Hay algo que Diego Topa repite como mantra desde que se convirtió en papá: nunca dejar de soñar. La frase, que hoy le devuelve a su hija Mitai (6) cada noche antes de dormir, es la misma que le dejó su abuela como legado antes de partir. Y es, también, la mejor síntesis de un hombre que construyó una carrera entera –de Junior Express al millón de suscriptores en YouTube– sobre la convicción de que la infancia, propia y ajena, nunca deja de tener trabajo pendiente.
El actor y productor, que hizo bailar a generaciones enteras detrás del personaje de Topa, hoy suma un rol nuevo: el de padre que aprende en tiempo real. Con su hija nacida en Estados Unidos en plena pandemia, lejos de la familia y con una gestación subrogada que lo obligó a permanecer seis meses fuera del país, Diego atravesó ese primer año como una prueba de fuego que hoy convirtió en materia prima de su nuevo podcast, ¿Qué come mi bebé?, junto a la pediatra Evangelina Cueto.

En esta charla con GENTE, Topa repasa la infancia humilde que lo formó –esa en la que un frisbee era una tapa de lata de dulce de batata–, el equilibrio que construye día a día con su pareja, Hugo Rodríguez, y la ternura con la que Mitai bautizó a sus dos papás. Entre risas, quiebres de voz y un secreto que revela por primera vez sobre la canción que identifica a su nuevo proyecto, el hombre detrás del ícono deja ver, quizás como nunca, al chico que todavía se trepa a los árboles.
El desafío de hablarles a los padres: un nuevo espacio de aprendizaje
–Has hecho muchísimas cosas, pero lo nuevo que nos sorprendió es este nuevo podcast. ¿Cómo fue la propuesta y cómo te sentís en ese ámbito?
–Estoy feliz. La verdad que la producción es divina y ese lugar me encanta. Fui como invitado a Criemos Libres, una plataforma que acompaña la crianza de los más chiquititos, y me gustó tanto que la gente de producción me propuso hacer este podcast. Nunca había hecho algo específicamente para las mamás y los papás, y me encantó la propuesta.
–Es un enfoque distinto a lo que venís haciendo con los chicos, ¿no?
–Totalmente. Estoy acompañado por una pediatra divina, Evangelina Cueto. Entre los dos, abordamos casos reales sobre la alimentación en el primer año de vida en el podcast ¿Qué come mi bebé?. Es un lugar hermoso porque las familias, que ya me eligen por la música, ahora escuchan mi mirada como papá. En la calle me dicen que es hermoso porque hoy hay mucha sobreinformación y es difícil saber a quién escuchar; uno siempre quiere darle lo mejor a sus hijos.

De sobrevivir a la pandemia a la paternidad a flor de piel
–Ahora ya tiene 6 años, pero cuando apenas la tuvieron en brazos, ¿cuáles eran los miedos con los primeros tiempos de Mitai?
–A mí me tocó una difícil porque fue en pandemia. Estábamos solos en Estados Unidos, lejos de la familia y amigos en Argentina. Fue un gran desafío. Como hicimos subrogación de vientre, nos quedamos allá seis meses y el Dr. Cotón, nuestro pediatra allá, nos acompañó muchísimo porque para nosotros todo era la primera vez. Uno se puede equivocar y hay que permitirse eso, pero siempre le pusimos mucho amor. En el podcast usamos esa experiencia para empatizar con lo que pasan otros padres.
–De todos los casos que trataron en el podcast, ¿cuál fue el que más te conmovió o te desafió?
–Todos pasamos por algo en cada etapa. Nosotros la pasamos bastante "heavy" con el tema de la intolerancia a la leche y las alergias allá en Estados Unidos. Buscar la fórmula adecuada fue todo un lío. Por eso, encontrar un lugar con una especialista como Eva para evacuar dudas es fundamental para no sentirse solo.
–Se nota que pegaste mucha onda con Eva, ¿le hacés consultas fuera del aire también?
–¡Me re ignora! (risas). No, mentira, el otro día la llamé a las 11 de la noche porque estábamos con un tema de una alergia fuerte, con mucha picazón y gritos, y enseguida nos direccionó. Es bárbaro porque se armó un círculo hermoso; yo también acompaño a su hija desde otro lugar.

El perfil paternal: entre la protección extrema y la nostalgia de la infancia
–Y en el día a día, ¿sos un papá miedoso?
–Con la alimentación no tuve miedo de que se ahogara, siempre tratamos de transmitir confianza. Pero soy miedoso con otras cosas: el cuidado en la calle, los peligros… soy re pesado con las advertencias. Creo que veo un poquito más allá. De chiquito ya era así, cuidaba a mis hermanos y primos. Mi mamá no sé cómo está viva porque nosotros éramos tremendos; yo vivía trepado a los techos y árboles.
–¡Totalmente! Y ni hablar de la alimentación de antes, comparada con la de ahora.
–¡Olvidate! Antes comíamos cualquier cosa que se caía al piso, ni pensábamos en la cadena de frío. Hoy lo pienso y digo: "¿Cómo hacíamos?".
–Sin contar que era súper normal volver a la casa a cualquier hora...
–Yo no sé, me iba y no volvía hasta la noche. Y acá estamos. ¡Sobrevivimos! Sí, somos sobrevivientes. Pero de verdad.
–¿Recordás alguna travesura muy tremenda de chico?
–Mi mamá me quiere matar, hice miles. Como éramos una familia muy humilde, no teníamos tantos juguetes y jugábamos con lo que había en el patio. Una vez, como no teníamos un frisbee, usamos las tapas de las latas grandes de batata. Casi le saco un ojo a mi hermano. También otra vez quise ver cómo era un Magiclick por dentro y lo dejé a mi hermano Walter todo marcadito (Risas).

