Después de meses en los que su imagen, su cuerpo y cada una de sus apariciones quedaron bajo una lupa permanente, Ariana Grande (33) decidió poner un límite. Su representante confirmó que la cantante se alejará de la exposición pública una vez que finalice su gira Eternal Sunshine, cuyo último show está previsto para el 1 de septiembre en el O2 Arena de Londres.
“Tomará un descanso muy merecido del trabajo y de las apariciones públicas, que han generado un escrutinio interminable y constante”, explicó el vocero de la artista en declaraciones a People. El comunicado también señaló que Grande espera terminar la gira “de una manera saludable y feliz” y destacó que la experiencia con sus seguidores fue especialmente significativa para ella.

La decisión no implica, al menos por ahora, un retiro definitivo de la música ni de la actuación. Lo que Grande plantea es un repliegue de la visibilidad pública después de años de una exposición prácticamente permanente, en un momento en que las opiniones sobre su apariencia –especialmente después de la aparición del videoclip de Petal– volvieron a ocupar buena parte de la conversación alrededor de su carrera.
El anuncio llegó después de que la cantante decidiera además abandonar el proyecto teatral Sunday in the Park with George, la reposición del musical de Stephen Sondheim que tenía previsto protagonizar en Londres junto a Jonathan Bailey.
La confesión de Ariana Grande y una decisión que, asegura, no fue impulsiva
"Cuando empezás en esta industria tan chica, creés que el aplauso va a tapar todas tus heridas. Durante años trabajé sin parar pensando que un nuevo logro o un número uno en los charts iba a solucionar lo que me pasaba por dentro. La realidad me golpeó muy fuerte cuando entendí que el trauma no se resuelve con un récord de ventas", señaló tiempo atrás en un video que tomó especial relevancia en las últimas horas.
"Tuve que tocar fondo para darme cuenta de que necesitaba parar y mirar hacia adentro. Me pasaba que salía del estudio completamente exhausta y procesando emociones que me superaban por completo. Fue un proceso larguísimo de terapia y reencuentro conmigo misma aprender a no exigirme el personaje perfecto todo el tiempo", agregó la cantante al explicar el proceso que vivió.

"Aprender a poner límites salvó mi vida"
"La exposición constante hace que la gente crea que sos de su propiedad y que puede opinar sobre cada detalle de tu cuerpo o de tu vida. En un punto de mi carrera sentía que vivía para complacer la mirada ajena antes que la mía propia. Tuve que hacer una limpieza de energía muy profunda y empezar a construir un espacio donde solo entre la gente que me cuida de verdad", sostuvo.
"Hoy elijo los proyectos únicamente desde un lugar verdaderamente honesto y no por mandatos de la industria. Si la música que hago hoy conecta con alguien, es porque sale de un proceso de sanación real y no de una estrategia comercial. Estar tranquila en mi casa, en paz con mis afectos, terminó siendo el verdadero éxito que siempre estuve buscando", profundizó Grande.
Un debate que excede a la artista
Su retiro llega en medio de una polémica mayor que la excede: en las últimas semanas, la cantante fue blanco de un nuevo aluvión de comentarios sobre su delgadez extrema que volvió a ponerla en medio de la escena, con gente preguntándose si estaba a punto de morirse. El fenómeno reabrió una pregunta incómoda para la industria del espectáculo: ¿qué pasó con la consigna de no opinar sobre los cuerpos ajenos, cuando la exposición mediática sigue amplificando esos comentarios a la velocidad del algoritmo?
La discusión no es menor si se considera el perfil de la audiencia que sigue a Ariana: millones de niñas y adolescentes que toman a estrellas como ella como referente. Especialistas en salud mental vienen advirtiendo que la circulación constante de imágenes de cuerpos hiperdelgados –sostenidas además por el silencio o la ambigüedad de las propias celebridades ante la pregunta por su salud– puede tener un impacto directo en cómo esa generación construye su relación con el propio cuerpo.

