Enviada especial a Estados Unidos
Un día cualquiera en Grapevine, Texas, en una de esas jornadas mundialistas en las que el tiempo parecía correr más rápido que cualquier agenda posible, la Selección Argentina se preparaba para su tercer partido en la Copa del Mundo 2026 y Nati Jota, como parte de la cobertura de OLGA, volvía a moverse entre vivos, grabaciones, traslados y horarios cruzados.
Es su tercer Mundial trabajando, pero el primero para el mencionado canal de streaming, donde ella conduce Sería Increíble acompañada principalmente por Homero Pettinato, Eial Moldavsky y Damián Betular.
GENTE ya había hablado con ella en la entrada al estadio de Kansas, antes del primer partido de la Selección ante Argelia. En ese momento, Nati había contado: “Estoy feliz, es el tercer Mundial que vengo a trabajar, y de cosas de laburo es algo a lo que siempre quiero ir, estar y hacerlo. Es como mi ambición laboral que más clara tengo, así que muy contenta de vuelta y acompañando a la Selección también desde lo emocional”.

En aquel momento, sobre las diferencias entre Qatar y esta nueva experiencia, Nati fue clara: “Doha tenía una mezcla de modernidad con antigüedad reparticular, pero estaban todos los países ahí, todas las selecciones, y en este Mundial está todo un poco más disperso”, sostuvo.
Días después, con la alegría del avance de Argentina en el torneo, ya con más recorrido encima, la entrevista con GENTE encontró otro lugar y otro tono: más íntimo, más reflexivo y también más personal. Nati habló de la exigencia física de cubrir un Mundial, de su lugar en OLGA, de las redes sociales, del amor, de su segundo libro, de la posibilidad de congelar óvulos y del refugio emocional que encuentra en su familia.

—Después de aquel primer partido hablamos de las diferencias con tu Mundial anterior. Ahora que ya llevás varios días de cobertura, ¿cómo hacés para sostener este ritmo? Estás al aire casi todo el tiempo: ¿Cuándo dormís, comés o hablás con tu familia?
—Bueno, me salieron 300 llagas en la lengua y según el chat GPT y médicos con los que hablé, es por sueño muy malo y muy corrido... entre los vuelos, la diferencia horaria, el programa y lo que piden. Siempre salgo en el mío primero, Sería Increíble, que es de 8 a 10 de la mañana de Argentina, de acá es a las 6... así que no estoy durmiendo muy bien y comiendo tampoco porque vas de un lado a otro a grabar, el aire, y de repente no te das cuenta... Yo soy una persona a la que le gusta comer cómoda. No me gusta comer de parado en un lugar. Entonces capaz digo: “Bueno, como en un rato, como en un rato", y de repente son las 4 de la tarde y ni almorcé.
-Un lío...
-Todo es muy desordenado, pero creo que estas coberturas son un poco así, adrenalínicas y super vertiginosas, y eso también les da su toque especial... Uno ya sabe a lo que viene y es como un poco entregarse a la experiencia.
No estoy durmiendo bien, pero estas coberturas son así".
El presente de Nati Jota y el merecido lugar que ocupa en OLGA
Nati llegó a OLGA desde el inicio del proyecto. Por eso, su mirada sobre el crecimiento del canal tiene algo de testimonio interno. No lo observa desde afuera: lo vivió mientras pasaba. Su programa, Sería Increíble, empezó a construir una identidad propia dentro de una plataforma que creció a toda velocidad. Y en ese recorrido, ella también asumió un lugar cada vez más central.

