En la tarde del lunes 13 de abril, una mujer salió de su casa en Olivos en dirección a un banco y, desde entonces, no se conoció más datos de su paradero. La buscan como Ana Irupe Molina, de 32 años, y la última referencia firme la ubica cerca del mediodía, en la zona de Panamericana y Pelliza, un punto de circulación constante que, paradójicamente, puede volver más difícil encontrar una pista.
Según la información que aportó su entorno y quedó plasmada en la denuncia, Molina salió a bordo de una moto Gilera Smash de colores negro y azul y no habría llegado a destino. El recorrido previsto era hacia una sucursal del Banco Santander ubicada en Gobernador Ugarte y Julián Agüero, donde iba a retirar dinero vinculado a una liquidación laboral, pero lo cierto es que, después de esa salida, su familia no volvió a tener contacto con ella.

En estos casos, cada detalle se vuelve una lámpara en medio de la niebla, y por eso la descripción de cómo estaba vestida se repite en redes, chats vecinales y cadenas de WhatsApp. Al momento de su desaparición, llevaba buzo negro, remera gris, calzas oscuras y zapatillas beige; además, tenía una riñonera negra con documentación personal y del vehículo.
El retrato físico también fue difundido para facilitar una identificación rápida: la describen como una mujer alta, de contextura delgada, tez blanca y cabello negro largo, con un lunar en la nariz como seña visible. Entre las marcas particulares, se menciona un tatuaje con la inscripción “Juan Manuel”, un dato que podría ser decisivo si alguien cree haberla visto y duda entre dos personas parecidas.
La dimensión humana del caso aparece detrás de la ficha: Molina vive en Olivos y, de acuerdo a lo publicado, es madre de dos chicos (de 8 y 4 años). En ese marco, la familia remarca la angustia por la falta de señales y sostiene que no es habitual que permanezca incomunicada de esta manera, lo que alimenta la preocupación con el correr de las horas.
Mientras la búsqueda se activa, los investigadores intentan reconstruir la línea de tiempo previa a la desaparición, y allí aparecen contactos y conversaciones que, por ahora, no arrojaron certezas. En la cobertura del caso se consignó que la hermana habló con la expareja de Molina, quien refirió un encuentro el domingo anterior para la entrega de los hijos, aunque hasta el momento no trascendieron datos que permitan ubicarla.
La denuncia, siempre según la información publicada, fue radicada en la Comisaría Tercera de Vicente López bajo la figura de averiguación de paradero, un procedimiento que formaliza la búsqueda y habilita medidas para localizarla. En paralelo, en la Provincia funciona una estructura específica —la Dirección de Registro de Personas Desaparecidas del Ministerio de Seguridad bonaerense— que organiza y mantiene actualizada una base de datos y coordina acciones de búsqueda y difusión en todo el territorio.
A nivel nacional, la coordinación interjurisdiccional recae en el Sistema Federal de Búsqueda de Personas Desaparecidas y Extraviadas (SIFEBU), creado para articular la cooperación entre el Ministerio de Seguridad, la Justicia y los ministerios públicos, además de organismos provinciales y municipales. En un conurbano donde los movimientos entre distritos pueden ocurrir en minutos, esa red de coordinación puede resultar clave si surge una pista fuera de Vicente López u Olivos.
Por estas horas, la familia pide colaboración para cualquier dato que permita reconstruir su recorrido: si alguien la vio, si reconoció la moto, si recuerda una escena mínima que ahora podría volverse importante. Según lo difundido en los pedidos de ayuda, ante información concreta se solicita comunicarse con su hermana Belén al 11-6474-8677, y también dar aviso al 911 o a la dependencia policial más cercana para que la información ingrese por los canales formales de investigación.


