“¿Que si me imaginaba esto? Jamás”, son las últimas palabras que Damián Betular le dice a Revista GENTE segundos antes de salir a escena. A su alrededor, el elenco de Hairspray hace una ronda enérgica detrás del escenario del Teatro Coliseo mientras él, ya convertido en Edna Turnblad tras casi tres horas de maquillaje, pelucas y vestuario, respira hondo antes de enfrentar uno de los desafíos más inesperados y atrapantes de su carrera.
Hace apenas unas horas, todavía era el Betular “de civil”: aquel jurado perfeccionista de MasterChef, el pastelero formado en hotelería de lujo y la figura televisiva que conquistó al público con su humor filoso y su sensibilidad. Pero esta noche -como viene sucediendo desde hace semanas- atraviesa una transformación total para ponerse en la piel de uno de los personajes más queridos y emblemáticos de Broadway, para una superproducción dirigida por Fernando Dente que marca un antes y un después en su recorrido profesional.

“Betu”, como le gusta que le digan, permitió a este medio documentar el proceso de transformación de casi tres horas que incluye maquillaje, pruebas de pelucas y vestuarios de excelencia. Con una amabilidad destacable y atento a cada detalle de nuestra producción, a la vez se animó a conversar sobre el gran cambio de vida que dio en los últimos años, siempre yendo y volviendo a los tres ejes que más lo representan: su familia, su pueblo natal y la gastronomía.
Lejos de la TV: cómo es su nueva vida de actor de teatro
La cuenta regresiva indica que nos encontramos en el camarín del Coliseo, donde en minutos ese rostro tan conocido por la TV comenzará a desaparecer detrás de capas y capas de maquillaje. Si bien ya pasó la adrenalina propia del estreno, varias funciones luego de haberse mostrado en Edna, Betular confiesa que aún no se acostumbra a los típicos nervios previos a salir a escena. “Cuando arranca me sigue agarrando un micro ataque de pánico”, admite entre risas.
Fue el propio Dente quien de entrada imaginó y apostó por él (incluso antes de contar con los derechos de la obra), para que el famoso pastelero interpretara el desafiante personaje de Edna. Luego de varios "¡no, vos estás loco!", Betular se animó a confiar en el director, y pronto se abocó a desplegar toda su disciplina.
Muchísimos meses antes de iniciar los ensayos, Damián comenzó a tomar por su cuenta clases de canto, baile y actuación. Quería tener herramientas para poder enfrentar este complejo desafío que había aceptado. Hoy, tras haber dado ese gran paso en su carrera, asegura que el apoyo del director fue clave para animarse. "Él me lo hizo saber desde el primer día que, mientras yo siguiera las reglas, me iba a acompañar en este proceso…", recuerda.

-¿Y cómo estás varias semanas después del estreno?
-Acostumbrándome a la vida del teatro... Le decía a los chicos del elenco que un poco los extraño durante los días que no tenemos función. Los ensayos tuvierron procesos muy álgidos. Veníamos de ocho horas diarias seis días a la semana. Eso se fue cortando cuando empezaron las funciones.
-¿Cómo son tus momentos al terminar cada función?
-Me gusta volver a casa tranquilo... Me hace acordar a las épocas de gastronomía, cuando trabajaba de noche. Te cambia un poco la vida, pero estoy muy contento.
-¿Te costó volver a trabajar de noche a tus 43 años?
-No, lo llevo súper bien. Cuando arrancó el proyecto tenía en claro que iba a ser así. Hay amigos que viven cerca del teatro y es lindo pasar a comer. Cuando estaba en Olga madrugaba muchísimo, por ejemplo. Ahora me levanto, voy a la pastelería, trabajo en eso -que me encanta porque es lo que más me apasiona- y después vengo al teatro, algo nuevo que descubrí y me gusta hacer. Hay mucha disciplina en este trabajo. Los directores fueron muy exigentes en lo vocal, actoral y en la danza, y eso me encantó.

