Jana Maradona, íntima en medio del juicio: desde su "identidad secreta"y su militancia feminista, al día en que logró que su padre piense distinto – GENTE Online
 

Jana Maradona, íntima en medio del juicio: desde su "identidad secreta"y su militancia feminista, al día en que logró que su padre piense distinto

Jana Maradona
En una charla profunda con GENTE, la hija del Diez rompe el silencio y analiza la dualidad de su presente: el dolor por el proceso penal que investiga el fallecimiento del astro y el refugio en sus grandes pasiones. Además, revela la herencia más tierna expresada en tardes de básquet y pistachos, y las batallas culturales que se animó a darle al ídolo en la mesa familiar.

El presente de Jana Maradona está signado por la dualidad: mientras pone el cuerpo en el complejo y doloroso debate oral que investiga la muerte de su padre –donde ocho profesionales de la salud se encuentran acusados de homicidio simple por comisión por omisión bajo la figura de que el abandono de persona derivó en el fatídico 25 de noviembre de 2020–, ella decide refugiarse en sus pasiones más profundas y rescatar aquellos momentos que la unieron para siempre a Diego Armando Maradona.

Lejos de la mirada pública, Jana revela que posee un trasfondo académico que pocos conocen y al que define, entre risas, como su "identidad secreta". Guiada por los recuerdos de su propia infancia, marcados por la búsqueda de su filiación, la hija del Diez y Valeria Sabalain cursó "cuatro años de la carrera de Abogacía en la Universidad de Buenos Aires (UBA)" tras finalizar el colegio secundario.

"A mí el derecho me dio mi identidad, me dio este presente y, básicamente, toda mi vida", asegura Jana Maradona en charla con GENTE.

"Toda mi vida, mis primeros recuerdos desde que nací, están rodeados de abogados, de juicios y de intentar entender esas cosas. A mí el derecho me dio mi identidad, me dio este presente y, básicamente, toda mi vida", dice en una larga conversación con GENTE.

Según explica, sus primeras memorias desde que nació están rodeadas de leyes y tribunales. El derecho no solo le brindó las herramientas para comprender su realidad, sino que le dio su propia identidad y su presente. Su meta original, cuenta, era transformarse en "un nexo de contención y aportar una luz de esperanza a quienes hubieran atravesado situaciones tan complejas como la suya". Sin embargo, la inesperada partida de su padre en plena pandemia la obligó a poner una pausa obligada en el estudio.

"Desde que mi papá no está, este juicio es algo que no me deja vivir tranquila. Es un pendiente que necesito que se desarrolle y se resuelva", dice Jana.

De su faceta desconocida y su militancia feminista, al día en que logró que su padre piense distinto

El dolor y la necesidad de canalizar sus emociones la empujaron hacia una faceta artística que mantenía oculta: el universo del maquillaje. Dejó atrás el marco normativo para zambullirse de lleno en el color, los backstages y la caracterización teatral. No tanto como necesidad de maquillar la realidad –más bien todo lo contrario–, sino como vía escape al destino posible de toda "hija de" del espectáculo, esas que siguen el mandato de hacer algo mediático con la herencia de llevar un apellido célebre.

–¿Cómo es que aparece el make up como arte de expresión?

–No es que apareció de la nada, sino que se puso como protagonista de mi vida. Empecé un poco con la música, en mi casa, con una consola de DJ y mezclando. Por otro lado, el maquillaje siempre me atravesó. De nena jugaba con los cosméticos de mi mamá, a ella le gustaba mucho salir a bailar y tenía de todo; y yo me pintaba mucho con eso.

En este nuevo camino, Jana destaca una figura fundamental que ofició como su mentor y gran maestro: el reconocido maquillador Gervasio Larrivey. Fue en sus clases donde perfeccionó las técnicas que hoy aplica con total dedicación, encontrando en el diseño de personajes y en la creación de conceptos visuales para desfiles y campañas su verdadero espacio de felicidad y desconexión. "No digo que me sienta consagrada, porque sigo aprendiendo e instruyéndome, estoy en esa etapa, pero por lo menos sé lo que me gusta", subraya.

En el recientemente inaugurado estudio de make up de su amigo Gervasio, donde Jana descubrió su nueva pasión y seguirá tomando clases como maquilladora.

–Es hermoso ir descubriendo el camino. La abogacía, ¿la sentís como un asunto pendiente o es algo que ya dejaste atrás?

–Yo amo el derecho. Para mí lo atraviesa todo: desde las sillas en las que nos sentamos hasta la mesa de un lugar, todo tiene un marco jurídico. Y, sobre todo, es una herramienta para transformar el mundo, para bien y para mal. Yéndome muy a lo profundo, la Segunda Guerra Mundial y la Alemania nazi estaban íntegramente estructuradas bajo un derecho. Pero así como puede ser utilizado para lo malo, también puede transformar vidas enteras para bien. Pienso en leyes como la Ley Micaela u otras normas que llevan los nombres de chicas que ya no están, pero que hoy les dan un marco de protección a las mujeres. La sociedad evoluciona y esa herramienta legislativa me parece fundamental.

–Solés involucrarte bastante e ir a las marchas...

–Sí, me parece fundamental apoyar. Con mis amigas siempre decimos que las marchas nos llenan de energía porque sentimos que somos parte de algo muy grande e importante, y además sentís que no estás sola. Sabés que la otra persona quizás pasó por algo similar a lo que vos pasaste, algo que lamentablemente es injusto por el mundo en el que vivimos, pero que estamos todas buscando algo mejor para nosotras, para nuestro presente y para las generaciones futuras. Yo me lo tomo con mucho compromiso.

