.
–¡Quería ir a darte la respuesta en persona!
–¡Claro!, pero yo jamás pensé que ella se iba a venir al escenario. Nunca lo pensé, y no la vi tampoco. Así que terminó todo y me fui a la m... y Leyla, pobre, quedó parada en el medio del pasillo. Así que no salió del todo bien la propuesta, pero bueno, haremos otra.
–¿No hubo otra propuesta en privado después?
–No, no.
–¿Y hay fecha de boda?
–Tampoco. Quedó ahí como una propuesta... Aparte, la verdad, primero me tengo que divorciar, así que...
–Ese sí es un impedimento para poner fecha.
–Para la ley.
–¿Y está en trámite el divorcio?
–Sí. Creo que es el divorcio exprés más largo del mundo, porque hace quince años que inicié el trámite (ríe con ganas). Parece que no estaría funcionando. Pero la intención y el amor de casarme de nuevo están.

–Y tu futura mujer (en caso de que vuelva a aceptar), ¿cómo es?
–¡Oh, no, no! Me mata si hablo de ella...
–¿En serio?
–Sí, no quiere. (Se detiene a seleccionar las palabras). Es súper inteligente, muy bella... bueno, ¡yo estoy enamorado! Pero es muy especial. Ahí está, mirá, me hiciste acordar: cuando nos empezamos a conocer yo le dije "sos una persona muy especial", porque realmente considero que lo es. Y me contestó: "¿Especial como Rafa, el hijo del policía de Los Simpson, que se clava crayones en la nariz hasta el cerebro?".
–O sea que comparte con vos el humor, porque para que se le venga eso a la mente debe estar acompañada de una mentalidad muy creativa y divertida.
–Sí, sí.
Las 1000 facetas del humor inteligente de Alberti
–¿Pensás que la conquistaste por el lado del humor?
–Supongo que sí. El humor siempre es una herramienta de seducción, como también lo es en una mujer para mí. Me parece un claro rasgo de inteligencia.
–Profundicemos por ahí. Después de tanto tiempo, ¿qué es el humor para vos?
–Una necesidad. Si vivís malhumorado todo el tiempo, pasás una vida de mierda. Yo trato de vivir con menos y vivir mejor. Lo primero lo logré, lo segundo no (risas).

–Entre tanto verde que te rodea en tu campo de Uruguay, la calidad de vida al menos debe ser mejor, ¿o no?
–Absolutamente. Imaginate que tengo líquenes en las tranqueras que solo nacen donde el aire es 100 por ciento puro. Sí, es calidad de vida. Pero el humor también es calidad de vida. Si vivís malhumorado, haciéndote problema por cosas que no lo valen, y si no podés disfrutar de momentos con alegría porque vivís con cara de ojete y preocupado, no funciona. ¡Obvio que todos tenemos preocupaciones!, sino sos un tarado. O sea, si andás por la vida sonriendo y todo te resbala, también sos medio idiota, ¿no?
–También es una fortaleza sonreír cuando todo está mal.
–Re. Como te decía antes, el humor me parece un rasgo de inteligencia porque pasa por el entendimiento. Si yo te cuento un chiste y no lo entendés, no te reís. Aunque también existe la risa compulsiva, esa en la que te reís y no sabés ni por qué.
–En tus espectáculos debe haber más de uno que se tienta.
–Sí. En general todos mis espectáculos están pensados para que te estés riendo permanentemente. Y cuando te estás riendo de un chiste te estás perdiendo el que le sigue. Yo los planteo así los espectáculos. Que lo logre es otra cosa (levanta los hombros con humildad).
–¿Cómo es tu público hoy? Pasaron muchos años desde Cha Cha Cha.
–Hoy hay por lo menos tres generaciones. Tenés a los tipos de 60 años que nos veían cuando tenían 30. A los hijos de esos, que hoy andan en los 40 y nos veían a los 10 con sus papás. Y los más chiquitos, hijos de esa generación de 40 ó 45, que hoy suman 8, 10 años. Y a la vez tenés a los jóvenes que me descubrieron por internet, porque en YouTube se viralizaron los sketches. Eso rindió muchísimo, ya que generó un revival del humor de los 90'. ¡Gracias a eso te descubre gente que ni había nacido!, porque en aquel momento ni Internet existía.

