En medio de un expediente atravesado por muertes dudosas, anestésicos desaparecidos, relaciones jerárquicas cruzadas y fiestas clandestinas con drogas hospitalarias, hubo una escena silenciosa que ocurrió mucho antes de que la Justicia interviniera. No fue en un quirófano ni en una guardia. Fue dentro de un auto. Allí, en febrero de 2025, Delfina "Fini" Lanusse le contó a su amiga y compañera de residencia que estaba consumiendo propofol con el anestesiólogo Hernán Boveri.
La persona que escuchó esa confesión fue Mechi S., y ese momento hoy aparece como el origen de una historia que terminaría sacudiendo al sistema médico porteño ya que fue quien alertó a sus superiores y los puso en tema.
Desde entonces, su nombre quedó incorporado al expediente como testigo clave. Su decisión de hablar cuando entendió que la situación había dejado de ser privada fue el primer movimiento institucional que permitió activar alertas dentro del Hospital Italiano y, después, en la Asociación de Anestesia, Analgesia y Reanimación de Buenos Aires.

Una amistad previa al escándalo
Antes de convertirse en una pieza relevante en la causa, Mechi era parte del mismo universo cotidiano que hoy investiga la Justicia. Es médica residente de anestesiología en el Hospital Italiano y compartía con Lanusse no sólo guardias sino traslados, congresos, viajes y rutinas laborales. Vivía en la zona norte del conurbano y más de una vez la pasaba a buscar para ir juntas al hospital. Ese nivel de cercanía explica por qué durante meses eligió no intervenir institucionalmente.
Según surge de su declaración, la idea de “traicionar” a una amiga fue un límite real durante mucho tiempo. Su primera reacción frente a la confesión de consumo no fue denunciar, sino advertir riesgos, acompañar y observar. Durante ese período la situación se mantuvo dentro de un territorio ambiguo entre lo personal y lo profesional, algo habitual en entornos de residencia médica donde los vínculos suelen volverse intensos y cotidianos.
Sin embargo, con el paso de los meses empezó a registrar señales que cambiaron su percepción. Cambios físicos notorios, episodios compatibles con consumo problemático y una relación cada vez más absorbente entre Lanusse y Boveri comenzaron a construir un escenario distinto.
El vínculo con Boveri que generó preocupación
Uno de los elementos que más peso tuvo en su testimonio fue la descripción de la relación entre Lanusse y el anestesiólogo de 50 años. Según declaró, dejó de percibirla como un vínculo personal convencional para convertirse en algo central en la vida de su compañera y atravesado por una clara desigualdad jerárquica.
Durante un congreso internacional de anestesiología organizado por el propio Boveri, Mechi observó gestos y actitudes que reforzaron esa impresión. Meses más tarde decidió preguntarle directamente qué estaba ocurriendo. Lanusse confirmó entonces que mantenían una relación.
Ese dato no era menor dentro del contexto hospitalario. Boveri tenía otra pareja dentro del mismo servicio y, según habría contado la propia residente, organizaba sus horarios laborales para coincidir con ella sin que la situación quedara expuesta ante terceros.

En ese punto, el problema dejó de ser sólo el consumo. Empezó a aparecer un entramado más complejo de vínculos personales, dependencia emocional y acceso a anestésicos fuera de protocolos institucionales.
El episodio que lo cambió todo
El punto de quiebre llegó en febrero de 2026. Durante enero ambas habían estado de vacaciones y casi no tuvieron contacto. Cuando se reencontraron, Mechi notó cambios evidentes en el estado físico y emocional de su compañera. Pero fue un llamado telefónico el que terminó de activar la alarma.
Quien la contactó fue Chantal Leclercq, otra residente cercana al grupo, que expresó su preocupación porque no lograban ubicar a Lanusse y describió episodios compatibles con consumo problemático. En esa misma conversación le relató una escena ocurrida meses antes: había encontrado a su amiga en el departamento, semiconsciente y con una vía colocada en el cuerpo. Ese dato modificó completamente la percepción de riesgo.
Ese mismo 9 de febrero, Mechi fue personalmente al departamento de Lanusse. Lo que vio quedó registrado en su declaración judicial: hacía calor, pero su compañera bajó con un tapado como si fuera invierno. Estaba desorientada, con una herida visible en la frente. Fue la primera vez que le pidió ayuda explícitamente. También fue la primera vez que dijo una frase que luego aparecería en el expediente: "Hernán está loco”.

El momento en que Mechi S decidió intervenir
Hasta entonces había intentado manejar la situación dentro del plano personal. Pero lo ocurrido en esos días cambió su posición. Según reconstruyó en su testimonio, entendió que el problema ya no era sólo una preocupación entre amigas sino un riesgo sanitario y profesional.
Junto con otras dos residentes identificadas en la causa como K. P. y N. T., decidió dar aviso a superiores dentro del servicio. Primero hablaron con una compañera cercana al entorno de Lanusse y luego con el subjefe del área de anestesiología, Juan de Domini. Después intervino el jefe del servicio, Gonzalo Domenech.
Ese aviso ocurrió el 13 de febrero. Fue el primer movimiento institucional dentro del hospital. A partir de allí comenzaron reuniones internas, evaluaciones médicas y contactos con la Asociación de Anestesia, Analgesia y Reanimación de Buenos Aires.
Una semana después, el anestesiólogo Alejandro Zalazar apareció muerto en su departamento. El caso dejó de ser interno y pasó a convertirse en una investigación judicial.

En su reciente declaración ante la justicia –ya avanzado el escándalo, con 3 imputados–, Fini negó haber desviado opioides del Italiano, aseguró que es "intachable", pidió que no la criminalicen por una situación personal y apuntó a Mechi S.: "Me ensució una amiga que está mal psiquiátricamente".
Una decisión que cambió el rumbo del caso
En investigaciones complejas, las causas rara vez se originan con una denuncia formal, sino con señales dispersas que alguien decide atender. En este caso, fue la decisión de Mechi.
Ella es una figura singular en el expediente: no es protagonista del circuito investigado, pero sí quien permitió que la historia se contara desde adentro.
Su intervención no detuvo el escándalo, pero sí transformó una preocupación privada en un problema institucional. Su testimonio detonó la investigación sobre el circuito ilegal de anestésicos en el sistema sanitario porteño, abriendo una expansiva causa judicial aún en curso.
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