Minutos antes de comenzar la entrevista con revista GENTE, Virginia Lago tenía una cita impostergable con su propia historia. En el icónico set de Historias de corazón, ubicado en los estudios de Telefe en Martínez, pidió esperar unos minutos antes de empezar la charla y la producción de fotos.
A las 16.45 comenzaba la primera emisión del ciclo que marcaría su esperadísimo regreso a la conducción después de más de una década y ella quería verlo. De pie frente a una de las pantallas del estudio, permaneció en silencio mientras observó aquellas primeras imágenes que la devolvieron a las tardes del canal.
Cuando terminó, la emoción era imposible de disimular. Virginia se acercó al equipo de este medio y lo recibió con un abrazo antes de sentarse a conversar sobre esta nueva etapa. Historias de corazón, el ciclo que condujo entre 2012 y 2015, regresó a la pantalla para acompañar de lunes a viernes la emisión de Avenida Brasil, la exitosa ficción brasileña que volvió a Telefe.

A sus 80 años, la actriz y conductora mantiene intacto el entusiasmo por su profesión y habla de este regreso con la misma intensidad con la que recuerda su extensa carrera.
En una charla atravesada por la emoción y el humor, también abre las puertas de su vida familiar, habla de su historia de más de cinco décadas junto a Héctor Gióvine, de sus hijos y sus nietas, y hasta revela el espontáneo origen de una frase que quedó para siempre asociada a ella y al programa: “¿Sale un vinito?”.
Virginia Lago y su esperada vuelta a la televisión
El regreso de Historias de corazón representa para Virginia Lago mucho más que una nueva oportunidad laboral. Después de más de una década de su primera emisión y de varios años alejada de la conducción televisiva, la actriz vuelve al ciclo que se convirtió en uno de los grandes sellos de su trayectoria.
—¿Cómo vivís esta nueva etapa laboral?
—Con una emoción muy fuerte. La esperaba... Siempre deseaba volver... Me han llamado de distintos lugares para hacerlo y nunca quise. Yo quería volver a Telefe porque aquí nació... Un día se les ocurrió llamarme y acá se hizo realidad. Cuando me llamaron estaba en casa y me puse a llorar... Uno tiene eso de que cuando ansía algo mucho y se hace realidad... Aquí estoy. Es algo que me unió mucho con la gente. Historias de corazón tiene un ida y vuelta todo el tiempo. Siempre tiene una mirada atenta del que está a mi lado. Me gusta que eso suceda. No quiero ser indiferente a nada. Quiero vivir el momento intenso como hay que vivirlo, mirar a los ojos y sentir lo que le pasa al otro... Con la tele pasa eso porque uno se introduce en la casa y en la intimidad.
—Asumo que en estos años se habrá encontrado con fans en la calle...
—Uf... Muchísimos... Yo hago teatros siempre. Los jóvenes vienen en patota... Es muy agradable eso. Tengo fans jóvenes que me imitan, se divierten (risas). Al principio no entendía por qué pasaba eso hasta que un día mi hijo Pablo me mostró que había chicos que me imitaban...
—En esta vuelta de Historias de corazón hay mucho más uso de redes sociales, ¿va a ser diferente la conexión con el público?
—Por supuesto. Cuando mis compañeros y el público se enteraron de mi vuelta, las redes explotaron. Fue impresionante.

—¿Por qué cree que genera eso?
—Yo creo que necesitamos abrazos y los buenos modos. María Elena Walsh fue una gran amiga mía y te cito una pequeña poesía de ella: “Estos ojos no olvidarán a aquel que una vez me dio pan cuando el hambre me afligía”. Si uno dice “muchas gracias”, “permiso” o está atento a lo que le pasa al otro... Nosotros tenemos que compartir, no tenemos que estar solos... ¿Quién no necesita un abrazo?
—¿Esta vuelta a la televisión invita a las familias a reunirse de nuevo?
—Claro, la televisión está dentro de tu casa... La gente comparte eso que dan los actores, se ríen, lloran y se divierten... Creo que tenemos que poner todos los días un granito de arena para respetarnos y abrazarnos. Yo creo en los abrazos. Eso es lo que vamos a practicar en esta nueva temporada.
—Tras su vuelta a la tele, un usuario de internet puso que se había emocionado mucho cuando la vio porque antes veía el programa con su abuela y ahora su abuela no está, usted ocupa un poco ese lugar, ¿qué siente ante semejante confesión?
—Imaginate... Lo veían las abuelas, las madres, las tías, los chicos... La familia. Es así. Desde la radio, el cine, el teatro... Todo eso hace bien.
—¿Cómo surgió su icónica invitación a tomar "un vinito?
—Los sábados era un día de fiesta porque traían al set de filmación picada y vinitos... Siempre nos juntábamos a comer. Un día estaba ahí con todos y dije: "¿Sale un vinito?"... Quedó para siempre. Me lo gritaban desde los colectivos, camioneros, todo el mundo...
—¿Qué tiene de especial Avenida Brasil para que usted vuelva a la tele a presentar esta novela que ya fue un éxito?
—Es una historia muy bien contada por el escritor y los guionistas. Habla mucho de la sociedad en la que vivimos que de pronto es adversa, luchadora, indiferente o llena de amor. Él cuenta una vida en Brasil muy fuerte. Es un país enorme en el que pasa de todo. Hay amor, dolor y violencia. Está bueno...