—Hoy sos una de las principales figuras de OLGA y la cara femenina de uno de los canales de streaming más importantes del país. ¿Cómo vivís esa responsabilidad y esa exposición?
—Bueno, primero gracias. No sé si soy la no sé qué. Yo lo vivo con mucha naturalidad porque arranqué cuando empezó. Al principio eran dos programas, Migue y yo. El de Migue yo lo entendía como el programa principal y yo me sentía como ir calentando el aire para que entre Migue. Después creció todo el canal, Sería Increíble creció muchísimo también y empezó a tener su propio público, su propia identidad. Me encanta OLGA, me encanta el lugar que me dan en OLGA. Estoy muy agradecida y trato de estar a la altura. Para mí haberme corrido de la conducción para venir acá es una responsabilidad importante.
-¿Por qué?
-Me costó la decisión. Sé que a ellos también les costó porque, por más de que está buenísimo salir desde acá, dejás un hueco que por suerte lo cubrieron profesionales del carajo y gente muy querida. Cuando yo empecé en OLGA, en chiste una de las cosas que les dije fue: "Yo al Mundial voy". Faltaban años para el Mundial y no sabíamos ni si iba a durar dos o tres meses. Finalmente a OLGA le fue muy bien y el Mundial llegó.
-¿Qué te genera estar acá?
-Yo sé que fue una decisión complicada y por eso también vengo con esa responsabilidad y casi presión de hacer bien mi trabajo acá y poder cubrir el vacío o la complicación que se generó conmigo viniendo. Sí, siento la responsabilidad, pero trato de usarla como motor para trabajar mejor.
La exposición, sin embargo, no llegó sola. Como muchas figuras que trabajan en vivo y conviven con el ritmo de las redes, Nati también aprendió a lidiar con la mirada ajena, con las críticas y con esa sensación de que, a veces, el error parece estar siendo esperado antes de que ocurra.
—Quienes están al frente de programas en vivo suelen decir que sienten que en las redes hay quienes están esperando que se equivoquen. ¿Vos lo vivís así?
—Sí, lo siento, pero ya para mí ni siquiera es que vos falles. Es tergiversarte algo. Ya no es la falla. En algún momento sí estaba la idea de no equivocarme ni una mínima porque te lo magnifican un montón. Pero ahora ni siquiera tiene que haber un error: tiene que haber un chiste que no les gustó o un algo que descontextualizaron y así sólo parece que estás queriendo decir otra cosa.
-¿Es peor?
-A mí un poco me relajó eso, darme cuenta de que realmente no depende ya de un error. Obviamente uno se puede equivocar y trata de no hacerlo, pero ya no es tan relevante si te estás equivocando o no, porque igual, si alguien quiere, hace un recorte malicioso o empieza un tweet y eso empieza a girar. Para mí el foco es la gente que te consume y te elige, y hacer las cosas bien para ellos.
—¿Y qué te ayudó a llegar a ese lugar? ¿La experiencia, la terapia, tu familia?
—Bueno, no sé si ya no me enrosco, creo que me enrosco un poco menos. Son muchos años trabajando en el medio, estando en las redes sociales. Siempre fui muy criticada, desde que era twittera, entonces lo fui masticando y aprendiendo de manera gradual. También creo que hoy está todo muy pasado. En algún momento yo sí creía que tenía que ver con si me equivoqué o no me equivoqué. Ya no tiene que ver con eso. Tiene que ver con que la gente quiere criticar, insultar, agredir o le sale. Va a agarrar lo que encuentre y no tiene que ver con si vos estuviste bien o mal. En eso yo encontré, aunque por momentos me frustre y me parezca injusto, un poco de relajo. Porque si te encuentran y quieren, te van a dar igual.

—¿Hoy disfrutás más tu trabajo que hace unos años?
—Ahora te digo que sí. Capaz cuando justo me están bardeando la voy a pasar un poco mal un par de días. Pero para mí es peor vivir tenso con miedo a que pase que cuando pasa. Lo peor es cuando te quitan el disfrutar tu trabajo, la naturalidad, la espontaneidad. Yo pasé por una etapa de querer hacer todo lo mejor posible y hasta me empecé a sentir que me perdía un poco a mí. Y tampoco me funcionó. Igual querían encontrar algo. Entonces dije: "Bueno, me voy a divertir, voy a ser yo y me voy a relajar igual".
Hoy me enrosco un poco menos con el hate".
—La espontaneidad y el humor siempre fueron tu marca registrada. ¿Hay algo de vos que sí prefieras no mostrar?
—La verdad es que no. Creo que uno tiene el porcentaje perfecto de qué contar y qué no. Si tengo una situación familiar muy angustiante, en ese momento casi no lo voy a decir porque me da cosa. Pero cuando pase seguramente voy a hacer chiste sobre eso porque así lo vivo yo. Quizás en los peores momentos no me vas a ver abrirme sobre lo que me está pasando, pero sí después voy a hablar sobre eso cuando haya pasado.