"A mí el feminismo me cambió la vida", explica la hija del Diez.

–Está el saberse acompañada. Y es algo más complejo que estar simplemente codo a codo.

–Es saber que tenés una contención posible, que alguien te va a entender bajo ese mismo código. A mí el feminismo me cambió la vida. Siento que devela un montón de situaciones que antes naturalizábamos, te genera preguntas, te plantea una incomodidad pero también te da un marco. Te ayuda a entender por qué te pasa lo que te pasa o por qué te sentís incómoda frente a determinados escenarios.

–Eso también te lleva a revisar cosas del pasado. Se ha apuntado a tu papá en relación a un vínculo con una menor. Más allá de la situación en particular, ¿cómo te interpela a vos?

–Por supuesto que me atraviesan; soy parte de este movimiento. Yo no me puedo hacer cargo de esas cosas porque realmente no las sé. Pero en su momento hemos hablado un montón de cosas con mi papá y creo que él también entendió muchas de las luchas que yo llevaba adelante. Tengo un orgullo personal muy lindo de una vez que estábamos en una reunión familiar y yo me puse a discutir por una de estas cuestiones. Él al principio se mostró reacio, muy en su postura de "yo te digo cómo son las cosas". Pero yo me planté en mi posición porque tengo convicciones que para mí son inamovibles y no negociables. En la siguiente reunión familiar, él dijo ante todos: "Bueno, mi hija me hizo dar cuenta de tal cosa". Para mí escuchar eso fue un regalo. Sentís que esa semilla que había plantado dio su fruto muy rápido.

"Nuestras tardes y encuentros pasaban más por compartir el fútbol y el deporte. Ahora, por ejemplo, estoy mirando las finales de la NBA. Para mí, ver básquet es, de alguna manera, estar con mi papá. Cuando mirábamos los partidos comíamos muchísimos pistachos, incluso cuando no estaban de moda", revela Jana.

Las claves de su relación con Diego, entre sueños pendientes y risas: "Me queda la satisfacción de haberle enseñado algo"

"A mí me gusta confrontar e ir a esos espacios donde quizás dialogás con alguien que no piensa igual y de todos modos te acompañás; es un desafío para ambos", plantea Jana, que señala que suele ponerse "en un lugar de aprendizaje" muchas veces ya que es consciente de "que no estoy viendo la película completa". Marcada por la amplitud de criterio, por eso celebra lo que pasó con su padre en el fuero íntimo: "Con mi papá me quedó la satisfacción de haberle enseñado algo. Me dio una confirmación hermosa de que mi trabajo valió la pena".

"Con papá no parecíamos en eso de tener convicciones y defenderlas porque realmente creemos en ellas", explica Jana.

–¿Y cómo se llevaban en general? Da la sensación de que, siendo los dos de carácter fuerte, eran muy parecidos.

–¿Te parece? Yo sentía que él era un poco más cerrado en su postura, aunque entiendo que lo decís desde un lugar lindo. Creo que en lo que más nos parecíamos era en eso de tener convicciones y defenderlas porque realmente creemos en ellas. Coincidíamos en un montón de posturas, no solo en el fondo, sino también en la superficie. También creo que los dos éramos muy amorosos; la empatía está muy ligada al cariño, al contacto físico, al abrazo. Eso de "si te puedo ayudar, te voy a ayudar", porque ver bien al otro me hace bien a mí. Ese rasgo viene de los dos, de mi mamá y de mi papá, y siento que energéticamente ellos conectaron por ser parecidos en eso.

–¿De política hablaban también con Diego?

–Sí, más o menos. Él pensaba muy como yo, tenía una postura muy de izquierda, así que en eso coincidíamos totalmente y no había mucho que discutir. Nuestras tardes y encuentros pasaban más por compartir el fútbol y el deporte. Ahora, por ejemplo, estoy mirando las finales de la NBA. Para mí, ver básquet es, de alguna manera, estar con mi papá. Cuando mirábamos los partidos comíamos muchísimos pistachos, incluso cuando no estaban de moda. Un gran sueño de él era ir a ver un partido de la NBA en vivo. Tenía un par de sueños pendientes, como ese e ir a Las Vegas, pero como él no podía entrar a Estados Unidos era difícil. Nos habíamos prometido hacerlo juntos, así que sigue estando entre mis pendientes de vida.

"Transitar el juicio es una mierda, la verdad, pero es necesario porque necesito que se sepa la verdad. Lo espero y confío".

–Hablando de poner el cuerpo en esta etapa tan ingrata del juicio por su muerte, ¿cómo lo estás viviendo?

–Desde que mi papá no está, este juicio es algo que no me deja vivir tranquila. Es un pendiente que necesito que se desarrolle y se resuelva. Transitarlo es una mierda, la verdad, pero es necesario porque necesito que se sepa la verdad. Lo espero y confío.

–¿Mantenés la confianza en el sistema judicial a pesar de todo?

–Sí, yo confío en la justicia como herramienta. Es lo mismo que si yo decidiera no confiar nunca más en los médicos por la mala experiencia que tuvimos con los médicos de mi papá. No puedo generalizar para siempre. Por una mala gestión de una jueza, no puedo dejar de confiar en los jueces o en el sistema. Yo confío en este sistema porque es el mismo que en su momento me dio mi identidad, me dio mi vida y creo que es el que va a dictar una sentencia justa. Esas son mis convicciones.




 
 

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