Los secretos de La apocalipsis existe, su nueva obra
–¿Y por qué decidís traer a Peperino Pomoro de nuevo en este 2026?
–Porque de alguna manera los 30 años de Cha Cha cha dejaron una Estela Raval (N. de la R.: En un juego de palabras; él suele usar nombres de famosos para reemplazar palabras que suenan parecido). En su momento hicimos más de 100 funciones y, bueno, había una participación del cura que funcionaba muy bien, era muy festejada, y como a la vez quedé en muy buena relación con Giuliano Bacchi, el productor, y me propuso armar un espectáculo, avanzamos. Le dije "Peperino anda re bien, hay un montón de gente fanática, ¿y si vamos por ahí y desplegamos". Entonces armé este espectáculo que, obvio, no es solo del cura, porque una hora y media del cura sería un plomazo, sino con cinco personajes.
–¿Qué más podés adelantar para quienes no la vieron el último fin de semana de estreno?
–Que todo está hilado y conectado. Desde la óptica de distintos personajes voy narrando la vida, obra y triglicéridos del mártir Peperino Pomoro. ¡Hasta está Beto Tony!, que es un muñeco de Todo x 2 pesos que es ferviente admirador del mártir y va a participar ad honorem de esta ceremonia religiosa, contando chistes de santos. Todo está ligado. Después hay un niño cantor en latín. Aparece Sorobongo, el líder de la iglesia de la Suprema Maryland, que es medio un pastor. Hay una prostituta, María Magdalena Auxiliadora del Socorro Mutuo de la Mutual de Comercio Ruiz Guiñazú (ríe al citar el nombre completo sin respirar). Ella se va a confesar con un compañero en escena, que es Rolo Biondo -no estoy solo-. ¡Ah!, y después surge un tal Ángel de Britosss, con "s" al final.

Fabio Alberti, ¿está "alejado de las polémicas"?
–¿Qué dijo Ángel de Brito de Ángel de Britossss?
–No debe saber nada (sonríe plenamente).
–¿Cómo te vas a manejar el resto del año? Porque venís a presentarte los domingos en el Teatro Picadero, acá en Buenos Aires, pero tenés todo tu mundo en Uruguay.
–La idea es estar de lunes a miércoles en Uruguay, recorrer viernes y sábado por las provincias, y hacer los domingos acá.
–¡Tremendo ajetreo para encarar todas las semanas!
–Y con muchas horas de viaje, como nueve: salgo a las 9 de la mañana de mi casa y llego a las 6 de la tarde acá. Para que te des una idea, tengo un tramo en auto hasta una parada del colectivo, ahí me tomo un bondi a Montevideo, espero, me tomo otro bondi a Colonia, espero, y me tomo el barco que me trae a Puerto Madero.
–¿Y en el viaje aprovechás para leer como cuando eras joven?
–Menos. En los últimos viajes vine repasando la letra. Y para el que me ve, soy un tarado, porque por más que no hables en voz alta, la boca la movés igual. ¡Es muy difícil repasar sin emitir un sonido! Yo pensaba: "esta mujer debe estar pensando 'el tipo que se me sentó al lado viene hablando solo hace media hora '".
–¿Y nunca terminás blanqueándole a la persona de al lado lo que estás haciendo?
–No, no lo hago. Sólo blanqueo si me preguntan.
–Para estos momentos, la época del tapabocas te hubiese venido bárbaro...
–¡Ah, me podría poner uno! Hay gente que todavía lo usa. Por cierto, después te quiero hablar de una nota que vi en la tele respecto a la pandemia y me llamó la atención... Pero de eso hablemos después porque no quiero polémicas.
–¿Estás en una etapa de tu vida en la que tratás de alejarte de las polémicas?
–¡En general nunca las busco! Si quisiera podría decir cualquier barbaridad, para meterme en un lío, que me llamen de todos lados y aprovechar para vender tu obra, pero no es mi manera de hacer prensa. Obvio que es mucho más efectivo que hablar de lo que vas a hacer. Pasa que a mí no me van a hacer pisar el palito. Ahora, si querés un título, tengo uno...
–A ver.
–Creo que estoy embarazado de Redrado.
–Fuerte.
–Quería tirar algo polémico (ríe). Volviendo al show, ¿querés saber por qué se llama así?
–¡Por supuesto!
–En parte es en honor a Violeta Lo Re. El que lo registra, lo registra, y el que no lo registra, no lo registra, pero me parecía más divertido ponerle "La apocalipsis" que "El apocalipsis". Y es porque al final el espectáculo se va al carajo y el cura pierde todos los papeles y empieza a alucinar. Sucede que el tipo ve el apocalipsis y lo narra.

