Así era el papá de Susana Giménez: las fotos inéditas de Augusto que guarda el archivo de GENTE – GENTE Online
 

Así era el papá de Susana Giménez: las fotos inéditas de Augusto que guarda el archivo de GENTE

"Susana y yo somos iguales en el tronco y las raíces. Nos diferenciamos por las ramas". Con esta profunda definición, Augusto Giménez Aubert resumía el vínculo con su hija. A 40 años de su muerte, revelamos cómo era el hombre que le decía "langostita" a la diva.
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El imaginario popular conoce a la estrella, pero muy pocos saben quién fue el hombre que moldeó sus raíces. En las páginas del archivo de GENTE descansa una entrevista que, más allá de revelar anécdotas infantiles, pinta de cuerpo entero a Augusto Giménez Aubert, el papá de Susana. A través de sus propias palabras y recuerdos, asoma la figura de un hombre de contrastes fascinantes: un ejecutivo de altísimo nivel que, puertas adentro, se derretía ante la picardía de su hija.

Lejos de los brillos del mundo del espectáculo, Augusto era un hombre de negocios de pura cepa. De porte elegante y siempre circunspecto, ocupaba un lugar de gran poder en la industria nacional como presidente de Carboquímica S.A., la única fábrica de bicarbonato de sodio que existía en el país en aquel entonces.

Su currículum era tan imponente como su presencia: entre sus antecedentes figuraban la presidencia de la histórica firma Odol, la elaboración del primer decreto para instalar una fábrica de aluminio en Argentina y el armado de los legendarios automóviles Auto Union. Sin embargo, a pesar de sus inmensas responsabilidades corporativas, tenía claras sus prioridades. El día que recibió a la revista en su despacho, le dio una directiva tajante a su secretaria que lo definió por completo: "Voy a hablar de mi hija. No estoy para nadie".

Hace décadas, Augusto Giménez Aubert recibió a GENTE rodeado de apuntes y con un café humeante sobre su escritorio .

El rigor de un hombre solitario frente a la ternura paternal

Augusto se autodefinía como un hombre estructurado. Según sus propias palabras, se había educado solo, lo que le forjó un sentido del deber muy intenso y sumamente rígido. Y en su visión del mundo y de la crianza, le daba una importancia absoluta a la disciplina. Sin embargo, toda esa estructura de hierro solía tambalear frente al encanto arrollador de su hija.

Intentaba imponer castigos tradicionales ante las rebeldías, como mandarla a la cama sin comer cuando la niña se negaba a tomar la sopa, pero terminaba desarmado de risa cuando ella se daba vuelta, le sacaba la lengua y le gritaba "¡Mejor, mejor y mejor!". Ese padre severo confesaba su debilidad ante una niña que sabía exactamente cómo conquistarlo, regalándole frases que él atesoraba en su memoria, como cuando a los ocho años ella le dijo con un tono encantador: "Papi, sos más lindo que el diablo".

El río, su gran refugio, y el inventor de "Langostita"

Detrás del traje y la corbata, Augusto era un hombre con un sentido del humor afilado y una gran capacidad para el compañerismo. Cuando Susana cumplió los 15 años, la dinámica entre ellos dio un vuelco hermoso: ese padre estricto se convirtió en un gran amigo y confidente.

Un retrato vintage de unas vacaciones en la costa. En la imagen, Susana Giménez transitaba la preadolescencia.

Encontraron su mayor punto de conexión lejos de la ciudad, rodeados de agua. Todos los fines de semana, sin excepción, tenían el ritual inquebrantable de irse a navegar juntos. Era en el río donde Augusto se relajaba por completo, compartiendo con su hija una afición fanática por la naturaleza y la natación.

Esa confianza mutua también le daba licencia para las bromas. Fiel a su estilo observador, Augusto no dejó pasar el tremendo estirón físico que dio su hija a los once años. Al verla de pronto tan alta, con piernas larguísimas y bromeando con que tenía "cara de grillo", el empresario sacó a relucir su costado más divertido y la bautizó con un apodo que quedó en la historia íntima de la familia: "A veces yo le decía 'langostita'. Se enojaba", recordaba con una sonrisa imborrable.

El espejo de sus propias raíces

"Susana siempre fue muy compradora. A veces me decía: 'Papi, sos más lindo que el diablo'", le confesó a GENTE en pleno éxito de la diva.

Hacia el final de aquella charla histórica, el presidente de Carboquímica demostró ser un hombre de una franqueza admirable, capaz de analizar a su hija con el mismo ojo clínico y honesto con el que evaluaba su propia vida. Lejos de idealizarla, reconocía que Susana era dueña de un carácter combativo y obstinado, a veces incluso un poco egoísta, pero brillaba por ser una mujer inmensamente honesta, inteligente y desprendida.

Para definir su legado y el vínculo que los unía, Augusto regaló una metáfora poética que sintetiza a la perfección quién era él y qué le dejó a la futura diva: "Susana y yo somos iguales en el tronco y las raíces. Nos diferenciamos por las ramas". Una postal emotiva de un padre de la vieja escuela que, detrás de su impecable rigor, escondía un corazón profundamente orgulloso.

Fotos: Archivo GENTE ([email protected])
Jefa de Archivo: María Luján Novella (113903-8464)
Idea, búsqueda y retoque digital: Gustavo Ramírez



 
 

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