Catherine Fulop recordó cómo comenzó su historia de amor con Ova Sabatini, a quien conoció en 1993 cuando llegó a Buenos Aires para protagonizar la novela Déjate querer. En aquel momento, la actriz venezolana atravesaba una etapa de cambios personales y profesionales: venía de una relación desgastada con Fernando Carrillo, se instalaba en un país nuevo y, sin imaginarlo, estaba a punto de conocer al hombre con el que formaría una de las parejas más queridas del espectáculo argentino.

La propia Cathy reconstruyó aquellos días con una mezcla de humor, nostalgia y picardía. Llegó a la Argentina el 30 de octubre de 1993 para sumarse a la ficción que protagonizaría junto a Carlos Mata. Su desembarco en Buenos Aires se dio en un momento en el que su matrimonio con Carrillo ya estaba prácticamente terminado. “Él vivía en España y venía de vez en cuando y me desorganizaba como mucho la vida. Estábamos separados. Él no estaba ya. Yo todo el tiempo le reiteraba de divorciarme”, recordó en entrevista en el programa Puro Show.
En medio de ese escenario, el trabajo se convirtió en un refugio y también en el punto de partida de una nueva vida. Déjate querer reunió a un elenco en el que también estaba Ova Sabatini, por entonces un joven actor argentino que apareció ante los ojos de Cathy como una presencia difícil de ignorar. Ella misma contó que su primera impresión fue inmediata: lo vio bello, educado y caballeroso. Pero también destacó algo que, con el tiempo, valoraría aún más: Ova nunca tuvo una actitud desubicada ni hizo comentarios fuera de lugar, especialmente porque sabía que ella todavía estaba casada.

La escena de aquel primer encuentro quedó grabada en su memoria. Catherine venía de Venezuela con un estilo mucho más caribeño, colorido y llamativo, mientras notaba que en Buenos Aires predominaba una estética más sobria. En ese contexto, Ova ingresó a una reunión de producción con campera de cuero, jeans y botas, en una imagen que ella definió como muy de los noventa. “Entra el tipo morochón, divino”, recordó, todavía divertida por el impacto que le produjo verlo por primera vez.
La atracción, sin embargo, no se tradujo de inmediato en un romance. Durante las grabaciones, Cathy observaba a Ova de lejos y compartía sus sensaciones con Alejandra Gavilanes, otra actriz del elenco que terminó ocupando un rol clave en la historia.
Fulop incluso pensó al principio que Gavilanes y Sabatini podían ser pareja, aunque luego descubrió que ella estaba vinculada sentimentalmente con Jorge Martínez. Con el correr de los días, Alejandra se convirtió en su confidente y testigo de ese flechazo que crecía en silencio.

Cathy admitió que la presencia de Ova la ponía nerviosa. Lo veía en los pasillos, en las jornadas de grabación, en la rutina de la novela, y sentía que algo se movía internamente. “Yo le decía a Alejandra Gavilanes que lo veía y me empezaba a poner nerviosa”, contó. Ese nerviosismo marcaba el inicio de un vínculo que todavía no encontraba forma, pero que ya empezaba a cambiarle el pulso cotidiano.
El momento decisivo llegó casi al final de las grabaciones, una noche en los pasillos de la productora Sonotex. Fulop relató que Ova venía caminando solo y ella, impulsiva y frontal como suele ser, le dijo: “Qué bello”. Fue entonces cuando Alejandra Gavilanes intervino y le soltó a Sabatini que a Cathy le encantaría darle un beso. La respuesta de Ova fue tan simple como inesperada: “Bueno, por mí sí”. Según recordó la actriz, él la tomó de la mano y la llevó hacia la zona del baño de mujeres, mientras su amiga quedaba esperando en la puerta y les pedía que salieran.
Ese beso cambió todo. Al día siguiente, la situación entre ellos quedó atravesada por la incomodidad propia de quienes saben que algo importante acaba de pasar. Cathy contó que le costaba verlo y no hablarle, pero también reconoció que desde ese momento la atracción se volvió imposible de disimular. La actriz incluso reveló una frase que resume la intensidad de lo que sintió desde el comienzo: “Quiero tener hijos con este hombre”.

Con el tiempo, aquella intuición se transformó en una historia concreta. Catherine Fulop y Ova Sabatini comenzaron una relación que atravesó décadas, construyeron una familia y tuvieron dos hijas, Oriana y Tiziana. La pareja se casó en Buenos Aires en abril de 1998, cinco años después de haberse conocido en la ficción, y en distintas oportunidades compartieron públicamente recuerdos de su boda y mensajes de amor por sus aniversarios.
Hoy, con más de tres décadas juntos, Cathy y Ova siguen siendo una de las parejas más reconocidas del ambiente artístico. Su historia nació entre cámaras, pasillos de grabación, nervios y una amiga que se animó a decir lo que ella no terminaba de confesar. Y aunque Fulop suele narrarla con gracia, el recuerdo también habla de una etapa bisagra en su vida: la llegada a la Argentina, el cierre de un amor anterior y el comienzo de una familia que, años después, se convertiría en parte central de su identidad pública y personal.