-Te llevás bien con la exigencia, ¿no?
-¡Muchísimo! Es parte del proceso de cuando estudié gastronomía. La hotelería lo terminó de reforzar. Este trabajo es bastante similar en ese sentido.
-Hace unos días Fernando Dente dijo que arriba del escenario dejaste de ser pastelero para convertirte en artista. ¿Te sentís así?
-Bueno, siempre se relacionó a la gastronomía con las expresiones artísticas. Hay un montón de cosas que conforman a un artista, y puede ser que tenga algunas de esas cosas o que vaya en proceso de serlo... Aunque me parece súper grande el término, yo trato de darlo todo. Fer me sugirió que cinco minutos antes de salir debo concentrarme, entender lo que voy a hacer y pensar que voy a personificar a Edna... Y, sí, ahí ya entrás en otro mundo.
-¿Te vieron tus colegas del mundo gastronómico?
-Vinieron un par y fueron muy buena onda. En estos días van a venir Germán (Martitegui) y Donato (de Santis)...

-¿Te da miedo lo que te puedan decir?
-Cuando en plena grabación de MasterChef les conté lo de Hairspray no dudaron ni un minuto. Wanda (Nara), por su parte, me adelantó que era lo más divertido que iba a hacer y que si Fer me decía que lo podía hacer, que lo haga.
El lugar al que siempre quiere volver
A semanas de haberse embarcado en esta gran aventura, Damián Betular habla de otro viaje mucho más profundo y emocional: el que comenzó a sus 18 años cuando dejó Dolores para perseguir su carrera profesional.
A más de dos décadas y media de aquella decisión que cambió su vida para siempre, todavía recuerda su ciudad natal con la emoción intacta. Allí viven sus padres, siguen estando sus amigos de toda la vida y permanece -casi suspendida en el tiempo- esa rutina familiar que aún hoy extraña. “Si estuviera cerca pasaría todos los días”, admite con nostalgia.

-¿Cómo fue el momento en el que le contaste a tu familia que ibas a incursionar en la comedia musical?
-Tuve que mandarle varios videos a mamá y a papá para que entendieran lo que iba a hacer. Fue muy gracioso porque nosotros hicimos una prueba de maquillaje y vestuario el año pasado, entonces les envié la foto ya caracterizado de Edna. Mi mamá se lo mandó a un tío mío, quien nunca entendió que era yo y pronto preguntó: "¿Qué le pasa a la tía Silvia? ¿Se hizo un peinado diferente?”. Mi mamá se tentó porque, claro, había una gran similitud entre mi tía y el personaje. Nos empezamos a reír mucho.
-¿Cómo fue cuando te vieron en la obra?
-Vinieron al estreno y terminaron de entender. Ellos son muy de apoyarme en estas locuras. No cuestionan las cosas... Estaban chochos. Fuimos a comer y siempre con la foto de la tía recordándome lo parecido que somos. Hace cuarenta años que mi mamá tiene una boutique de marroquinería en Dolores, y, bueno, los vecinos pasaban por ahí a decirle que ya tenían las entradas para venir a verme... Es muy linda la comunidad que hay en el pueblo.

-¿Vas seguido a Dolores?
-Sí, sí.
-¿Cómo es cuando te cruzás a esos vecinos de toda la vida?
-Muy natural: charlamos, tomamos un café... Yo tuve una infancia muy linda en el pueblo. La mayoría de mis amigos son compañeritos desde jardín. Algunos se han casado y han tenido hijos. Ahora las reuniones son multitudinarias. Me da mucha felicidad volver o que vengan.
-¿Cómo te llevás con aquellos recuerdos de tu vida? Pareciera que hay una gran distancia con esta nueva...
-A veces extraño un poco la cotidianeidad del domingo en familia. Obvio que con los años uno va perdiendo afectos, pero esa foto... Todos los domingos me da esa cosa de decir: “Che, estamos a 300 kilómetros...”.

