La escena ocurrió este martes 14 de abril, pasadas las 11, en los tribunales penales del barrio Roca, en Comodoro Rivadavia. En la audiencia de control de detención y apertura de la investigación, el juez Alejandro Soñis dispuso seis meses de prisión preventiva para Mariela Altamirano, madre biológica de Ángel, y para su pareja Michel/Maicol Kevin González, en una causa que investiga la muerte del nene de 4 años. La medida fue adoptada por peligro de fuga y riesgo de entorpecimiento de la investigación, según se expuso en la audiencia.
En ese momento —cuando el tribunal confirmó que ambos seguirán detenidos—, la reacción de Altamirano llamó la atención dentro de la sala. De acuerdo con la cobertura del debate, la mujer permaneció casi todo el tiempo con los brazos cruzados, la cabeza inclinada y la mirada baja, y apenas miró hacia el sector donde se ubicaban el padre de Ángel y la madrastra del niño, presentes en la audiencia. Esa actitud, descrita como distante y contenida, quedó como uno de los focos del día mientras se definía su situación procesal.
El expediente llegó a esta instancia después de la detención de la pareja y del avance de pericias preliminares. En la audiencia, la fiscalía sostuvo como elemento central el resultado inicial de la autopsia: se habló de más de 20 lesiones en la cabeza del niño y de un cuadro compatible con un edema cerebral que derivó en paro cardiorrespiratorio, mientras se continúa investigando con precisión la data y el contexto en el que se produjeron esas lesiones. Sobre esa base, Altamirano quedó imputada por homicidio agravado, por su condición de madre y por omisión, y González por homicidio.
En paralelo a los argumentos técnicos, lo que se vio en la sala fue un clima de tensión difícil de disimular. La audiencia reunió a fiscales y defensores públicos, y también a la querella con familiares del nene. Afuera la comunidad se movilizaba y seguía el desarrollo de un caso que generó indignación. En la lectura de los cargos y de las medidas, los gestos de la madre se volvieron parte de la crónica: Altamirano evitó cruzar la mirada con los familiares de Ángel; en un tramo, se llevó las manos a la cara y sostuvo la vista en el suelo.
Con el correr de la audiencia, esa postura cambió por momentos. Altamirano, que no tomó la palabra para declarar, tenía una caja de pañuelos sobre el regazo y mientras hablaba su pareja, comenzó a llorar. En ese sentido, la mujer se mostró afectada y eligió el silencio, mientras el padrastro sí declaró y sostuvo su inocencia.
La decisión del juez —los seis meses de preventiva— cerró una audiencia marcada por el contraste entre las partes. Mientras se formalizaba la investigación y se explicaban los riesgos procesales -posible fuga y posible interferencia sobre testigos del entorno-, también hubo un momento final de fuerte carga emocional: el padre de Ángel, Luis López, se dirigió hacia los imputados con gritos e insultos, tratándolos de “asesinos”, en medio del shock por la resolución y la lectura de fundamentos.
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