—¿De dónde saca tanta energía a sus 80 años?
—Yo no uso los números... (Risas). No cumplo años...
—¿Cómo se siente en este momento de su vida?
—No tengo 20 años, pero siento como si tuviera la misma pasión de vivir porque hago lo que me gusta. A veces me equivoco, pero hago lo que me gusta. Amo mucho a mi marido, mis hijos, mis nietos y mis amigos... Los amigos son algo extraordinario. Están siempre.
Virginia Lago revela el secreto de sus más de 50 años de amor con Héctor Gióvine
Virginia Lago y Héctor Gióvine construyeron una de las relaciones más duraderas del ambiente artístico argentino. Se conocieron siendo jóvenes, cuando ambos daban sus primeros pasos como actores, y desde entonces compartieron escenarios, proyectos y una familia: son padres de Mariana y Pablo y, con los años, también se convirtieron en abuelos. Después de más de cinco décadas juntos, en octubre de 2021 decidieron formalizar su historia y pasaron por el Registro Civil. Hoy, la actriz habla de su compañero de vida con la misma admiración que asegura haber sentido siempre.
—Usted está en pareja hace más de 50 años, ¿cómo vive tantos años de relación?
—Si no estuviera enamorada de mi marido, que es un buen mozo terrible, ya no estaría con él.

—¿Qué la sigue enamorando?
—Mi marido es un hombre extraordinario. Realmente es muy inteligente, amoroso... Es escritor, gran actor, director. Le tengo una profunda admiración. Es un compañerazo. Tiene buen humor, quiere a sus hijos y nietos... Él se levanta a la mañana y yo le digo que es un príncipe...
—¿Qué le dijo cuando se enteró de que usted volvía a la televisión?
—Estaba contento... Estamos contentísimos... Yo tengo una alegría que no sabés. Tengo muchas cosas para contarle a la gente...
Cómo es la relación con sus hijos y el amor hacia sus nietas
La familia ocupa un lugar central en la vida de Virginia Lago y también estuvo siempre atravesada por el arte. Junto a Héctor Gióvine tuvo a Mariana y Pablo, quienes crecieron acompañando a sus padres entre ensayos y camarines. Mientras Mariana siguió el camino familiar como actriz, directora y docente, Pablo encontró otra de sus grandes pasiones en el mundo de la equitación. Con los años, la familia se amplió y Virginia se convirtió en abuela de Simona, de 18 años, y Carmela, de poco más de un año.
—¿Sus hijos se emocionaron con su regreso o en algún momento le recomendaron que se quedara en su casa?
—¡No! Siempre me vieron actuar a mí. Desde que eran chiquitos venían en el moisés a los ensayos. Mi hija es una gran actriz y una gran directora. Mi hijo empezó haciendo teatro, es un actor fantástico. Él también se dedica a su otra pasión, que son los caballos. Es profesor de salto y está al lado de los caballos, que son unos animales extraordinarios... Él vive en el campo con los animales, su mujer hermosa y su hija. Lleva una vida tranquila y con trabajo.
—También tiene una nieta de 18 años...
—Ella está contenta. Siempre me decía que tenía que volver a la tele a la tarde. Ahora también tengo una nieta de un año y cuatro meses... Buscó mucho a esa niña y acá está.
—¿Cómo fue volver a ser abuela después de tantos años?
—Me encantó... Estamos chochos. Es una reina. Es muy gracioso... Me acuerdo de cuando era chica mi nieta mayor y la llevaba a Historias de corazón. Ella tenía tres años y estaba encantada de quedarse...

—¿Su nieta mayor tiene algún interés artístico?
—Recién terminó la secundaria y está buscando qué hacer... Es una gran estudiosa y ya verá. Es muy jovencita todavía...
—Igual usted encontró su vocación de joven...
—Sí, muy temprano. El destino me mandó acá... Las vueltas de la vida...
—¿Tiene alguna cuenta pendiente?
—Todas... ¡Estoy viva!
Fotos: Chris Beliera.
Video: Candela Petech.
Redes sociales: Luna Figliuolo.
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