-¿Sos de expresar que los extrañás?
-Sí, sí y de pedir que vengan. Ahora que tengo lunes y martes libres me gusta pensar que puedo ir en días más tranquilos. Mi viaje arranca desde que salgo de casa.
-¿Existe aún tu habitación de la infancia?
-Es un híbrido entre mi vieja habitación y el taller de mi mamá, a quien le encanta tejer y hacer manualidades. Duermo ahí.
-¿Cómo es dormir ahí mismo siendo una persona tan diferente?
-Ay, es que me acuerdo de cosas como... Por ejemplo a mi mamá no le gustaban las persianas y cuando estoy ahí a las 5 AM está todo soleado. Empiezo a escuchar el ruido de la casa desde temprano. Entonces me levanto, pero ya me pongo contento porque de nuevo me invade toda esa ceremonia de papá, mamá, el mate... Si estuviera cerca creo que pasaría todos los días a hacer algo...

La idea de familia que aún no descarta
En los últimos años Betular se metió en la casa de millones de argentinos. Primero desde la cocina y luego desde la televisión, con sus participaciones en Bake Off y MasterChef, donde terminó de consolidarse como una de las figuras más queridas y espontáneas de la pantalla. Entre memes virales, frases icónicas y fanáticos que siguen cada uno de sus proyectos, Damián siempre tuvo algo muy en claro: la certeza de querer proteger su intimidad.
Sin embargo, en esta entrevista con GENTE se permite hablar de uno de los temas más personales: la idea de formar -o no- su propia familia. Entre recuerdos y reflexiones, revela el consejo que suele darle Germán Martitegui, padre de dos hijos, cada vez que conversan sobre la posibilidad de acercarse a paternidad.
-Estando a tantos kilómetros de distancia de tu familia y siendo tan hogareño, ¿cómo te llevás con la soledad del día a día?
-Disfruto mucho de la soledad y del tiempo para mí. Tengo muchísimos amigos y siempre hay plan. Varias veces soy de quedarme en casa. Me abstraigo leyendo o armando un Lego que me puede llevar un mes... Disfruto de esos instantes. Son pocos mis días o momentos libres y me gusta tener ese espacio para mí.

-Has dicho que no sentís necesidad de hijos ni que morís por formar pareja, pero ¿tenés ganas de replicar algo de esa familia que tanto añorás?
-Lo personal no me pasa por ahí. Siempre que digo "no" a los hijos, Germán me responde: “Yo decía lo mismo, pero esos procesos pueden cambiar”. No sé. Ojo: soy muy buen tío.
-O sea, no cerrás la puerta a esa idea de familia...
-No, pero hoy te digo que no... Disfruto mucho de llevar al parque a mi ahijado, ser parte del cumpleaños, hacerle la torta, eso me gusta...
-¿Siempre hacés la torta en los cumpleaños de amigos o sobrinos?
-Es un poco obligación...

-¿Pasás por el local y llevás una o la preparás en casa?
-A veces paso por el local, sí, que, por ejemplo, a mi mamá le gusta la típica torta argentina de bizcochuelo, crema, dulce de leche, durazno de lata y merengue y ésa se la tengo que preparar. No es algo tan prolijo, pero sí el sabor casero que le gusta.
El lado más íntimo de Betular: su familia, el momento en el que llora en soledad, y el bonus track que le dio la vida
En pleno proceso de maquillaje, Damián hace una pausa en medio del ritmo frenético que atraviesa su presente y mira hacia atrás. Habla de las decisiones que tomó a lo largo de su carrera y de lo que tuvo que dejar en el camino para llegar hasta acá. Rodeado de brochas, pelucas y un vestuario que poco a poco lo va convirtiendo en Edna Turnblad, el hombre que hoy llena teatros todavía parece conmoverse con las mismas cosas simples: una llamada con sus padres, el recuerdo de su abuela o la imagen intacta de la puerta de la casa familiar en Dolores.