Su familia, su casa-refugio y Oli
En medio de la exposición, Nati encontró una forma de volver a su centro. Su familia apareció varias veces durante la charla como una especie de lugar seguro. No sólo desde lo afectivo, también desde la rutina. Los domingos en lo de sus papás, las comidas familiares, el quedarse a dormir y la presencia de Oli, su perra, forman parte de un mapa íntimo que ella cuida y agradece.
—Aún siendo una figura muy pública, ¿sentís que protegés mucho a tu familia?
—Yo los muestro, igual. Pero si hay un familiar que tengo enfermo o que está mal, en ese momento no te lo voy a decir. Después sí. A mí me gusta sacar de la experiencia personal sensaciones o pensamientos que pueden generar empatía. Entiendo que está mucho eso de hablar de uno, pero a veces hablar de uno es hablar de todos. Trato de destacar qué cosas de mi experiencia pueden ser un buen cuentito para otro, algo que le divierta, que le sorprenda o con lo que se identifique. Esas son las cosas que trato de poner sobre la mesa.
—En el día a día, ¿cuál es tu cable a tierra?
—Tengo varios. Entrenar es un gran momento, aunque me da mucha fiaca. No es que digo "qué bueno entrenar", pero mientras entreno me voy sintiendo cada vez mejor y cuando termino, ni hablar. Pasar tiempo con mi familia, en la casa de mis viejos, es un lugar de refugio para mí. De vuelta a la infancia, al lugar seguro, a ser hija de vuelta. Voy casi todos los fines de semana a almorzar y a veces me quedo a dormir. Es un lugar que me gusta. Encima que uno está muy expuesto y que las redes, que la bardeada... volver al lugar más seguro de todos es algo que mantengo y que me encanta hacer. Y mi perra también es un lugar de seguridad y al que me hace bien.
—¿Y cuando te quedás a dormir en la casa de tus papás dormís en tu cuarto de la infancia?
—No es la habitación de mi infancia porque ellos se mudaron, pero hay una habitación que es la de cualquiera de las hijas. La usa la que vaya a dormir, que la mayoría de las veces soy yo. No tiene alma adolescente porque ellos se mudaron hace poco. Es una cama, una mesa de luz y una tele.

