"Thank youuu...!!!!!!”, gritó de arranque al ver, tomar, extender y palpar la camiseta del Seleccionado Argentino. “¡¡¡¡¡¡Noooooo!!!!!!”, alargó aún más el asombro al girarla y ver su nombre, ROGER, estampado arriba del número 10:
–Es para que se prenda en un picadito con Messi –le sugería el periodista de GENTE.
–¿Con Lionel? –preguntaba entusiasmado mientras comprobaba, midiéndola de hombro a hombro, que el large de la t-shirt calzaba perfecto en el torso de su 1,85 metro de 85 kilos.
–¿Lo conoce en persona?
–No. Una lástima. ¡Qué talento! Me encantaría cruzármelo alguna vez. A Maradona sí lo he visto.
–Messi, Maradona, Federer. Imposible -porque los humanos vivimos comparando- no consultarle quién de los tres es más grande en el deporte.
–Mira, Maradona ya escribió una gran historia. Messi y yo recién lo estamos haciendo. Además, lo mío es el tenis.
–Lógico, aunque aparte de practicar básquet, bádminton y ping-pong, de chico usted también jugó en las inferiores del Fussballclub Basel, ¿no?
–Sí, pero me parece que esta camiseta ayer le sentaba mejor a Diego y hoy le sienta mejor a Lionel –reía, apretujándola en su puño derecho y volviendo a agradecer el obsequio, para luego continuar la entrevista...

Sí. Hay fotos que envejecen. Hay entrevistas que se vuelven documentos. Y hay visitas que, con el paso de los años, dejan de ser simplemente una visita para convertirse en historia. Una de ella fue la que publicamos el 18 de diciembre de 2012, en nuestra edición Nº 2474, con el entonces Nº1 del tenis, que había llegado por primera vez a la Argentina. El suizo ya era leyenda: multicampeón de Grand Slams, rey de reyes en Wimbledon, dueño de récords que parecían imposibles y protagonista de una época que cambió para siempre la historia del tenis. Sin embargo todavía faltaba esa foto: la de Federer en Buenos Aires, descubriendo un país que hasta entonces sólo conocía por referencias. Por ello, a catorce años de aquella visita y cuando el calendario marca que hoy 8 de agosto se cumplen 45 de su natalicio, recuperar aquella nota -que a continuación recorremos tal cual se publicó- no sólo nos parece un guiño simpático de nuestro archivo, sino una obligación, parte del legado que dejó impreso en su leyenda una de las más ricas que conociera el deporte mundial.
VINO, NOMÁS: "HACE DOS, TRES AÑOS, QUE DESEABA PISAR ARGENTINA"

“No conocía Sudamérica. La gira que emprendí unos días atrás me lo viene permitiendo. Pasé por Venezuela y Brasil y continuaré en Colombia. Sucede que en lo puntual hace dos, tres años, que deseaba pisar la Argentina. Me hablaron tanto de su calidez”, nos explicaría Roger Federer (31 por aquellos días), el martes al atardecer, al descender de un vuelo privado en el Aeroparque Jorge Newbery. Tal cual: nos lo explicaría el, hasta entonces, mejor jugador de la historia del tenis. Porque para esa fecha nadie como él había permanecido 302 semanas en el Nº1 del ranking de la Asociación de Tenistas Profesionales. Nadie como él había ganado 17 títulos de Grand Slam. Nadie como él había logrado 853 victorias profesionales en individuales. Nadie como él había conseguido 244 triunfos en los cuatro torneos grandes. Nadie como él había atesorado en ganancias deportivas –contratos publicitarios al margen– 74.054.777 millones de dólares. Nadie, como él... mejor dejaremos los récords acá, porque, de seguir mencionándolos, no nos alcanzarán los caracteres disponibles para esta presente nota.
CAUTIVÓ, NOMÁS: "HAGO MUCHAS COSAS MAL, POR EJEMPLO COCINAR"

No bien arribado a Tigre, embelesó a los 70 fanáticos que ansiaban divisarlo en la entrada del Hotel Intercontinental Nordelta, y a los 500 enviados de prensa (cifra sin precedentes cercanos) que invadimos el Salón de los Sauces. Allí, a la media hora de que Guillermo Vilas y José Luis Clerc, protagonistas del partido exhibición previo al de Federer-Del Potro, bromearan tratándose de “abuelos”, ayudándose a caminar, abrazándose y adelantando que “mañana y pasado mañana nosotros nos vamos a reír dentro de la cancha, y el público va a llorar afuera, en las tribunas”. Después de ello -decíamos-, ante una expectativa inusitada, Roger entró a la conferencia de prensa secundado por Juan Martín. A lo largo de 45 minutos declaró no sentirse un extraterrestre ni un superhéroe (“Hago muchas cosas mal, por ejemplo cocinar, y suelo sufrir normales dolores físicos”), se mostró sorprendido “y halagado de que su Presidenta me haya invitado a ¿Olivos, entendí?” (“¡Voy a sacarle fotos!”, comentó) y adelantó que “muero por probar el vino tinto local y el asado”.
DISFRUTÓ, NOMÁS: "LO QUE SÍ SÉ ES QUE NUNCA DEJARÉ DE COLABORAR CON QUIENES LO NECESITEN"

