La muerte de Renata Victoria Aris Fajka, una adolescente de 13 años con discapacidad, ocurrida el sábado 25 de abril en la pileta de un centro terapéutico de Ingeniero Maschwitz, sumó en las últimas horas un capítulo decisivo: habló su mamá, Daiana, y apuntó directamente contra el personal del lugar. En una entrevista televisiva, la mujer aseguró que lo que pasó fue un descuido inadmisible para una institución especializada y sintetizó su acusación con una frase brutal: “Lo que ocurrió es que no la vieron en la pileta”.

Renata estaba en el centro educativo y terapéutico AUPA, ubicado sobre Mendoza al 130, donde se realizan actividades recreativas y terapéuticas que incluyen el uso de la pileta. La tragedia se investiga en la Justicia con una carátula de “homicidio culposo”, y el foco está puesto en el deber de cuidado y supervisión durante una actividad acuática con chicos que, por sus condiciones, requieren asistencia permanente.
El relato de Daiana coloca el eje en una idea: Renata no era una chica que pudiera “defenderse” sola en el agua. La madre contó que su hija padecía hemiparesia, un retraso madurativo muy severo y epilepsia refractaria, y remarcó que era “sumamente dependiente” y que “no tenía habla”, por lo que no podía pedir ayuda. En ese marco, la acusación se vuelve todavía más concreta: “A mi hija la dejaron en la pileta y nadie la vio”, insistió, al describir una situación que, para ella, era evitable.
Según la reconstrucción que Daiana dijo haber conocido a partir del expediente y de lo que se observa en los registros fílmicos, Renata habría quedado en una zona de acceso —“las escaleritas”— y, tomándose del borde, se fue desplazando hasta alcanzar un sector más profundo. En su relato, la adolescente se movía buscando un elemento de flotación (“flota flota”), pero al soltarse ya estaba en profundidad y “nadie la vio”, mientras los guardavidas y adultos a cargo no advertían lo que ocurría. La madre, quebrada, sumó una acusación directa: “Los guardavidas no sé qué estaban mirando”.
El tiempo es una de las claves más sensibles del caso. Daiana afirmó que su hija estuvo “media hora” en la pileta hasta que la encontraron. Y esa referencia coincide con la información judicial: la fiscalía que interviene sostuvo que Renata habría permanecido alrededor de 30 minutos bajo el agua sin que nadie advirtiera su ausencia, dato que vuelve centrales a las cámaras de seguridad como prueba. En esa línea, tanto la familia como la investigación apoyan parte de la reconstrucción en lo que muestran esas filmaciones: el ingreso a la pileta y, luego, un período sin la supervisión adecuada.
La versión inicial que habría dado el establecimiento a las autoridades fue distinta: que la menor “se descompensó” en el agua, que el personal la retiró y le practicó maniobras de RCP, y que luego una ambulancia la trasladó a la Unidad de Diagnóstico Precoz (UDP) de la zona, donde llegó sin signos vitales. Para la madre, esa explicación no alcanza: contó que cuando llegó al hospital el coordinador del lugar “tampoco sabía lo que había pasado” y que recién después —según su testimonio— pudo conocer detalles por lo que se desprende de las cámaras y por lo que le habría comentado el fiscal.
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