De los arreglos tradicionales a las pasarelas y las producciones de moda, las flores encuentran nuevas formas de expresión. María Belén Lozano, artista floral y creadora de Blomster Flower, reflexiona sobre el regreso de lo artesanal, la belleza de lo efímero y el proceso creativo detrás de una de las tapas de GENTE.
Las flores dejaron de ser únicamente un elemento decorativo para convertirse en protagonistas de un universo donde conviven el arte, la moda y el diseño. Tocados escultóricos, vestidos intervenidos y composiciones que parecen salidas de un jardín de época forman parte de una búsqueda estética que reivindica el trabajo artesanal y la creatividad.

En ese universo trabaja María Belén Lozano, artista floral y creadora de Blomster Flower, un atelier especializado en composiciones florales y piezas artísticas para producciones de moda, fotografía y espectáculos. Aunque su vínculo con las flores comenzó mucho antes de convertirlas en su profesión.
“De chica yo dibujaba flores por todos lados. El momento de conexión conmigo era eso, dibujando flores todo el tiempo”, recuerda en diálogo con GENTE.

Durante años, su recorrido profesional estuvo lejos de ese mundo. Estudió Psicología, se especializó en clima laboral y trabajó en recursos humanos, hasta que la maternidad y una búsqueda personal la llevaron a replantearse su futuro. “Hubo un momento donde decidí que quería que mis hijos digan que mamá se dedica a ser artista”, cuenta.
Así comenzó una nueva etapa de formación con reconocidos floristas argentinos y profesionales internacionales. Hoy, después de seis años dedicada por completo a esta disciplina, continúa incorporando conocimientos de otras áreas, como la sombrerería, para ampliar las posibilidades de sus creaciones.

El regreso de lo artesanal: cuando las flores se convierten en arte
En una época atravesada por la tecnología y la inteligencia artificial, el trabajo manual adquiere un nuevo significado. Para Lozano, el creciente interés por el arte floral está relacionado con la necesidad de recuperar el contacto con los materiales y los procesos creativos.
“Me parece una tendencia a volver a lo artesanal, que es re importante en esta época donde está todo a mil con la inteligencia artificial”, reflexiona.
Las flores comienzan a ocupar espacios que antes parecían reservados a otras disciplinas. Ya no se limitan a los centros de mesa o los ramos tradicionales: aparecen en accesorios, vestuarios y producciones editoriales. Como parte de esa exploración, Belu participó en la creación de un vestido cubierto de flores inspirado en una pieza de Alexander McQueen.

Pero ¿qué convierte a un arreglo floral en una obra de arte? Para ella, la respuesta es clara: “Técnica, técnica y estudiar”. Desde la elección de las especies hasta su hidratación y combinación, cada decisión requiere planificación, sensibilidad estética y conocimiento.
A eso se suma una particularidad que distingue a esta disciplina: su naturaleza efímera. “Uno tiene que convivir con lo efímero de la flor. Cada flor tiene su especialidad, sus tiempos, su durabilidad, su técnica”, explica.
Del jardín inglés a la tapa de GENTE

Esa combinación de creatividad y técnica fue el punto de partida de una de las producciones de tapa de GENTE, para la que Lozano desarrolló una propuesta floral inspirada en los tradicionales jardines ingleses.
La consigna tenía dos ejes principales: una estética romántica, con reminiscencias de castillos y jardines de época, y una paleta de colores pasteles que acompañara el universo visual de la producción.

“El estilo inglés, en general, nuclea arreglos florales que busca generar una estética que pareciera natural, como que salen del campo. Se usa muy poco follaje, de hecho en la tapa no hay follaje directamente, eso es pura flor”, explica.
Para la producción se contemplaron arreglos florales destinados a la tapa, además de otras composiciones para los espacios fotográficos. El proceso comenzó varios días antes de la sesión, con la selección de las especies según la temporada, el cálculo de las cantidades necesarias y la preparación de las estructuras.
Para preservar la frescura de las flores, Belu completó el armado durante la noche anterior a la producción. Un trabajo que demuestra que, detrás de una imagen que parece naturalmente perfecta, hay horas de preparación, conocimiento y precisión.

Una profesión que también es una forma de vida
Más allá de las tendencias, para Lozano trabajar con flores representa algo profundamente personal: la posibilidad de haber construido una vida vinculada a aquello que verdaderamente disfruta.
“Trato de que mi arte sea un estilo de vida, donde yo en realidad hice un camino enorme para estar conectada conmigo, para elegir qué quiero todos los días”, cuenta.

A sus 47 años, madre de dos hijos y con una trayectoria que comenzó en un ámbito completamente diferente, sigue estudiando y explorando nuevas disciplinas. Su próximo gran sueño es abrir un espacio propio de arte floral y expandirlo internacionalmente.
En tiempos donde las imágenes pueden crearse en segundos, el arte floral propone otra relación con la belleza. Una que necesita tiempo, conocimiento, paciencia y contacto directo con la materia. Porque quizás el verdadero valor de las flores no esté solamente en su belleza, sino en todo lo que es posible crear con ellas, incluso sabiendo que su naturaleza es efímera.



















