La familia como pilar: trabajo en equipo y raíces profundas
–¡Pobre Walter! Pero hoy trabajan juntos, ¿verdad?
–Sí, lo amo. Es productor y labura conmigo a full, es mi mano derecha. Incluso fue mi doble en Junior Express, hacía la nuca de Topa y de Arnoldo; le devolví mucho amor después de lo que le hice de chico. Mis viejos hicieron las cosas bien, nos enseñaron mucho los valores y somos muy unidos. Mi otro hermano, Edgardo, es jefe en un laboratorio. Los tres somos técnicos químicos.
–¿Te acordás de algo de esa etapa o aplicás algo de química hoy?
–No me acuerdo de nada, aunque terminé con todo 10. Es que soy súper exigente en todo lo que hago; no concibo hacer las cosas de otra manera que no sea bien.
–¿Qué cosas te ponen mal o te sacan de eje?
–Me pone mal cuando no valoran el respeto, el compromiso o el profesionalismo. Para trabajar conmigo, el buen trato es fundamental. Soy de Libra y cuando hay mala energía me incomodo muchísimo. Soy re sensible.
–¿Y la Luna dónde la tenés?
–Uy, siempre me preguntan lo mismo y me lo olvido. Tengo memoria a corto plazo con eso. Pero la tengo en un lugar muy maternal. De hecho siempre me dicen: "Uy, pero tenés la Luna…". No, claro, ahora entiendo todo.

–Sentís que esa sensibilidad influye en cómo sos como papá?
–Totalmente. Tengo una energía muy maternal y paternal. Me sale "paternar" a todo el mundo: a mis papás, a mi hermano, a mis amigos, a mi pareja (Hugo Rodríguez, interpretaba a uno de "Los Rulos" conocido como Rulo Carlos). A veces tengo que buscar el equilibrio porque eso te quita un poco de libertad, pero es porque quiero cuidar a la gente.
Vida cotidiana, amor de hogar y la rutina con Mitai
–¿Y cómo se dividen las tareas en casa con tu pareja?
–Nos vamos turnando. Yo soy muy de la mañana, me encanta levantarme y llevar a Miti al colegio. Diego es más nocturno, así que cuando yo ya no tengo energía a la noche, él toma la posta. Los dos trabajamos para lo mismo porque él también se dedica al mundo infantil.
–Eso es genial, ¿están haciendo algo juntos ahora?
–¡Sí! Estoy produciendo su canal de YouTube que se llama "Que lío Hugo". Es un proyecto familiar; de hecho, la que canta la canción de Que Lio es nuestra hija, Miti. Esto no lo sabía nadie. Ella está en la creación, él lo produce y yo estoy como productor inversionista con mi productora. Así que nada, nos encanta trabajar en familia.
–Qué lindo que Miti crezca en ese ambiente de valores y diversidad. ¿Cómo viven ustedes como familia esa normalidad hoy en día?
–Lo vivimos de una manera súper natural. Por suerte el mundo cambió y hoy me muevo con mucha paz. En la escuela somos una familia más. Yo no me autopregunto nada ni me… nada. O sea, nosotros vamos a la escuela y no estamos pensando "ay, somos una familia homoparental", nada. A Miti no le salía decir Diego, así que me dice "Papá Tebo" y él es "Papá Ubi". Nos dicen todos "Papá". Y nos da mucha ternura eso.

