Lo vio con el rabillo del ojo izquierdo. Entonces velozmente giró el cuerpo sobre su mismo eje, enfocó fijo como para confirmar que lo que acaba de ver no era un espejismo y se limitó a lanzar a pura espontaneidad, sin esperar respuesta de nadie y estirando la "o": "Noooooo...".
Sergio Daniel Gómez acababa de terminar su nota con Revista GENTE en Malabia 768 cuando, camino al garage de al lado -en el 750-, experimentaba, como si se tratara de un tributo de los dioses al mejor cierre de nota, la que finalmente se convertiría en este inicio.

¿Por qué? Porque el cartel de gálibo en colorado que surgía frente a él advertía una altura máxima de ¡2,30 metros! para los vehículos que ingresaran, cuando la suya es de 2,28. "¿No la habrán pintado ustedes antes de que yo llegara, cierto?", preguntaría pícaro antes de rematar sorprendiéndonos a todos: "... Porque yo sigo creciendo".
¿Sigue creciendo?
Sí, sí, hora de rebobinar el reportaje iniciado cuarenta y siete minutos antes, para comenzar a desandar la historia de Chiquito, el hombre más alto de Argentina.
"HABÍA LLEGADO A TOMAR 18 PASTILLAS POR DÍA Y A PESAR 80 KILOS: NECESITABA VOLVER AL MUNDO"

"Como consecuencia de la producción excesiva de hormonas del crecimiento, desde chico sufro gigantismo", subraya al inicio de la nota el caballero de las cuatro décadas nacido con 4,9 kilos y 76 centímetros el 21 de enero de 1986 en el Hospital Madariaga de Posadas, Misiones, a media hora de la localidad de Candelaria, adonde pertenecía su familia. "A los 12 años ya medía 1,95 y jugaba al básquet. Lo hice en los clubes Tokio y Alem. A los 16 había trepado a 2,13 metros", nos ilustra quien hace dos décadas y dos años decidió viajar los 1.005 kilómetros que lo separaba de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, para probar suerte en la gran ciudad. "A los 18 años me vine con un trabajo arreglado por un amigo, como cobrador en un garaje, frente a República Cromañón, en Once. Poco tiempo después surgió la posibilidad y me fui a jugar un año en Gimnasia y Esgrima de La Plata. Convencido finalmente que el básquet no era lo mío, de regreso me anoté en una empresa de seguridad y arranqué en la puerta de un boliche, Radio Estudio Dance, de Constitución. A partir de ahí, bueno..., ¿tenés todo el día para que te cuente?", sonríe Sergio por primera vez.

–¿Usted es de los que no pierden el humor?
-No puedo perderlo. Si vos supieras cómo estaba hace casi tres meses y cómo estoy ahora... Había caído en el Argerich con 80 kilos, cuando mi peso normal debería ser de un poco más de 100. Me acaban de pesar y estoy en los 140.
-Pocos menos del doble.
-Un montón, ¿viste?

-¿Cómo había llegado?
-Me trajeron. Entré con una muleta, casi no me podía parar. Muy flaco. Ayer, antes de subirme a la balanza, me preguntaron a cuánto creía que había aumentado, y contesté "hasta los 115 y 120 kilos...". Pero como te comenté, había subido a los 140 kilos. Por algo me siento pesado. El médico me felicitó: "Andás mejor que el primer día, ¿no...?".
-Mucho mejor, ¿verdad?
-Entré complicado al hospital. Imaginarte que una vez internado llegué a tomar a 18 pastillas por día. Después, 14 en distintos horarios.
-Y ahora, que acaba de salir, cuántas ingiere?
-Tres pastillas, cuatro con de la evita convulsiones. Estuve internado ochenta días. Finalmente pedí que me dieran de alta porque se me habían ido los dolores, me la pasaba todo el día acostado y necesitaba volver al mundo. "Cuando consigas un lugar cercano para vivir, así podemos controlarte, te damos el alta", me propusieron. Y sucedió. apareció una pieza en Devoto, cerca de la General Paz, y dejé el Argerich, de La Boca, al que retorno una o dos veces al mes para que controlen mi salud.
-¿Qué representa la cruz plateada que luce en el cuello y tímidamente acaba de tomar y acariciar?
-Me cuida todo el día. Soy muy creyente. Fue un regalo que me obsequiaron en el hospital para que me proteja.
"A ALGUNA GENTE MI ALTURA LE DA MIEDO, A OTRA SORPRESA"

