A diferencia de Georgina Barbarossa, que construyó una extensa carrera frente a las cámaras, sus hijos Juan y Tomás eligieron mantenerse lejos de la exposición. Los mellizos crecieron inevitablemente cerca del mundo del espectáculo, pero de adultos tomaron caminos propios y preservaron su intimidad.
Hoy, Georgina los mira con orgullo. Juan construyó su vida en Córdoba, donde vive junto a su familia, rodeado de naturaleza y dedicado a sus proyectos. Tomás, en tanto, también atraviesa una etapa de nuevos desafíos profesionales. Para su mamá, verlos realizados y felices tiene un significado especial después de todo lo que atravesaron juntos.
“Veo a mis hijos muy realizados, muy felices, cada uno con su casa, cada uno viviendo la vida que quiere vivir, tranquilos. Son chicos tan humildes, tan especiales”, asegura Barbarossa en diálogo con GENTE.
A qué se dedican Juan y Tomás, los hijos de Georgina Barbarossa
Juan encontró en la música una de sus grandes pasiones. Incluso hubo una época en la que comenzó a ganar cierta notoriedad y llegó a participar de la radio junto a Mario Pergolini. Sin embargo, rápidamente comprobó que la fama no era algo que quisiera para su vida.
Actualmente está instalado en Córdoba y Georgina celebra la vida que logró construir allí.
“Veo a Juan tan puesto en su casa, allá en Córdoba, trabajando en lo que quiere hacer, con su hija, en medio de la naturaleza, tan feliz”, cuenta.
Tomás, por su parte, también eligió un camino alejado de las cámaras y actualmente está embarcado en un nuevo proyecto que entusiasma especialmente a su mamá.
—Ellos eligieron un camino mucho más bajo perfil. ¿En qué dirías que se parecen a vos?
—Los dos son de muy bajo perfil. Odian las cámaras, las luces y todo eso. Mirá, Juan es músico. Cuando empezó a tener un poquitito de fama, de ir a la radio con Pergolini y todo eso, me dijo: “Basta, hasta acá llegué. No resisto esto”.

La decisión de sus hijos de mantenerse alejados de la exposición también hizo que Georgina revisara algunas situaciones de cuando eran chicos.
“Vos los exponías mucho porque eran tu mejor obra de arte y a ellos no les gustaba. Ahora se escucha más a los chicos, antes no”, reconoce.
En qué se parecen Juan y Tomás a Georgina Barbarossa
Aunque son mellizos y apenas dos minutos separaron sus nacimientos, Georgina asegura que Juan y Tomás tienen personalidades muy diferentes.
—¿En qué sentido son distintos?
—Juan es más seco, pero Tomás es más cariñoso. A pesar de que nacieron con dos minutos de diferencia, son opuestos complementarios en su carácter, pero tienen los mismos valores.
Es allí donde Georgina encuentra uno de los mayores puntos de conexión entre ellos. Más allá de las diferencias de personalidad, siente que sus hijos conservaron los valores que intentó transmitirles junto a Miguel “el Vasco” Lecuna.
“Eso fue lo que les enseñamos Vasco y yo. Porque, aunque Vasco estuvo solamente 13 años con ellos, estuvo muy presente y la primera infancia es la más importante”, explica.
Qué significan sus hijos para Georgina Barbarossa
Cuando la charla se corre de cómo son Juan y Tomás para entrar en lo que representan para ella, Georgina se emociona.
—Hablando de familia, ¿qué significan tus hijos en tu vida?
—Mi vida. Son lo mejor de mi vida. Son mi identidad, mi legado. Me hacen muy feliz. Amo a mis hijos, amo al Vasco. Siempre siento que está al lado mío. Y ahora que tengo a mi nieta también siento que tengo otra semillita ahí.
—Te emocionás al hablar de ellos.
—Sí. Ahora los noto que son hombres, que están felices, que cada uno hizo su camino.
Verlos en esta etapa de sus vidas le genera una sensación que Georgina resume de manera contundente: “Realmente digo: ‘Bueno, ya está. Todo lo que tenía que hacer, lo hice’”.
La llegada de Julia, su nieta, también inauguró un capítulo diferente. Después de los años dedicados a criar a sus hijos, ahora quiere disfrutar de ella desde el lugar que alguna vez ocuparon sus propios abuelos.
“Me queda divertirme con Julia y darle el mismo amor que me dieron mis abuelos a mí. Darle la magia, la locura, la diversión, jugar con inventos”, dice.
La crianza de Juan y Tomás tras la muerte del Vasco Lecuna
Detrás de ese presente tranquilo hubo un momento que marcó para siempre a la familia. El Vasco Lecuna murió en 2001, cuando Juan y Tomás tenían 13 años y estaban entrando en la adolescencia.
Georgina tuvo que atravesar su propio duelo mientras intentaba sostener a sus hijos. Y, con el paso del tiempo, entendió que ellos también fueron quienes le dieron la fuerza para continuar.
—¿Cómo fue seguir con la crianza de tus hijos sola?
—Se hace como todas las mamás que se quedan solas o que están solas y tienen que salir a trabajar. Yo creo que los hijos te dan una fuerza increíble. No sé si, de no haber estado Juan y Tomás, yo hubiese tenido tanta fuerza, porque estaba muy deprimida y tenía que caretearla delante de mis hijos. Fue porque tenía que salir adelante.
El dolor fue tan profundo que incluso tuvo consecuencias en su carrera. “Ojo, que al principio a mí no me contrataban porque yo estaba triste”, recuerda.

Pero para Georgina lo más difícil era saber que Juan y Tomás habían perdido a su papá justo cuando comenzaban una etapa determinante de sus vidas.
“Los chicos perdieron a su papá cuando más lo necesitaban: en la adolescencia, a los 13, 14 años y todo lo que vino después. Y no es lo mismo una mamá que un papá”, reconoce.
“Yo no soy tu papá, no soy tu amiga: soy tu mamá”
Con el Vasco ausente, Georgina debió encontrar una manera de acompañarlos sin intentar ocupar el lugar de su padre. Al mismo tiempo, tenía que seguir siendo quien pusiera los límites.
—Era, además, una etapa muy demandante.
—Además, poniéndoles los límites y diciéndoles: “Yo no soy tu papá. No soy tu amiga, soy tu mamá”. Por momentos los chicos te odian porque les decís: “No, esto así no”. Es difícil.
Más de dos décadas después, Georgina puede mirar aquella etapa desde otro lugar. Sus hijos crecieron, construyeron sus propias vidas y eligieron hacerlo lejos de las cámaras.
“Y eso que no era la adolescencia de ahora. Si fuese la adolescencia de ahora, me muero. Me muero, me muero. Porque además hay un nivel de violencia... A Vasco lo mataron en el 2001, pero estamos en el 2026 y todo es peor. Todo es peor. Es un horror lo que está pasando”, reflexiona.
Hoy, al ver a Juan y Tomás convertidos en hombres, felices con las vidas que eligieron y conservando aquellos valores que buscó transmitirles junto al Vasco, Georgina siente que puede cerrar una etapa.
“Bueno, hasta acá, tarea cumplida”, dice. Y enseguida lo resume todavía más: “Yo ya los crié”.