Sobre esa dinámica de fin de semana, Nati remarcó: “En general el sábado salgo y el domingo me retiro a la casa de mis papás. Ese es mi plan. O a veces el viernes voy a lo de mis viejos porque el sábado tengo fútbol, entonces me levanto temprano, no sé. Siempre trato de ir y la verdad es que tengo un vínculo muy cercano con mis papás”.
Oli también ocupa un lugar central en ese universo cotidiano. Para Nati, su perra es otro refugio, pero también una excusa amorosa que la mantiene muy cerca de sus padres.
“Oli tiene un montón de quilombos. No le gusta quedarse sola, tampoco la puedo llevar porque se pelea y mis papás me la recontra cuidan, entonces eso también a mí me da mucha ternura de ellos y eso me hace también verlos mucho porque la pasan a buscar a Oli y la dejan como si fueran los abuelos. Ya sé que la gente odia eso, pero realmente me dicen: 'Bueno, pasamos a buscar a Oli y pasan por mi casa, dejan a Oli y la buscan'. Eso la verdad que también me mantiene muy pegada. O sea, yo sé que ellos lo hacen porque ya la aman realmente como si fuera su perra pero a mí me genera todo el tiempo una sensación de agradecimiento con ellos”, contó.
La otra Nati Jota: entre la escritura y su segundo libro
Además de la conducción y las coberturas, Nati está atravesando otra búsqueda: la escritura. Ya trabaja en su segundo libro, un proyecto que nació a partir de textos que empezó a escribir después de una historia de amor frustrada.
No lo describe sólo como un libro romántico. Habla de duelo, de tristeza, de procesos y de la posibilidad de convertir una emoción dolorosa en algo que pueda ser compartido.
—¿Disfrutás de esa vorágine de ir, venir y viajar o necesitás esos momentos de pausa, como entrenar o ir a la casa de tus papás?
—Yo creo que hay rachas. Un poco y un poco está bien. Si estoy demasiado tranquila, me empieza a agarrar la loca, y si estoy muy a full mucho tiempo, tampoco me gusta. Me gusta estar a mil un tiempo. En mi laburo y en mi rutina no siempre estoy a mil. Hay semanas que no puedo más y semanas que de repente estoy tranqui. Estoy escribiendo mi segundo libro y la verdad es que en una agenda apretada no es que decís: "Estas dos horas escribo" y te sale. Hay algo en escribir que te tiene que agarrar más tranquilo. Te sentaste, te tomaste un mate... no es que me guardé una hora para escribir. No llega la data, la calma y el alma que necesitás, o al menos yo, para ponerme a escribir.
—¿Qué se puede contar de ese segundo libro?
—Iba a decir el nombre, pero no lo dije todavía. Habla de una parte de mi vida, de una historia de amor frustrada. A mí el tema del amor me gusta mucho. Cuando salí de una relación me puse a escribir todo lo que me pasaba porque no sabía más qué hacer. Entonces dije: "Bueno, lo voy a escribir". Me habían quedado todos esos textos medio abandonados y ahora los estoy rearmando y agregando. Es un poco todo un proceso de duelo, puesto medio cronológico, y otras cositas también. No es exclusivamente eso, pero tiene mucho de eso. Me gusta porque es un poco convertir un momento en el que yo estaba muy triste en una pieza, en un librito nuevo.
Sobre esas emociones que aparecieron en sus páginas, Nati también profundizó: “Cuando a mí me pasaba cuando estaba muy triste, me regustaba que alguien escribiera cosas parecidas a las que yo sentía. Entonces, un poco pienso que quizás a alguien le va a hacer bien o le pasó antes y no sé, es muy lindo que escriban algo que vos sentís como si alguien te hubiera visto. Y a mí me ha pasado y creo que hay emociones o lugares comunes que todos pasamos de manera muy parecida. Obvio que habrá un par de cosas distintas. Entonces, un poco creo que buscó eso y estuvo muy bueno porque lo escribí en el momento. Tal vez si hoy tuviera que escribir sobre lo que sentía hace 6 años, sí, me acuerdo un par de cosas, pero está como muy crudo”, aclaró.

El amor, su exnovio y su presente sentimental
El libro la llevó inevitablemente a hablar del amor. Y también de una relación que quedó en el pasado, pero que necesitó acomodarse emocionalmente para poder ser escrita. Nati aseguró que hablaba de su ex, Bruno Siri, y contó que ese reencuentro fue clave para saber que podía mirar esa historia desde otro lugar.
—Recién dijiste que esa historia ya quedó atrás. ¿Cómo está hoy tu corazón? Hace tiempo que no se conoce una nueva relación.
—Creo que por eso también lo pude escribir. Al principio escribir y pensar en publicarlo me moría. Necesitaba que esa historia quede muy al pasado y también reencontrarme con él amigablemente y decir: "Ah, bueno, está todo bien, podés escribir sobre esto y a mí ya no me pasa nada". Uno puede creer que no le pasa nada, pero hasta que no te cruzás a la persona siempre tenés la duda.
-¿Y qué pasó?
-Me lo encontré hace un tiempo y estuvo todo re bien. Fue re lindo. Me parece muy triste que a veces lo que fue tan lindo o tan intenso quede en "¿por qué nos odiamos?". Estuvo bueno reencontrarme. Ahí dije: "Bueno, ahora sí puedo escribir esto". Hace como dos años que empecé a escribirlo. Y también aprendí que no me gustaría ser tan pública en alguna nueva relación que tenga. Tampoco es que se me dé tan fácil. Me cuesta engancharme. Soy la típica que se engancha del que no le da bola; el que le da bola le va dejando de gustar. Malísimo, pero me pasa eso.
—¿Y a qué creés que se debe? ¿Sentís que hoy estás muy enfocada en vos?
—Yo creo que quizás hay algo de mí que no tiene tantas ganas, que no está tan preparado para estar en una pareja seria. Pero, si me preguntás, siento que sí me gusta. La verdad que no lo tengo tan claro. Disfruto estar soltera, disfruto salir con alguien, conocer a alguien, que no me guste más, que me guste. Me gusta ese universo. Es un poco mi zona de confort.