"Estaba cargándome la mochila para irme a la inmobiliaria de Caseros en la que trabajo, cuando apareció en Crónica una nota en la que un señor, Carlos, preocupadísimo, pedía ayuda urgente desde Misiones para que alguien le notificara cómo se encontraba su hijo, quien -según supo por los medios- había entrado internado de urgencia en el Argerich tres días antes", recuerda Celia Martín González (incipientes 52), una vecina de José Ingenieros, partido de Tres de Febrero, que pronto se sintió movilizada ante el pedido de su coprovinciano:
"El señor decía que él cortaba pasto y que estaba tratando de juntar plata para comprar el pasaje y venirse, pero que le iba a costar llegar al dinero porque hacía dos, tres mil pesos por día. Si bien la notica se había convertido en tal porque su hijo era del argentino más alto del país, como a mí el hombre me recordaba a mi papá, sentí su desesperación y me puse en su lugar. A la vez, yo conocía el hospital de largas y duras noches acompañando a Rocío (uno de sus cuatro hijos, junto a Selena, Ricardo y César), que allí se había tratado su hidrocefalia. Así que busqué una bolsa, le metí un paquete de galletitas dulces y otro de saladas, compré en el mercadito chino mandarinas criollas -debilidad de los misioneros-, me tomé el colectivo 53 y me mandé a verlo...", recuerda la mujer de Eldorado, radicada en el Gran Buenos Aires tres décadas y media atrás y orgullosa abuela del pequeño Ciro.

Lo que continuó fue una pequeña odisea para dar con él: Marty no sabía el nombre del paciente pero había anotado el teléfono que el padre había mencionado en cámara "para que, si alguien averigua alguna novedad, me avise". Ella lo llamó y le explicó. El papá de Chiquito le dijo: "Se llama Sergio Daniel Gómez. Averigüeme por favor cómo está mi pibe, ¿sí?", casi le rogó, emocionándose). Acto seguido, Martina volvió a la carga y así, poco a poco, autorización interna tras autorización interna del hospital, accedió al cuarto piso -Neurocirugía, habitación 5042-, aguardando la hora de visitas (6 PM).
Cuando la enfermera le anticipó que "él está solo, triste y mal" y la invitó a acercarse, se le presentó. Reacio y desconfiado, él dudo. Martina González pronto lo contuvo: "Soy patita colorada como vos y le prometí a tu papá averiguar cómo estabas". "¿¡¡Papá!!?", se le iluminó la cara a Sergio. "Sí, sí. ¿Querés hacer una videollamada para verlo?". "Me encantaría...", reaccionó sorprendido. Finalmente concretaron la comunicación al celular de la hija del carpintero de enfrente de don Gómez porque él usaba un Nokia muy viejo con linterna que no tenía ni WhatsApp. Ahí Chiquito se relajó".

-... Menos mal que apareciste vos -de repente él lanza su vozarrón desde el otro lado del mostrador, adonde el diseñador Pablo Palacios le viene tomando las medidas que le permitan dar con los talles de la ropa que pretende obsequiarle-. Cuando apareciste vos apareció tu marido, Jorge Chileski, chofer de raparto de fiambres, que desde ese día siempre sabe darme una mano, sale a comprarme los remedios. Y apareció Darío Junco, que cierra su negocio de ramos generales para trasladarme en su camioneta y se la pasa pidiendo a sus proveedores ropa grande para mí. Y aparecieron Dani Muñoz y Fabián Bautista, el profe de folclore y maestro rural -ambos de Andresito, también nuestra Misiones- que tanto y tanto colaboran conmigo de manera desinteresada. Y aparecieron Abigail, Agustina (quien me regaló la crucecita) y Cali, que me donaron el televisor de un amigo que me hice en la internación, Jorge, y falleció. Y aparecieron tus amigas de la iglesia con interminables palabras de aliento y esperanza. Y aparecieron los chicos de la peluquería... Y tantas personas que vienen ayudándome para salir adelante. Porque sí, soy el argentino más alto, y suena lindo, pero me costó y cuesta mucho el día a día.