–¿Y a Miti le gusta ir al colegio o es de las que prefiere quedarse en casa?
–El colegio le gusta, pero le cuesta un poquito levantarse. Siempre la levanto con algún juego y arranca. Es muy amiguera y está súper atenta al otro. Por ejemplo, tiene una amiguita celíaca y cuando vamos al súper siempre me dice: "Pa, ¿esto lo puede comer Emy?". Me encanta que a los 6 años ya tenga esos valores de cuidar al otro.
–Es una etapa de mucho aprendizaje. ¿Cómo manejás el tema de las pantallas con ella?
–Es la eterna lucha de todos. No puedo decirle que no las use cuando yo mismo trabajo para la pantalla. Pero buscamos el equilibrio. Ella está todo el día en el colegio y después hace actividades como ballet, jazz o comedia musical. Cuando llega a las 7.30 de la tarde, cansada, la dejamos mirar un ratito la tablet para que se relaje.
¿Y ella consume tu contenido? ¿Qué le pasa cuando te ve?
–¡Le encanta! Me propone cosas y me hace capturas de pantalla cuando YouTube me sugiere.
–Hablando de eso, ¿cómo es esta nueva etapa tuya como empresario en un contexto tan difícil?
–Yo creo que en los momentos difíciles es cuando más hay que poner el cuerpo y el profesionalismo. Y lo digo de una forma circular, ¿no? O sea, yo empiezo a hacer un trabajo, me va bien y lo que gano también lo reinvierto, y reinvierto. Y quiero que sea mejor, y el año que viene mejor. La pandemia fue muy dura para los que hacíamos arte escénico; tuve que cerrar mi productora y fue un volver a empezar. Pero estoy resurgiendo, generando nuevos contenidos y produciendo a otros artistas como Los Meñiques de la Casa, que es un grupo muy muy conocido de México y Colombia, y me pone contento también hacer eso, o acompañando a mi amiga Muni. Y bueno, también tengo mis productos, ¿no?: con mi canal de YouTube llegué al millón de suscriptores hace muy poquito, que para mí es un montón y le ponemos mucho amor. Y sobre todo esto que te decía: volver a la primera infancia.

–Claramente es una etapa que te está tocando nuevamente una fibra muy tuya.
–Te juro que estoy como loco. ¡Hasta me dan ganas de ser papá otra vez, te digo! Es que los veo tan cachorritos, son hermosos. Porque claro, crecieron conmigo un montón, con Junior Express, con todo, pero volver a la primera infancia con las canciones que estoy haciendo… No te das una idea la cantidad de cachorritos que hay por todos lados. Me desespera, que están, que bailan, que te miran, que te quieren agarrar. Son increíbles.
– ¿Cómo trabajás las canciones ahora que ya sos papá pensando en reversionar los clásicos para los niños?
–Bueno, la verdad que me pasa que tengo muchos clásicos reversionados porque también me gusta eso, y después tengo canciones originales que las hacemos con Fede Montero y con Alberto Mantovani de Alman Kids, porque mi productora musical para chicos está en Italia.
–Además de eso, se te nota muy entusiasmado con los nuevos proyectos musicales.
–Estoy muy feliz. Grabo mis canciones en Italia con el mismo productor de Luli Pampín. Cuando les mostré lo que hacíamos para Que lío Hugo, les encantó tanto que decidieron llevarlo a todo el mundo y traducirlo a todos los idiomas. Fue una idea de él (de su pareja) que me pareció bárbara desde el principio.
–Se nota que hay mucha admiración mutua ahí.
–Es que el enamoramiento viene con la admiración. Hugo tiene una sensibilidad y una sutileza increíble para cuidar los productos. En la época de Junior Express nos quedábamos hasta las 5 de la mañana escribiendo guiones; creo que el éxito de ese programa fue por todo el amor que le poníamos.

El renacimiento de Topa: del regreso más esperado a sus ganas de volver a ser padre
–¿Existe la posibilidad de que vuelva Junior Express?
–Te cuento que... ¡estoy soñando fuerte con eso!. Mi deseo es que vuelva en el formato que sea: serie, película o teatro. Estoy hablando con mi familia de Disney y creo que va a haber una sorpresa. Siento que la gente necesita conectar con la emoción y yo quiero devolver un poquito de esa magia.
–Disney hoy en día ya es parte de tu identidad, ¿no?
–Está en mi ADN. Me dejaron volar y todo lo que viví después de la pandemia me hizo más fuerte y creativo. Y todavía tengo mucho por dar.
–¿Qué es lo que más te llega de la gente después de tantos años?
–El otro día recibí una carta de una chica de 23 años que me hizo llorar. Me decía que gracias a mis canciones ella podía "viajar en el tiempo" y encontrarse con su niña interior en momentos difíciles. Me puso frases de mis canciones que le enseñaron a hacer lo que le gusta: Esas semillas que plantamos hoy son flores que me perfuman todo el tiempo. Agradezco ser Topa todos los días.

–Tu apellido ya es una marca registrada, pero seguís manteniendo esa esencia de barrio.
–Sigo siendo ese chico que se trepaba a los árboles y soñaba. Ver el orgullo de mis papás cuando vienen al teatro es mágico. "Nunca hay que dejar de soñar porque si no, las cosas se apagan": ese es el mensaje que le doy a mi hija.
–Para cerrar, ¿qué le dirías hoy a ese Dieguito que se trepaba a los árboles?
–Le diría que nunca deje de jugar ni de soñar. Que en la vida va a haber piedras pero hay que sortearlas y seguir sonriendo. Como me dijo mi abuela antes de partir: "Que siga dando luz, porque soy un sol para muchos". (Se quiebra) ¡Y lloré otra vez!
Fotos: Chris Beliera
Retoque fotográfico: Roshi Solano
Make up y pelo: Mariana Boe
Estilismo: Gimena Padial
Material audiovisual: Martina Cretella
Agradecemos a: Bolivia, Converse, Sastrería Windsor,
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