Hay encuentros en la historia de la cultura popular que parecen directamente salidos de una película; cruces de universos que, de no estar documentados, sonarían a mito urbano.
Este comenzó a principios de los años 70, cuando la figura magnética y avasallante de Sandro descendió sobre una ciudad que definitivamente no estaba preparada para semejante huracán. Los habitantes de Bogotá, Colombia, vieron su cotidianidad dinamitada por la euforia cuando se corrió la voz: el joven argentino de pelo largo, campera de cuero y cadera indomable que ya había conquistado el Madison Square Garden se hospedaba en el Hotel Tequendama, el más elegante de la capital.
La prensa montaba guardias, las fanáticas estaban enloquecidas, y un veterano colombiano no dudó en sentenciar: "Nunca, después de Gardel, se produjo un acontecimiento similar, como el que acaba de desatar Sandro acá, en Bogotá".

Dos gigantes en un búnker de cinco estrellas
Pero el verdadero hito de aquella gira no sucedió bajo los reflectores ni frente a las multitudes que cortaban el tránsito. En medio de esa locura, el destino tejió una zapada histórica a puertas cerradas. Es que Pelé, el indiscutido rey del fútbol mundial, también se encontraba alojado en el Tequendama junto al mítico plantel del Santos, que había viajado para disputar un amistoso contra Millonarios.
Y entre esas paredes, y lejos del asedio externo, las suites del hotel se convirtieron en un búnker donde ambos astros encontraron un refugio en común.

Tiempo después, ya de regreso en Buenos Aires, Sandro se sentó a charlar con la revista Canal TV y dijo: "En Colombia me fue muy bien, tanto que voy a volver en noviembre. Pasé momentos muy gratos, uno de ellos inolvidable... Y me refiero a mi encuentro con el 'Rey', con Pelé. Él se hospedaba en el mismo hotel que yo".
La banda sonora de un recuerdo inquebrantable
Lo que podría haber sido un simple saludo de pasillo por cortesía, mutó en largas madrugadas de intimidad acústica. Es que el ídolo brasileño, escapando de las presiones de la pelota, encontraba paz en la habitación del argentino.
"En los ratos libres corría hasta mi habitación con su guitarra y pasaba horas cantando sus sambas creadas por él para su mujer e hijos. ¡Qué bárbaro el negro, es genial!", relató Sandro, genuinamente deslumbrado por la creatividad y el talento de su nuevo amigo.

Aquellas noches, donde los gritos de las fans llegaban amortiguados desde la calle y el humo de los cigarrillos envolvía los acordes de bossa nova, marcaron a fuego al artista de Banfield. Con la mirada puesta en un horizonte cargado de presiones -una agenda que lo empujaba hacia México, Venezuela, Puerto Rico y una segunda y tercera vuelta por el Madison Square Garden en octubre-, Sandro guardó esas horas bogotanas como un santuario personal.
Al momento de resumir la magia de aquellos días de carretera, donde dos de los hombres más famosos del planeta compartieron el simple acto de hacer música entre cuatro paredes, el astro argentino no dudó: "Me acuerdo de las tres chicas que se metieron en mi habitación allá en el hotel en Bogotá, me acuerdo de Pelé bailando y tocando la guitarra, me acuerdo de todo el afecto que me brindaron los colombianos y me dan ganas de volver". Una síntesis perfecta de una época analógica, salvaje y dorada que este archivo nos permite volver a espiar.
Un tesoro del Archivo de GENTE: las hojas originales de la nota de 1971



Fotos: Archivo GENTE ([email protected])
Jefa de Archivo: María Luján Novella (113903-8464)
Retoque digital: Gustavo Ramírez y Darío Alvarellos
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