El regreso de Irak a una Copa del Mundo después de 40 años tuvo un nombre propio: Aymen Hussein. Con su gol ante Bolivia en el repechaje disputado en Monterrey, el delantero se convirtió en el gran héroe deportivo de su país y en el rostro de una clasificación histórica que desató festejos en todo el territorio iraquí.
Pero detrás de la alegría y la gloria futbolística se esconde una vida marcada por las tragedias, las pérdidas y la violencia que golpeó a Irak durante las últimas décadas. Y como si el pasado no fuera suficiente, el futbolista de 30 años protagonizó recientemente un insólito episodio en Estados Unidos, donde fue detenido por las autoridades migratorias tras ser confundido con un terrorista.
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La delegación iraquí aterrizó en el aeropuerto O'Hare de Chicago con la ilusión de disputar el Mundial. Sin embargo, para Aymen Hussein el recibimiento estuvo lejos de ser el soñado.

Según trascendió, agentes del Servicio de Control de Inmigración y Aduanas y del Departamento de Seguridad Nacional lo detuvieron al considerarlo sospechoso de terrorismo.
El delantero pasó cerca de siete horas retenido, fue sometido a un intenso interrogatorio y las autoridades incluso revisaron y retuvieron su teléfono celular.

Finalmente, sin mayores explicaciones, los organismos estadounidenses concluyeron que se había tratado de una confusión y liberaron al futbolista, quien pudo reunirse nuevamente con sus compañeros.
La situación generó indignación en Irak y provocó cuestionamientos por el trato recibido por uno de los principales referentes del seleccionado nacional.
La estremecedora historia detrás del héroe de Irak
Nacido en Hawija, una de las regiones más castigadas por la guerra y el terrorismo, Aymen Hussein encontró en el fútbol una vía de escape desde muy pequeño.
Sin embargo, la violencia que atravesó a su país también golpeó de lleno a su familia.

Cuando tenía apenas 12 años, su padre, que formaba parte del Ejército iraquí, fue asesinado por miembros de Al-Qaeda.
Años después, en 2014, llegó otro golpe devastador. Mientras la familia intentaba huir de Hawija en medio del avance del Estado Islámico, su hermano, que trabajaba como policía, fue secuestrado por el ISIS.
Hasta el día de hoy, sus seres queridos desconocen qué ocurrió con él. Pese a todo, Hussein nunca dejó de mirar hacia adelante.

"Si dejo el fútbol, no cambiará nada. No recuperaré ninguna de las cosas que perdí", reflexionó recientemente. Y agregó una frase que refleja la crudeza con la que convive gran parte de la población iraquí: "Doy gracias a Dios por mi situación. En mi casa tengo paredes. Muchos de los iraquíes desplazados viven en tiendas de campaña".
El hombre que devolvió a Irak a una Copa del Mundo
El tanto convertido frente a Bolivia desató una celebración histórica y convirtió a Aymen Hussein en un símbolo nacional.
Tras la clasificación, regresó a Bagdad en medio de un impresionante operativo de seguridad, rodeado por militares armados, una imagen que sintetiza las contradicciones de un país en el que la alegría del fútbol convive con décadas de conflictos.

Su historia recuerda inevitablemente a la de otro ídolo del fútbol iraquí, Basil Gorgis, uno de los héroes de la clasificación a México 1986. A diferencia de Hussein, Gorgis sufrió la represión del régimen de Saddam Hussein y llegó a pasar diez días en prisión tras ser expulsado en un partido del Mundial.
Cuatro décadas después, Irak vuelve a estar entre las mejores selecciones del planeta. Y detrás de esa hazaña aparece la figura de Aymen Hussein, un futbolista cuya vida parece haber estado siempre marcada por la tragedia, pero también por una capacidad de resistencia que lo transformó en uno de los símbolos más poderosos del deporte en Medio Oriente.