-Te perfeccionaste en gastronomía, hotelería, brillás en TV, incursionaste en streaming y ahora en teatro, ¿qué se viene después de esto?
-No lo sé. Creo que siempre fue así, eh. Durante mi etapa hotelera yo venía transitando una carrera que me hacía feliz. Viajaba, hacía apertura de hoteles en un mundo que aún me fascina al día de hoy... Pero cierto día apareció la oportunidad de Bake Off y llegó la pandemia. ¡Jamás imaginé que un hotel cerraría! Ahí me ayudó a estar en casa, algo que no hacía tanto. Después me llamaron de MasterChef, cinco temporadas de una…
-¿Frenás a pensar en todo lo que te está pasando en medio de tanta vorágine?
-No. Fue un montón, pero lo disfruto. A mí me gusta trabajar en mega equipos de trabajo. Después apareció Olga, y tal vez empecé a contar cosas más personales. Y ahí, en el pase, fue cuando me empecé a cruzar a Fernando Dente. Durante esos pases de tres minutos él me decía: “Estamos cerca de Hairspray”, y yo le repetía: “Estás loco”.
-¿Te sentís orgulloso de vos con todo lo que lograste?
-No sólo estoy muy orgulloso de mí, sino que agradezco mucho todos los días.

-¿Qué agradecés?
-Primero, a mis papás. Yo hablo muchas veces por día con mi mamá y papá. Ese “gracias” que les digo para mí simplifica muchas cosas, y es una constante. Mi abuela era muy devota de la Virgen de la Rosa Mística. El otro día entré a una sala del teatro en la que nunca había entrado. Fui vi una ventana y cuando la abrí había una imagen enorme de esa misma virgen...
-¿Lo tomaste como una conexión?
-Cuando me vine a vivir de joven a Buenos Aires siempre recibí consejos y mucho apoyo de mi abuela. Sin embargo, ella no pudo disfrutar de esta etapa, ¡y le hubiera encantado! La tengo muy presente, igual que a amigos que físicamente ya no están. Siento que esa gente está cerca y muy orgullosa de mí. Me encuentro muy feliz y hoy te lo puedo decir. Salgo del teatro y de repente viene una nena maquillada o peinada como Tracy y me encanta. A veces vienen abuelas y me agradecen por haberlas ayudado y yo les pregunto con qué las ayudé y me dicen que con mis consejos en MasterChef. Llego a casa y lloro.

-¿Te sorprende hacia dónde te llevó la vida?
-Mi sueño era venir a Buenos Aires. Cuando la visitaba con mis papás y veía los edificios altos, ya decía que quería vivir acá... Todo lo demás es un regalo enorme. Cuando vuelvo en el auto después del teatro, donde contacto con el público de manera tan cercana, me emociono. Tomo la autopista en silencio, no prendo ni la radio y voy agradeciendo, pensando en todo este bonus track.
-¿También te agradecés a vos mismo?
-Sí, por tomar decisiones. Ojo, para hacer eso tuve que dejar muchas cosas de lado. Lo más importante fue mi familia. Trabajé en el hotel durante doce años, y de repente, en una Navidad y Año Nuevo ya no estaba...
-¿Son tus papás los que están en esa foto? (N de la R: detrás de Damián, en un cuadro familiar)
-Sí. Y la que aparece es la puerta de mi casa desde que tengo uso de razón, con el 465... Me vio salir de una manera y ahora que vuelvo a entrar, es la misma puerta. Una puerta que me emociona. Nunca me voy a olvidar el día que la dejé atrás cuando mi mamá me llevó a la estación del colectivo de Dolores para venir a Buenos Aires... Cuando ahora con 43 años... Che, ¡al final me hicieron llorar! -se termina de emocionar frente a GENTE.
Fotos: Chris Beliera
Arte y asistente de fotografía: Roshi Solano
Retoque: Gustavo Ramírez
Diseño de tapa: Darío Alvarellos
Video: Candela Casares
Redes sociales: Bárbara Bustos
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