La pequeña localidad de Pinto, en Santiago del Estero, se vistió de luto y silencio en los últimos días. No es para menos: la muerte de Shadya Altamirano, una joven abogada y bailarina de 29 años, dejó una herida abierta en una comunidad que hoy se pregunta qué falló.
El pasado 11 de abril, Shadya tomó la decisión más trágica de todas y se quitó la vida, pero su historia de dolor había comenzado mucho antes, marcada por una humillación de parte de su expareja que se volvió insoportable.

Cuarenta días antes del fatal desenlace, el 1° de marzo, Shadya se armó de valor y caminó hasta la Comisaría Comunitaria N° 15 de Pinto. No iba a denunciar un simple pleito, sino un acto de traición digital: su exnovio, un hombre de 43 años, había viralizado videos y fotos íntimas en un grupo de WhatsApp con sus amigos. Desde ese momento, la vida de la joven se convirtió en una cuenta regresiva de angustia.
Había una frase que Shadya repetía como un mantra de dolor a sus íntimos, una oración que hoy resuena en las paredes de su casa como un eco de su desesperación: “Todo el pueblo sabe de mis cosas íntimas”. Esa sensación de desnudez pública, de haber perdido la privacidad en manos de quien alguna vez amó, fue el detonante de una crisis emocional que nadie pudo frenar.

A pesar de que el Ministerio Público Fiscal aseguró haberle ofrecido un botón antipánico y medidas de protección, la realidad puertas adentro era muy distinta. La joven, según consta en los registros, rechazó el dispositivo, quizás porque el daño ya estaba hecho y la "mancha" social la perseguía en cada esquina de su pueblo.
Su entorno, más precisamente su madre, María Verónica Rodríguez (52), asegura que la difusión del material agravó un cuadro de vulnerabilidad previa, transformando su día a día en un infierno de comentarios y miradas.
Según el testimonio de la mujer, su hija, quien era un verdadero orgullo para toda su familia, había sufrido durante años maltrato psicológico, violencia física y abuso dentro de la relación. “Era insostenible por el constante maltrato psicológico, verbal y violencia sexual y física que padecía”, expresó la señora, sumida en un profundo dolor.
La madre de la joven fallecida también cuestionó la actuación del Estado y aseguró que la familia se sintió desprotegida durante el proceso de denuncia que había realizado su hija. “Que se sepa que el Estado no hizo nada, guardaron y callaron todo”, expresó Rodríguez, enojada.
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