Imperdible: de parir sobre el escenario a bautizar a sus ovejas
–Abrazaste la locura ahí. Y tiene sentido porque estamos hablando de un Santo.
–Sí, pasa de todo. ¡Termino pariendo!, no quiero adelantar mucho.
–¿Terminás pariendo?
–Sí, un hijo de Redrado ahora que lo pienso (se ríe a carcajadas)... Por eso te adelantaba el título.
–¿Tus hijos saben que terminás pariendo en el escenario?
–Aún no.
–¿No les contaste a ellos?
–No me preguntan mucho.
–¿Están por acá, en Buenos Aires?
–Uno vive en Zona Norte y el otro por Almagro.
–¿Y tu amor de qué lado del charco te espera?
–De éste. Aunque a veces ella viene conmigo y nos quedamos allá. Vamos y venimos así.
–Sabiendo la locura de viajes que se te avecina, ¿no podrías quedarte acá más tiempo?
–No... yo no me puedo quedar mucho porque tengo animales allá. Ésa es una complicación.
–¿Qué animalitos tenés?
–Mayormente ovejas, aunque también gallinas, un perro y unos gatos.
–Y te necesitan en el día a día.
–Los gatos no, el perro queda al cuidado de alguien, las gallinas más o menos también... y las ovejas no me necesitan en realidad, salvo un carnero que lo tengo encerrado, separado, porque hay otro carnero y no pueden estar juntos por consanguinidad. Y ése está a la venta. Pero mientras no se venda debe tener agua, comida y todo. Cuando deje la casa las ovejas se van a poder quedar solas.
–¿Son muchas?
–Diez.
–No sé porque tengo la sensación de que tus ovejas deben tener nombres divertidos.
–Una se llama Bully: es un carnero de cuatro cuernos muy particular, medio Belcebú, al que le puse así porque los demás le hacen bullying por los cuernos y lo tuvimos que separar. Después tengo otro carnero que se llama Jaca, porque la raza tiene que ver con Nueva Zelanda. Están Honey y Moon, que son dos ovejas que bautizamos así porque vivíamos de luna de miel. El gallo Rubén Darío Sobrero, y el perro, que ya va por su cuarto nombre.
–¿Cuarto? ¿Por qué le cambiás tanto el nombre al perro?
–(Abre grandes los ojos) Se llamaba Beto, pero la otra vez nos juntamos con amigos a comer ahí en la zona y la temática era medio western. Íbamos disfrazados medio de vaqueros y no podía ir con un perro que se llamara así. Entonces lo rebauticé Mackenzie (ríe).

–¿Y vos le decís Mackenzie y se da vuelta?, ¿o no tiene ni idea de cómo se llama?
–Sí. Gira. Y si le decís Luis también viene. ¡Ni lo dudes!
-Nos falta el cuarto nombre y que nos cuenta aquella noticia sobre la pandemia que le llamó la atención...
-Esas primicias mejor te las dejo para la próxima nota. Ya te di muchos titulares... (extiende caballero la mano).
Fotos: Diego García, redes sociales y gentileza Tomás Morrison
Retoque digital: Roshi Solano
Agradecemos a Anto Cores
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