La vivienda de la calle Juan del Campillo 878, en el barrio de Cofico, no era un domicilio más en el barrio. Los vecinos llevaban años observando ese movimiento que a veces daba miedo: fiestas, banderas de Instituto, barras que cortaban la calle. El empleado municipal Claudio Gabriel Barrelier, de 33 años, actuaba como si fuera dueño de la cuadra.
Lo que muy pocos sabían entonces era que, según informó el periodista Nicolás Wiñazki en A24, esa misma casa habría sido escenario de al menos tres o cuatro episodios de violencia sexual contra mujeres a lo largo de una década.
El femicidio de Agostina Madeleine Vega, de 14 años, cuyo cuerpo fue hallado desmembrado el 31 de mayo en un descampado al sudeste de Córdoba, abrió un historial que la justicia viene ignorando históricamente.

"Una violación en manada": las estremecedoras revelaciones que llegarán al expediente
Hay como mínimo tres mujeres que acercaron nuevos testimonios a los abogados que representan al padre de Agostina, todos apuntando al mismo hombre y a la misma dirección. Uno de los casos corresponde a una mujer que aseguró haber sido víctima de un grave episodio cuando tenía 12 años.
Según la información difundida por Wiñaski, la denunciante sostuvo que fue captada por Barrelier junto a otras personas y trasladada a la vivienda ubicada sobre calle Del Campillo, donde habría sido sometida a una violación grupal hace aproximadamente diez años, cuando el hoy imputado tenía 23 años. La mujer realizó una denuncia en aquel momento, pero la causa no avanzó.

"Lo que ella relató es que en esa misma casa del terror la violaron en grupo. Y la soltaron como si no les importara si hacía la denuncia o no. La hizo y no pasó nada", precisó el periodista.
Wiñazki precisó el vínculo de los atacantes: se trataría de "personas ligadas a la barra de Instituto". La víctima, cuya identidad permanece bajo reserva, habría tomado la decisión de acercarse a la defensa de la familia luego de reconocer el rostro de Barrelier cuando su imagen comenzó a circular en medios nacionales.
Su intención habría sido aportar información para evitar que otras jóvenes atravesaran situaciones similares. Según relató el periodista, sus palabras al acercarse a los abogados fueron directas: "Por favor, no tiene que volver a pasar". "Ella salió viva y además es el mismo lugar, la misma persona y otras más", enfatizó Wiñaski.

Las otras denuncias que la justicia también desoyó
Además de este episodio, existirían al menos otros dos testimonios vinculados a presuntos hechos de abuso o violencia sexual ocurridos en la misma vivienda y que también apuntan contra Barrelier. Los tres relatos –incluido el de la menor– serían puestos a disposición de la Justicia para que evalúe su incorporación al expediente, aunque al cierre de esta edición ninguno había sido formalmente admitido.
Lo que Wiñazki subrayó en su intervención, y que resulta central para entender la dimensión del caso, es la secuencia de impunidad: la misma casa, el mismo acusado, una denuncia que no llegó a ningún lado hace una década. Y al menos dos víctimas que al ver el nombre de Barrelier en el centro de este conmocionante femicidio, decidieron volver a levantar la voz.

El caso que dio a conocer un vecino del barrio
La vivienda de Juan del Campillo ya había sido escenario de un episodio que los vecinos recordaban con precisión mucho antes de que Agostina desapareciera. Un comerciante que trabajaba hacía dos años en la misma cuadra lo describió a Infobae con detalle: estaba almorzando en su local cuando vio a Barrelier arreglando una moto en la vereda con el portón abierto. Segundos después, una joven salió corriendo y pidiendo ayuda. Llevaba solamente una bombacha y unas cintas en las muñecas.
Vecinos de los locales cercanos le dieron ropa para cubrirse y la asistieron en una barbería de la zona hasta que llegó la policía. Lo que más impactó al testigo no fue la imagen de la mujer huyendo, sino la reacción de Barrelier: "La vio salir corriendo y gritar. Pero no hizo nada. La miró como diciendo: 'Estás loca'. No se inmutó". Después entró a la casa y más tarde salió a fumar a la vereda.
El episodio derivó en una causa por privación ilegítima de la libertad agravada, iniciada tras la denuncia de una expareja. Barrelier quedó detenido durante 20 días, luego pagó una fianza y quedó obligado a comparecer mensualmente ante la fiscalía. La causa fue archivada.


