La apertura de la Semana de la Alta Costura (SAC), ideada y dirigida por Elina Costantini, desplegó una noche cargada de estética, sofisticación y momento familiar inolvidable. En un marco que rindió tributo al legado visual y artístico de Frida Kahlo, la anfitriona deslumbró con su presencia, pero fue la complicidad compartida con su pequeña hija, Kahlo Milagro, lo que verdaderamente acaparó la atención de la velada.
Madre e hija construyeron un diálogo estilístico impecable donde la impronta de gala y la ternura infantil se fusionaron de forma orgánica. Por un lado, Elina apostó por el dramatismo y la sobriedad chic del total black a través de un vestido largo con elaborados bordados en encaje y sutiles transparencias sobre un escote en V.


Completó la silueta llevando un tapado maxi sastrero descansado sutilmente sobre sus hombros —recurso clásico del street style internacional— y lució un peinado trenzado y pulido que despejaba su rostro y conectaba de manera sutil con la inspiración conceptual del encuentro.

A su lado, la pequeña Kahlo aportó la cuota fresca y vital que iluminó la alfombra roja. Su atuendo consistió en un vestido acampanado a rayas en una rica paleta de tonos cálidos y vibrantes —rosa, terracota, amarillo y verde— con un delicado cordón entrelazado en el pecho que evocaba un aire romántico y artesanal.

Para resguardarse con estilo, sumó una capa suave en textura teddy de color crema, que generó un contraste textil sumamente delicado. Peinada con una finísima trenza a modo de vincha y equipada con zapatillas blancas y medias de volados para garantizar la comodidad de su edad, la niña completó el cuadro sosteniendo una pequeña flor rosa en la mano.
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