-¿Cómo es vivir con 2,28 metros en un mundo diseñado para dos terceras partes de esa medida?
-Por ejemplo bajar las escaleras me resulta complicado, por lo profundo de los peldaños. Así que los voy "cortando". ¿En en qué muevo, por ejemplo? Por ahí se piensa: "No va a entrar en un auto chico". Y sí, entro, pero necesito doblarme a full y cuando bajo me duele todo el cuello, me duelen las rodillas. Suelo cansarme ante los grandes esfuerzos o si me tengo que agachar. La lucha también es mucha cuando cambia el clima: me aparece un bravo dolor de huesos, de cintura. La altura ha sido y es una enorme complicación en mi vida, seguro. Igual...

-¿Igual?
-No voy a entregarme. Ahora estoy mejor. Entré muy maltrecho al Hospital Argerich -vuelve su memoria un cuarto de año atrás.
-¿Cuáles son los trabajos más extraños que ha hecho?
-Ufff, hasta laburé de "arbolito". "¡Cambio, cambio!" de moneda. Y en el Obelisco: iba todos los días, me ponía ahí, me sacaban fotos con la camiseta de Messi y con una bandejita pedía colaboración. Mi altura llamaba mucho la atención. A alguna gente le da miedo, a otra sorpresa. Así, en realidad, es mi día a día.

-¿De qué vive en la actualidad?
-Tengo una pensión no contributiva de unos 400 mil pesos. Sin embargo, busco hacer lo que sea, para vivir mejor. Estoy en Devoto, a un par de cuadras del shopping, en una pensión cercana a las avenidas Lope de Vega y Francisco Beiró. Entramos mi cama y yo, nomás. Así que además de trabajo ando buscando algo más cómodo -señala mientras Pablo Palacios lo invita a probarse la ropa que acaba de separarle.
"SUEÑO CON TENER UNA CASITA Y ABRIR UN VIVERO QUE ME PERMITA MANTENERME, PERO A DIOS SÓLO LE PIDO VIVIR UN DÍA MÁS DE VIDA"

"Che, Pablo, esta ropa me queda demasiado perfecta. No es cómoda, ¡es re-cómoda! Nunca usé pilchas tan perfectas. Sin palabras...", le agradece una treintena de minutos después al propietario de Palacios & Palacios el par de outfits que con paciencia de dedicado vendedor le fue probando y acaba de regalarle: un buzo de algodón cuello redondo 4XL, una remera de algodón peinado 3XL, un sweater de hilo de algodón 3XL, un jean elastizado talle 58, un jogger tipo bagui 3XL, una camisa de algodón T48 y un jogging friza Invisible 4XL.

El diseñador había conocido a Sergio una década atrás. "Cuando me enteré lo del Obelisco, lo ubiqué y contraté para que repartiera volantes de mi local y, eventualmente, se convirtiera en vendedor. A la semana, por circunstancias personales, debió viajar a su pueblo y le perdí el rastro. Hace poco días me enteré que se encontraba un tanto indefenso, volví a contactarme con él, y acá estamos", lo palmea Pablo Palacios (52), fundador de la única marca del país que se dedica a vestir y calzar a hombres de más de 1,90 m.

-¿Cómo se abastece por lo general de ropa, Sergio? -volvemos al entrevistado.
-En las ferias o en Once. Camino, pregunto dónde venden talles especiales y encuentro. Zapatillas sólo consigo de afuera. Calzo 56, bueno, ahora creo que 57. Las que uso ahora son 53,5 o un poco más. Me duelen algo cuando me las saco porque entran con los dedos un poco torcidos. Un zapatero cercano alguna vez me hizo unas zapatillas midiéndome los pies. Ésas sí calzaban muy bien, no me apretaban... Imaginate, Marty -apunta la vista hacia su "hermana del corazón"-, si atiendo mi vivero con ropa así -vuelve a sonreír, ahora frente al súper espejo del local desde el que luce la flamante ropa que acaba de oponerse.