La maternidad, el futuro y una decisión posible
En la charla también apareció una pregunta de largo plazo: cómo se imaginaba de acá a diez años. Nati no esquivó la respuesta, pero tampoco la cerró. Habló de pareja, de maternidad y de una posibilidad concreta: congelar óvulos.
—Si pensás en vos de acá a diez años, ¿cómo te imaginás? ¿Con una pareja, con una familia?
—Pareja supongo que sí. Lo de familia no lo tengo claro. Toda mi vida pensé que quería ser madre porque no era una pregunta. Nadie nos preguntaba "¿querés?". Era "¡vas a ser!". Y hace un par de años empezó a ser una pregunta y dije: "Ah, nunca me había puesto a pensar". Una parte de mí piensa que sí y otra no lo sabe. Voy a ir viendo. Tengo 32, entonces sí pensé en congelar óvulos para que no sea que en algún momento me pase querer y no poder de manera biológica. Capaz lo hago el año que viene. No es algo que me enloquezca para sí ni me enloquezca para no. No lo tengo del todo claro.
El gran deseo profesional de Nati Jota
El Mundial también funcionó como punto de partida para pensar el futuro laboral. Para Nati, cubrir una Copa del Mundo no fue sólo un trabajo: fue una de sus ambiciones más claras. Y aun estando en plena cobertura, con cansancio, vuelos, vivos y comidas salteadas, ya tiene una certeza: quiere estar en el próximo.

—Viviste muchísimo con apenas 32 años. Más allá de la familia, ¿qué te ilusiona hacer en lo profesional?
—Es gracioso porque me lo preguntan acá y yo siempre digo que lo único que tengo claro a nivel laboral es que quiero ir al próximo Mundial. Así que estoy acá y te digo que quiero ir al próximo. Trabajar siempre. Me encanta lo que estamos haciendo ahora en OLGA, en Sería Increíble. Me interesa abarcar todo tipo de temas, tratar de bajarlos a tierra de una manera cercana, amena para la gente, hacer entrevistas.
-Periodismo cercano.
-Claro, quiero ser ese cable para la gente que está en su casa y que reciba lo que pasó de una manera amena y clara. Me parece que está bueno hacerle al columnista las preguntas que le hace el que está mirando desde su casa. Porque si no la gente a veces no se informa porque la data viene un eslabón arriba de lo que uno presabía. Bajar todo a tierra a mí me encanta. Los especiales de elecciones en OLGA los hice con esa búsqueda y los disfruté mucho. OLGA me dio la posibilidad de abrirme un poco. Obviamente voy a seguir hablando de la cotidianeidad, porque eso me encanta, pero también toda esta cara nueva que me dio OLGA, de comunicar, informar de todo tipo, preguntar, ir a lugares incómodos a veces con el riesgo que implica. La verdad que me gusta mucho y es seguir por ese camino.
En Grapevine, entre la previa de un partido de Argentina y la rutina imprevisible de una cobertura mundialista, Nati Jota dejó ver las dos caras de su presente: la profesional que no quiere perderse ningún Mundial y la mujer que todavía se pregunta cómo quiere armar su futuro. Entre OLGA, la escritura, la familia, Oli, el amor y las redes, eligió una idea que pareció atravesarlo todo: seguir haciendo, pero sin dejar de ser ella.
Contenido audiovisual: Martina Cretella
Retoque: Gustavo Ramírez.
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