Deseo (paladear el vino tinto Malbec y el asado) que cumpliría al par de horas, durante un almuerzo íntimo al que GENTE pudo acceder, y en el que Guillermo Marin –promotor empresarial del viaje– le confesaba que su llegada “acaba de consumar uno de los grandes sueños de mi vida”; al tiempo que el intendente Sergio Massa –promotor político– le enseñaba a pinchar los chorizos sin que manchen, y le agradecía “la deferencia de viajar desde tan lejos” (por cuestiones impositivas, el suizo reside en Dubai). “Los argentinos me han ido a ver jugar en todo el mundo, era hora de que yo venga a verlos a ustedes”, devolvió Federer a lo Federer, antes de –entrada la tardecita– vestirse de traje y salir a conocer el Estadio Pipa (“Me recuerda al Arthur Ashe de Flushing Meadows, el mayor del planeta, para 23.200 personas”, murmuró atónito), donde se desarrollaría la cena a beneficio de Tigre Educa, el Programa de Becas del Municipio y la Asociación Conciencia. “No sé si en un futuro me dedicaré a los negocios o a qué. Lo que sí sé es que nunca dejaré de colaborar con quienes lo necesiten”, abrió su corazón en la mesa (1.500 pesos per cápita: se recaudaron tres millones) que compartió con Del Potro y su novia en aquellos tiempos, Stephanie Demner, José Luis Clerc, Jorge Rial, Loly Antoniale, Marin y Valeria Archimo, y Massa y Malena Galmarini.
APLAUDIÓ, NOMÁS: "UNA FOTO, UN AUTÓGRAFO, ES LO MÍNIMO QUE SE MERECEN QUIENES SE LA PASAN COMPRANDO UNA ENTRADA"

Tras visitar a Cristina Fernández de Kirchner en la quinta presidencial, tomarle algunas instantáneas y tentarse cuando la mandataria aclaró a viva voz: “Ojo, chicas, que pese a que es hermoso, sólo habla de su mujer (Miroslava Mirka Vavrinec) y sus mellizas (Myla Rose y Charlene Riva)”, el miércoles 12/12/12 retornó a la flamante construcción tubular a orillas del Delta para encabezar una clínica infantil en nombre de la Fundación Baccigalupo y de Olimpíadas Especiales. “Me divertí una barbaridad”, lanzó rumbo a una siesta de descanso, asegurando no recordar “la cantidad de autógrafos y fotos que me saqué”, aunque admitiendo, “¿cómo no hacerlo? Un autógrafo, una foto, es lo mínimo que se merecen quienes se la pasan comprando una entrada, ponderándome, alentándome”. El descanso en su cinco estrellas lo prepararía para la esperadísima noche de debut, sobre la superficie veloz de 23,77 metros por 10,97 ubicada dentro del predio de Perú y Los Alamos: un sitio rebosante de marcas, restós y diversos vips que abrió sus puertas a las 17 y se mantendría encendido hasta la madrugada. “Imponente el lugar, imponente el ambiente, ¡imponente el cariño!”, aplaudió el europeo avanzando a la par del no menos incrédulo Robert, su padre (la mamá se llama Lynette), quien contemplaría el desafío de elite desde un palco.
BRILLÓ, NOMÁS: "¿MI ÚNICA CLAVE? SABER ORGANIZAR LOS DÍAS ENTRE LA FAMILIA, EL ENTRENAMIENTO Y EL OCIO"

Luego de cenar el jueves hasta las cuatro AM en la Mansión Algodón, de Montevideo 1647 (uno de sus “centros de operaciones”, junto al Intercontinental), en compañía de Gaby Sabatini, Paola Suárez y su marido, Francisco, y unos amigos arribados de Madrid, Roger amaneció cerca de las 10, para partir hacia el Buenos Aires Design, en Recoleta, y seguir cumpliendo obligaciones contractuales locales de los sponsors de la gira. En su auditorio, repleto (alrededor de 300 asistentes), RF relató que uno de los secretos de su éxito radica en “mi condición de suizo. Es más difícil ser atleta en tu país que el mío. Aquí la pasión del público y de la prensa te alimenta y a la vez te acerca una presión extra”. ¿Mi única clave? “Bueno, me ha ayudado en la carrera saber organizar los días entre la familia, el entrenamiento y el ocio”. A continuación recibió de obsequio una camiseta de La Dolfina, de manos de Adolfito Cambiaso, posó con la replica del dibujo animado del paya so Plim Plim y uno de sus creadores, Guillermo Pino (el otro, Claudio Pousada), y se dirigió a la Boca.
Y PARTIÓ, NOMÁS: "NO PIENSO RETIRARME PRONTO, PERO SÍ VOLVER PRONTO"

Ingresó emocionado a la Bombonera, se prendió en cierto fútbol-tenis improvisado junto a un doble suyo caracterizado por una marca (símil humano que respondía “Roger Federer” cuando se le consultaba su nombre real), agradeció la deferencia y el respeto de Gabriel Batistuta, Rolando Schiavi, Sebastián Battaglia y Daniel Angelici, y voló en helicóptero, a disputar el segundo y último encuentro. Apenas descendido, en un salón de ocho por seis metros lindante al vestuario, y atentos al pedido de los preparadores físicos de Roger y Juan Martín de no sacar fotos ni distraerlos, él y Del Potro calentaron quince minutos, a fuerza de elásticos y trote, con GENTE como testigo exclusivo. Sudado y concentrado, portando un raquetero (no trajo el suyo y Gregorio De la Torre, mexicano y director de Wilson para América latina, le prestó el de su hija Sofía), y en tránsito hacia el rectángulo celeste, hacia la red, hacia las pelotitas verdes, hacia los árbitros y hacia cada uno de los 19.576 gritos de devoción incondicional que empezaban a invadir el estadio, el gentil muchacho que todos aman, reverencian y respetan se acercó al oído de Marin, y entonces le susurró: “Guille, fue el mejor viaje de mi vida. No pienso retirarme pronto. Lo que sí pienso es... volver pronto”.

Producción: @LeoGente
Fotos: Archivo Atlántida ([email protected])
Cobertura de Archivo: María Luján Novella (113903-8464)
Infografía: NotebookLM
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