-¿Vivero? -le consultamos.
-Mirá, yo necesito mudarme a un lugar un poquito más grande, ya que la habitación que alquilo es de 3 por 2,80 m: un poquito ajustadita ante mis dimensiones. Para lograr cambiar necesito trabajar de lo que que salga primero. Me doy maña en todo. Sólo debo cuidar las posturas exigentes porque mi contextura física me cansa. Laburé en seguridad, como te conté, pero debí dejar porque si estaba en blanco me cortaban la pensión. Y por a mi salud no podía correr ese riesgo. Lo del vivero viene de la mano con que, cuando consiga una casita donde vivir, me encantaría volver a vender plantas, como lo hacía antes... Ojalá la primavera me ayude a empezar con un pequeño emprendimiento de plantas. Soy bastante habilidoso con ellas.

-¿Y de dónde surgió ese amor por las plantas?
-Cuando laburaba en seguridad, como te conté, conocí a un muchacho que vendía. "Probá vos también, que te va a funcionar", me aconsejó. Y ahí empecé. Hoy no vendo plantas porque no cuento con un lugar, pero quiero tratar de empezar un pequeño emprendimiento de plantas. Cuando ellas están mal yo les doy vida. Si les falta algo, tierra, riego, o lo que sea, se los brindo hasta recuperarlas. Me doy mucha maña con las plantas.

-Usted sabe darles una mejor vida a las plantas y a la vez siente que en ellas encontrará una mejor vida para usted...
-Es que debo intentarlo por ese montón de gente que te mencioné y viene haciendo todo lo posible para que repunte. Yo, que tanto agradezco a Martina y a toda la gente que a través de ella llegó a ayudarme, quisiera destacar también a la gente del Hospital Argerich, al equipo de Endocrinología del Dr. Gustavo Varela , a los médicos, a las enfermeras, cocineros, personal de limpieza y seguridad, ¡a todos, por su amor! Ellos son enormes. Como Boca Juniors, el más grande, y lo digo con respeto para el resto de los clubes.

-A propósito de "grandes", ¿en serio todavía sigue creciendo?
-Sí, los doctores me dijeron que no paro de crecer. Es llamativo. Papá mide 1,65 metros y mis hermanos, Carlos junior, el mayor, y Ana Luz, la chica, 1,70. Pero mi madre (Josefa Gutiérrez), que falleció a los 36 años, cuando yo andaba en los seis meses (ni en fotos conocí), trepaba a 1,79 y tenía un hermano en Loreto, Corrientes, su tierra natal, de 2,10... La realidad es que los medicamentos que recibo a diario son sólo para controlarme. No me pueden operar porque se encuentra muy avanzado lo que tengo: mi gigantismo está causado por un tumor. La semana pasada sufrí convulsiones y tuvieron que llamar al SAME -vuelve a apretar la cruz plateada entre sus grandes dedos.

-¿Y qué le pidió ayer y le pide hoy a Dios?
-La verdad es que todos los días le pedí y pido vivir un día más de vida, y que me dé fuerzas para seguir y para ayudar a mi viejo.

-¿A su padre?
-Anda en los setenta pirulos y reside en nuestro pueblo porque nunca se adaptó a la ciudad. Al viejito lo llamo a diario para ver cómo amaneció -se detiene Sergio intentando controlar su emoción. Respira profundo v continúa-... El último Día del Padre, que tocó domingo 21 de junio, me cayó de sorpresa al hospital.
-Upa. ¿Y cómo fue eso?
-Muy fuerte. Él es así, un león. El hombre que se la rebuscó para dar conmigo como fuera desde Misiones. ¡Que hasta apreció en la tele para lograrlo! -vuelve a mirar a Martina González, su "hermana del corazón"-. ¿Te había Marty que cuando olí la mandarina criolla que me acercaste el día que nos conocimos y conseguiste contactarme con papá me sentí en mi provincia...?
-¿Cuán fuerte fue que don Carlos Gómez le apareciera en el Argerich el Día del Padre?
-Ufff. Creo que los médicos y los enfermeros lloraron más de la emoción que nosotros dos.

Producción: @LeoGente
Fotos: Diego García
Imágenes de álbum y video: Redes sociales y gentileza de M.G. y de P.P.
Filmación y redes sociales: Juan Rostirolla
Edición de video: Martina Cretella
Retoque de imágenes: Darío Alvarellos
Para colaborar con Sergio "Chiquito" Gómez contactarse con @martyjorge1010

















































