A 16 años de su dolorosa partida, Roberto Sánchez, el inigualable Sandro de América, sigue siendo un fenómeno perpetuo.
Su imagen pública era una obra de arte en sí misma: el misterio, el romanticismo, la rosa roja siempre cerca y una elegancia que lo destacaba en cualquier época. Sin embargo, había un detalle en su apariencia que escondía una de las historias más emotivas de su carrera.

A simple vista, el ídolo ostentaba lujos de una verdadera estrella: una pulsera, un imponente anillo, la funda de su encendedor y una delicada placa en su cigarrera. Todos estos accesorios estaban confeccionados en oro macizo. Desde la intimidad de su casa, y posando junto a artistas de renombre mundial como Ricky Martin, a Sandro siempre se lo vio portando estas piezas o teniéndolas al alcance de su mano.


¿Pero qué representaban realmente? Durante una entrevista brindada a GENTE a principios de julio de 1996, a pocas semanas de cumplir sus 51 años, el cantante reveló el gran enigma.
"Todo de oro, todo de amor"
Lejos de ser compras impulsivas en joyerías exclusivas, esos objetos eran, literalmente, piezas hechas por sus fans.
Con la sabiduría y el desparpajo del muchacho de barrio que llegó a ser rey, Sandro confesó que mandó a fabricar cada uno de esos objetos fundiendo los obsequios que recibía a diario. "Las hice fundiendo cantidades de pequeñas cosas, medallitas, que la gente me regala con tanto afecto", detalló el artista mientras apoyaba su copa de champagne junto a su pulsera, su anillo, sus anteojos, su cigarrera y su encendedor.

Para el "Gitano", no se trataba de una cuestión de valor económico, sino de cargar consigo la energía de su público. "Esto es cariño, buena onda. Por eso los fundí y me acompañan siempre", explicó en aquella oportunidad, resumiendo el valor de sus accesorios con una frase imborrable: "Todo de oro. Todo de amor, en realidad".
Incluso su característico anillo tenía una historia anclada en el cariño de la calle. Según relató, un chico en Alsina le dijo que tenía que hacerse un anillo específico porque le iba a "cambiar la suerte", y Roberto, aferrado a esas muestras de cariño popular, no dudó en hacerlo y usarlo como amuleto.

Confesiones íntimas de un hombre singular
Aquel encuentro de 1996 no solo sirvió para revelar el secreto de sus ofrendas doradas. En un tono sumamente reflexivo, Roberto Sánchez también abordó temas de los que rara vez hablaba.

Al ser consultado sobre el hecho de no haber tenido herederos, Sandro fue contundente y aseguró que fue una elección personal: "No tuve hijos, no. Fue un acto de conciencia". El artista explicó que su exigente profesión lo llevaba "por todos lados del mundo" y sentía que un padre debe estar siempre presente.
Pese a la fama descomunal, el dinero y las ovaciones interminables, él jamás perdió el eje de quién era realmente.
"Soy un tipo normal con posibilidades anormales", se definió a sí mismo con total simpleza. Un tipo normal que, a 16 años de su salto a la inmortalidad, sigue demostrando que fue el artista que más y mejor amó a su público, llevándolo literalmente fundido en oro cerca de su corazón.
Fotos: Archivo GENTE ([email protected])
Jefa de Archivo: María Luján Novella (113903-8464)
Retoque digital: Gustavo Ramírez y Darío Alvarellos
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