Hay pocas situaciones en las que la historia personal de un personaje público se vuelve en su contra con tanta precisión quirúrgica. Harry, duque de Sussex (41), construyó durante la última década una identidad pública basada en la resistencia: a la prensa, a la familia real y resistencia a lo que él describió en repetidas oportunidades como un sistema diseñado para proteger instituciones a expensas de las personas.
Esa narrativa lo llevó a escribir Spare (memorias que publicó en 2023), a sentarse frente a Oprah Winfrey tras la famosa "renuncia real" y a declarar en el Alto Tribunal de Londres contra el Daily Mail en enero pasado, encabezando un grupo de demandantes por invasión de privacidad. Ahora está de vuelta en esa misma sala. Pero del otro lado del estrado. Y quien lo puso ahí no fue un tabloide ni el palacio: fue la fundación que lleva el nombre de su madre.

Sentebale: el tributo a Diana que derivó en disputa
El nombre Sentebale, en sesotho –la lengua local de Lesoto y una de las once lenguas oficiales de Sudáfrica–, significa "no me olvides". Harry lo eligió conscientemente cuando cofundó la organización en 2006 junto al príncipe Seeiso de Lesoto, nueve años después de la muerte de Lady Diana en el accidente de París en 1997.
El duque tenía 12 años cuando perdió a su madre. Sentebale fue, durante casi dos décadas, la expresión más tangible de su legado humanitario: apoya a jóvenes que viven con VIH en Botswana y Lesoto, y era la credencial que le otorgaba a Harry una sustancia de servicio genuino, más allá del drama familiar y mediático que siempre lo rodeó.

Ese vínculo comenzó a deteriorarse en 2023, cuando afloraron desacuerdos internos en torno a la estrategia de recaudación. El conflicto escaló hasta volverse público e irreparable con la presidenta de la organización, Sophie Chandauka, abogada de finanzas corporativas que llegó al cargo con una agenda de modernización que colisionó con la visión de los fundadores.
Chandauka llegó a denunciar a Harry por bullying y acoso ante la Charity Commission del Reino Unido, el organismo regulador de fundaciones. La comisión revisó el caso y en agosto pasado concluyó que no había evidencia de maltrato, pero señaló un liderazgo débil y criticó a todas las partes por haber convertido una disputa interna en un espectáculo mediático.

En marzo de 2025, Harry y Seeiso renunciaron en solidaridad con los miembros del directorio que habían tenido el conflicto con Chandauka. El comunicado conjunto fue cargado de dolor: "Es devastador que la relación entre los administradores de la fundación y la presidenta del directorio se haya roto más allá de toda reparación, creando una situación insostenible". Harry describió lo ocurrido como "desgarrador" y acusó de "mentiras flagrantes" a quienes habían hablado en su contra.
La demanda y lo que acusa la fundación
Un año después de esa renuncia, Sentebale presentó ante el Alto Tribunal de Londres una demanda por difamación y calumnias contra Harry y su amigo Mark Dyer, ex miembro del directorio que también había renunciado. Según el comunicado de la organización publicado el viernes 10 de abril, Harry y Dyer habrían conducido desde marzo de 2025 "una campaña mediática adversa y coordinada" que generó daño reputacional a la organización, a su liderazgo y a sus socios estratégicos, desencadenando además una ola de ciberacoso contra sus autoridades.
"Los procedimientos han sido iniciados contra el príncipe Harry y Mark Dyer, identificados como los arquitectos de esa campaña, que tuvo un impacto viral significativo", sostuvo Sentebale en el comunicado.

Harry rechazó los cargos de modo categórico. Su vocero calificó la demanda de "ofensiva y dañina" y subrayó que "es extraordinario que fondos destinados a causas benéficas se estén usando ahora para acciones legales contra las mismas personas que construyeron y sostuvieron esa organización durante casi dos décadas, en lugar de dirigirlos a las comunidades que la fundación fue creada para servir".
La línea de la defensa es clara: no son los demandados quienes dañaron a Sentebale; es la propia organización la que está dilapidando recursos en litigios internos.
La paradoja que el caso expone
Lo que el expediente Sentebale v. Duke of Sussex pone en evidencia trasciende los detalles del conflicto. Harry construyó durante años la imagen de víctima de una prensa poderosa y de instituciones que priorizan su reputación sobre las personas. Esa imagen lo llevó a los tribunales, una y otra vez, siempre como demandante.
Ahora, una institución que lleva el nombre de su madre –y cuya razón de existir estaba atada a su historia personal– lo acusa de exactamente lo que él denunciaba en otros: una campaña de presión mediática destinada a dañar la reputación de una organización.

El duque deberá enfrentar el proceso en la misma sala donde en enero encabezó el grupo que demandó al Daily Mail. El rol que ocupa es radicalmente distinto. Para quienes siguieron de cerca su trayectoria de litigios, la imagen tiene algo de espejo: el instrumento legal que Harry usó durante años para protegerse se volvió contra él, impulsado por una institución que él mismo había construido como legado de su madre.
Si la causa llega a juicio, el debate sobre qué dijo Harry, cuándo y con qué intención podría convertirse en el proceso más incómodo de toda su carrera legal, precisamente porque el adversario no es la prensa ni el palacio: es el proyecto que durante veinte años más lo identificó con el legado de Lady Di.
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