Luciana Aylén Barrios Alarcón, la adolescente de 15 años que era buscada intensamente en Córdoba desde el lunes al mediodía, fue encontrada con vida este martes en Jesús María, en un desenlace que llevó alivio a su familia y a toda la comunidad de Colonia Caroya.
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La joven había sido vista por última vez al salir del colegio y su desaparición había disparado un operativo contrarreloj que incluyó rastrillajes, análisis de cámaras, controles vehiculares y la activación de la Alerta Sofía. Con el correr de las horas, el caso fue creciendo en repercusión hasta convertirse en una de las noticias más seguidas de la jornada en la provincia.
La confirmación oficial del hallazgo llegó por parte del ministro de Seguridad de Córdoba, Juan Pablo Quinteros, quien informó que Luciana fue encontrada sana y salva, en buen estado de salud, y que había sido trasladada al hospital para una revisión médica.
También señaló que la adolescente ya estaba junto a su mamá y pidió resguardar la privacidad de la familia. Sin embargo, evitó dar una descripción detallada de cómo fue localizada y dejó esa parte de la historia bajo la órbita de la Fiscalía de Jesús María, a cargo de la investigación.
La escena más precisa sobre el hallazgo, en cambio, fue aportada por otro funcionario. César Seculini, secretario de Gobierno de Colonia Caroya, sostuvo públicamente que la adolescente fue encontrada en una casa abandonada de Jesús María, frente a la sede de Tribunales, en una zona transitada de la ciudad.
Esa frase, que rápidamente fue replicada por distintos medios, se convirtió en el dato más fuerte de las horas posteriores a la aparición. Aunque no surgió de un comunicado judicial formal, sí provino de una voz institucional que siguió de cerca el caso y que sumó detalles clave para entender el tramo final de la búsqueda.
Según esa reconstrucción, Luciana fue hallada asustada, pero consciente y fuera de peligro. Seculini también señaló que no estaba en estado de shock y que la primera reacción de la adolescente fue pedir por su madre. Esa combinación de alivio y conmoción marcó el tono de un cierre de jornada que había empezado bajo máxima tensión.
Durante más de 24 horas, no se había sabido nada concreto de la chica desde que salió del Colegio Presbítero José Bonoris, en Colonia Caroya, el lunes alrededor del mediodía.
La desaparición había encendido todas las alarmas desde el comienzo. La familia denunció que Luciana no regresó a su casa tras salir de clases y que su teléfono celular dejó de emitir señal poco después. Desde entonces, la investigación se concentró en reconstruir sus últimos movimientos, revisar registros fílmicos y rastrear cualquier indicio que permitiera ubicarla. En paralelo, vecinos y autoridades locales visibilizaron el caso mientras crecía la angustia en toda la zona norte de Córdoba.
El operativo montado para encontrarla fue inusualmente amplio. En distintos momentos se habló de decenas de efectivos y móviles desplegados entre Colonia Caroya, Jesús María y sectores cercanos, con apoyo de bomberos, unidades especiales, perros rastreadores, drones y hasta helicóptero. La magnitud del despliegue mostró hasta qué punto la búsqueda avanzó como una prioridad absoluta para las autoridades provinciales. La activación de la Alerta Sofía terminó de confirmar esa lectura: se trataba de una desaparición sensible, con una menor de edad involucrada y sin rastros firmes durante demasiadas horas.
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