Hoy el mundo entero está hablando de él. No hay rincón de Hollywood (ni de las redes sociales) donde no resuenen sus declaraciones y, seguramente, por estas horas hasta Angelina Jolie y Jennifer Aniston ya leyeron cada una de sus palabras. Es que Brad Pitt decidió patear el tablero. A sus 62 años, el eterno galán abrió las puertas de su imponente mansión de cristal en Los Ángeles para una exclusiva mundial con la revista Esquire, y lejos del cassette promocional que suelen usar las estrellas de su calibre, se despachó con confesiones que dejaron a todos con la boca abierta.

"Cosas de familia": el dolor más profundo
El elefante en la habitación siempre es su vida privada. Su escandaloso y eterno divorcio de Angelina Jolie, sumado al doloroso distanciamiento con sus hijos (quienes incluso decidieron borrarse el apellido Pitt), fue el terreno más pantanoso de la charla. Y aunque no dio nombres propios, no esquivó el bulto.
"Hubo una época de mi vida en que el dolor era tan opresivo que no veía ninguna salida", confesó a corazón abierto dando a entender que llegó a pensar en terminar con su vida. Explicó que, si bien su "optimismo congénito" lo salvó de lo peor, llegó a entender por qué algunas personas buscan un alivio extremo frente a un sufrimiento insoportable.
Y cuando el periodista fue directo y al pie, y le preguntó si ese abismo emocional tenía que ver con sus hijos, la respuesta de Brad fue cortita pero letal: "Cosas de familia", asintió con la mirada fija. "Podemos dejarlo en eso". Un límite claro para proteger la intimidad, pero que confirma la herida abierta. Hoy, su mantra para sobrevivir a la angustia es la pura aceptación: atravesar el dolor hasta el agotamiento, esperando el día en que todo vuelva a verse "un poco más soleado y el aire un poco más dulce".

La verdad sobre su recaída
Otro de los bombazos de la entrevista fue su relación con el alcohol. Recordemos que en 2020, Pitt le agradeció públicamente a Bradley Cooper por haberle tirado un salvavidas para dejar de beber. Sin embargo, el camino de la sobriedad tuvo sus tropiezos.
Brad confirmó que logró estar completamente limpio durante siete años, pero admitió, sin vueltas, que recayó. "Un par de veces me confié demasiado y pensé: 'esto no me conviene. No en grandes cantidades'", soltó con total honestidad.
¿Cómo maneja el tema hoy? Asegura que puede tomarse un par de copas de vino, pero con sumo cuidado. "Tengo que tomármelo con profesionalidad", bromeó, dejando en claro que a esta altura del partido prefiere disfrutar del lujo de despertarse fresco por la mañana antes que perderse de nuevo.

Un regreso al cine con todo y su fobia a la IA
Pese a los tsunamis personales, a nivel laboral está imparable. Viene de meter una racha de trabajo ininterrumpido récord, y en la década de los sesenta va por más. No solo se viene el estreno gigante de F1: La película y la desgarradora cinta En el corazón de la bestia (donde interpreta a un exsoldado que sobrevive a un accidente aéreo en Alaska), sino que se prepara para el reencuentro que todos los cinéfilos estaban esperando. Es que Brad volverá a ponerse en la piel del carismático doble de riesgo Cliff Booth (el papel que le dio el Oscar) en un proyecto explosivo escrito por Quentin Tarantino y dirigido por su gran amigo David Fincher.
Eso sí, si bien el cine avanza a pasos agigantados, Pitt le puso un freno de mano a la Inteligencia Artificial.

Entiende que la tecnología sirve para abaratar costos, pero se niega en rotundo a que una máquina o un algoritmo se adueñe de su imagen. "Me llevan escaneando veinte años y siempre incluí en mi contrato que los escaneos me pertenecen y que los destruyo", reveló entre risas. Además, fiel a sus raíces, remató: "¡Soy un chico paranoico de los Ozarks!" (en referencia a la región rural y montañosa de Missouri donde se crio, famosa por ser de gente de campo, sencilla y tradicionalmente desconfiada de tanta tecnología moderna). Para él, la transpiración, las decisiones y la emoción humana frente a cámara no se negocian.
Fotos: Fotonoticias


