Fue un martes de contrastes y emociones a flor de piel para el clan Callejón. Mientras María Fernanda Callejón protagonizaba un tenso episodio en La mañana con Moria, donde terminó refugiada en su camarín tras una crisis de llanto que obligó a la mismísima Moria Casán a intervenir, a cientos de kilómetros, su hermana Sandra decidió que ya no podía callar más.
Desde Córdoba, en un testimonio crudo y cargado de impotencia, la conductora rompió el silencio en Radio WO para ponerle palabras a un vínculo que hoy parece irreconciliable.

La distancia entre las hermanas no fue solo geográfica, sino profundamente emocional. El detonante de este nuevo capítulo fue el reciente fallo judicial que condenó a Ricky Diotto a cuatro meses de prisión en suspenso por lesiones leves, sumado a las nuevas y escalofriantes acusaciones de "abuso sexual simple" que la actriz vertió contra su exmarido.
Sin embargo, para Sandra, la realidad diaria se midió en silencios y en el esfuerzo sobrehumano por proteger lo poco que queda de la paz familiar.
Justo este martes, el calendario marcó una fecha agridulce: el cumpleaños del padre de ambas. En medio del torbellino mediático, hubo un contacto mínimo, casi quirúrgico. Sandra reveló que apenas hablaron lo necesario para coordinar un saludo.
“Ayer tuve un pequeño contacto no más porque llamó, hizo una videito llamada con Giovanna para el cumpleaños de papá. No voy a hablar más...”, relató la también exvedette con una mezcla de alivio y resignación sobre el gesto de su sobrina.
Sin embargo, detrás de esa "linda noticia" se escondió una verdad mucho más amarga. Sandra no ocultó su frustración al ver a su hermana desbordada frente a las cámaras, en ese "circuito dialéctico complejo" que Moria Casán le recriminó en vivo antes de enviarla a calmarse fuera del aire. Con la voz quebrada por la distancia física y emocional, Sandra fue tajante sobre la actitud de la actriz: “No se deja ayudar...”.

La preocupación de Sandra no solo radicó en las denuncias cruzadas —que Diotto tildó de "mentiras y falacias"— sino en el estado anímico de María Fernanda. Al verla en televisión, la impotencia se apoderó de ella. “Me da una impotencia porque me doy cuenta de que no está bien”, confesó, reconociendo que sus intentos de acercamiento fueron en vano. Con una honestidad brutal, Sandra sentenció: “Ya hice todo lo posible...”.
Uno de los puntos más sensibles de su relato fue el blindaje que construyó alrededor de su padre, quien se encuentra aislado de todo conflicto familiar y desconoce por completo la guerra judicial y mediática que atraviesa su hija menor.
Sandra fue clara al explicar que mantiene al hombre al margen de todo para preservar su salud emocional. “La tengo penada con eso”, dijo con firmeza, asegurando que no permitirá que "se le mueva una aguja más" a su padre con noticias que no corresponden.
La relación, que durante años fue un bastión de unidad en el ambiente artístico, hoy atraviesa su momento más oscuro, con bloqueos en redes sociales y comunicaciones esporádicas solo a través de terceros.
Mientras María Fernanda continúa su "proceso de sanación" entre tribunales y estudios de televisión, Sandra se refugia en la fe. Con el corazón en la mano y la esperanza desgastada, cerró su testimonio con una plegaria que resume el sentir de toda la familia: “Rezo todos los días para que esto se termine...”.
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