A sus 50 años, Sandra Borghi transita una etapa marcada por cambios profundos. Después de haber transitado el final de su matrimonio, la periodista atraviesa un presente marcado por nuevos proyectos, otra dinámica laboral y una historia de amor que llegó cuando menos la esperaba.
Más enfocada en sus deseos, con una agenda profesional que hoy combina medios, contenidos y su faceta empresarial, cuenta a Revista GENTE que se permite vivir este momento desde un lugar distinto: con más libertad, tiempo propio y una apuesta concreta al disfrute a días de haber presentado a Pablo Rodríguez, un reconocido empresario del rubro turístico, como su nueva pareja.

“No es el primer viaje que hicimos juntos. Ya venimos viajando desde diciembre. Pablo viaja mucho y a mí me agarra en un momento laboral de mucha independencia, con lo cual lo puedo manejar. Así que ya estuvimos en Cancún, en Buzios, en Punta del Este, bueno… en varios lugares”, cuenta totalmente enamorada la periodista al compartir imágenes inéditas del último viaje romántico que compartieron en Punta Cana.

Y profundiza: “Este fue un viaje, en realidad, laboral de Pablo, porque todos los años él va a las ferias de turismo en el mundo, y este una de las primeras ferias turísticas que se da en Punta Cana. Desde el momento en el que decidió ir me dijo de acompañarlo”.
-Un lugar soñado.
-Sí… Y cuando me invitó me dijo: "De paso te muestro mi lugar", porque Punta Cana para él es un lugar muy especial ya que es donde él empezó su carrera profesional y donde vivió hace treinta años. Ahí él inició su empresa turística, con lo cual tiene una enorme cantidad de amigos. Es como su segundo hogar, por eso me quería mostrar un poco de su historia y su pasado. Así nació este viaje.

-Contame cómo se conocieron.
-Nos conocimos a través de una amiga en común, Soledad Lladó. Ella trabaja con Pablo y es mi mejor amiga, con lo cual ella me lo presentó hace unos años atrás. Nosotros nos veíamos en eventos laborales, en donde yo iba convocada por la empresa de mi amiga, que hacía algún evento, y él también estaba presente en carácter de empresario turístico y demás. En ese momento cada uno estaba en su historia, con su familia. Por supuesto, a mí me gustó, pero no… nunca avanzamos en nada y nunca pasó nada más que comentarle a mi amiga esto de “qué lindo, interesante, elegante y qué personalidad tiene”.
-Bueno, te llamó la atención.
-Me llamó la atención. Él es muy elegante. Me había gustado, y nada más. Pasó el tiempo, y se dio la casualidad que nos más separamos el mismo día. No lo supimos, nos enteramos varios meses después.

-¿Y quién dio el famoso paso para avazar en algo más que una cordial amistad?
-Fue él y lo hizo cuando consideró que era el momento, porque nosotros nos separamos y pasaron como cinco o seis meses, y si bien los dos sabíamos que estábamos separados y mi amiga le dijo, él siempre fue muy cauteloso porque consideraba que por ahí no era el tiempo. “Yo sabía que desde el momento en el que entablaba una relación con vos ya no me iba a poder separar, con lo cual te di tu tiempo también para que puedas madurar tu separación y también hacer mi proceso”, me dijo.

-Se nota que estaba decidido y confiado.
-Él dice que siempre supo que lo nuestro iba a ser mucho más que un touch and go, o que una historia pasajera, con lo cual fue muy cauteloso desde el momento en el que me invitó a salir.
Mirá También

La emocionante sorpresa de Sandra Borghi a su hija menor:"Hoy empieza el sueño que me animé a cumplir"

-¿Y cómo eran esas citas teniendo en cuenta no eran dos desconocidos?
-Un día almorzamos, otro día fuimos a cenar, y fuimos construyendo primero una amistad. No pasaba nada, absolutamente nada. Después yo hice un viaje con mis amigas, y ya ahí nos habíamos dado un beso antes de que yo me vaya, en un en una de las cenas que él me había invitado. Sólo un beso.
-¿Qué pasó después?
-Cuando fui al viaje con mis amigas, él se encargó de darme señales todo el tiempo. Cuando llegué, había un ramo de frutillas bañadas en chocolate con una carta que decía “te voy a extrañar” y su nombre. Todo el tiempo aparecían sorpresas y señales románticas.
-¿Cómo fue el encuentro a la vuelta de ese viaje?
-Me invitó a cenar y pasamos esa barrera de la amistad y nos empezamos a conocer un poco más. Así que ahí entablamos una relación sentimental y empezamos a descubrir que teníamos un montón de cosas en común, y empezamos a hablar todos los días. Y, por un lado, decíamos, “yo no estoy para nada serio” y, a la vez, construíamos y escribíamos una historia sin darnos cuenta. Y la verdad es que se fue dando solo.

-Mucho de lo que contás muestra el romanticismo a flor de piel.
-Mirá... Después, ya cuando empezó a avanzar la relación, un día me invita a un hotel boutique precioso. Ese día había luna llena. Yo no tenía idea, pero Pablo es así: vive en una película romántica, entonces él piensa todo, y tiene todo en su cabeza. Cuando abro la puerta de la habitación, él ya había ido antes, por supuesto, había abierto la puerta de un balcón hermoso que tenía en la habitación, con un montón de vegetación, y entraba por ese balcón, una luna llena radiante, y había dos copitas ahí esperándonos, y unas cerezas, porque él sabía que yo soy fanática de las cerezas.
-¿Hubo una propuesta formal de noviazgo?
-Sí, fue otra noche durante un fin de semana en donde me invitó a otro lugar y me fue haciendo una propuesta de noviazgo por pasos. En el primer paso abría la puerta y encontraba así como una copa de cerezas con hielo. El segundo paso eran las copitas de champán. El tercer paso, era un corazón de coral en una cajita hermosa que él mismo había tallado. Y, el último, tenía una carta con la pregunta: “¿Quéres ser mi novia?” y acompañada por un mapa del mundo para elegir nuestro próximo destino. Era como una carrera de obstáculos. Ya veníamos jugando un poco con eso porque no nos podíamos separar; él es un romántico y se encargó de que todo sea "de película".

-Vos durante mucho tiempo fuiste un estandarte de la familia ensamblada, ¿cómo fue en este caso llegar a casa y hablar de tu relación con tus hijos?
-Le presenté a mis hijos de manera muy natural porque ellos lo conocieron antes de que seamos novios. Él es músico, le prestó unos instrumentos a mi hija Josefina y lo conocieron por Sole, mi amiga. Se fue dando: un día empezamos a pensar en un proyecto laboral juntos, otro día vino a casa, comimos y así fluyó. Juana, la más chica, fue la primera que dijo: "Mamá, ¿a vos te gusta Pablo?". Yo le dije: "No sé, ¿por qué?". Ella respondió: "¡Ay mamá, porque se nota que te gusta y además Pablo gusta de vos!". Fue la pequeña de ocho años la que primero se dio cuenta de que había algo más que una amistad.
-¿Y en su caso?
-La hija de Pablo, vive en Sheffield, Inglaterra, y él se encargó de ir contándole y decirle sobre todo cómo se iba sintiendo, porque Pablo es muy respetuoso. Cuando ella vino a Argentina nos conocimos, pero todo fue con mucho respeto, espacio y tiempo de conocimiento, descubriendo cómo fluye la relación.
Más fotos del viaje de Sandra Borghi






