En medio de la cobertura sobre el caso Ángel, el niño de 4 años cuya muerte se investiga en Comodoro Rivadavia, este miércoles se comunicaron telefónicamente en el programa Diario de Mariana (América TV) con Roberto Castillo, quien se encuentra acompañando este proceso judicial, pero que también quedó junto a su pareja Cinthia Fernández en medio del foco mediático. Allí el reconocido abogado salió al cruce de las críticas.
El revuelo se había disparado por los dichos previos de la panelista —estudiante de Derecho— que, en medio de la conmoción social, fueron leídos en clave de “mano dura” y reabrieron debates incómodos en redes. Frente a eso, Castillo ensayó una defensa que mezcló estrategia profesional, diagnóstico sobre el ecosistema mediático y un pedido explícito a los programas: “Elijan hablar de Ángel y no de Cinthia. No le den pelota a cómo está vestida Cinthia, hablen de Ángel”.
Pero su argumento central fue otro: según explicó al aire de DDM, la visibilidad —la de los medios y la que suma una figura como Fernández— es una herramienta de presión para que la causa no pierda intensidad pública. “Sé que el negocio de los medios de comunicación es estar hasta que no haya otro tema (…) y yo con mi pareja le sigo dando visibilidad al caso”, dijo, en una línea que dejó entrever cómo entiende el vínculo entre justicia, opinión pública y agenda informativa. En su relato, el objetivo sería evitar que “determinados actos de corrupción terminen frustrando la justicia” que busca para el caso.
En esa misma conversación, cuando le preguntaron por el mensaje institucional que podía implicar salir a denunciar corrupción judicial, Castillo redobló: sostuvo que se apoya en “las herramientas que tiene” y mencionó incluso que recibió denuncias en su contra. De hecho, el rol del abogado en la causa fue tema por partida doble: mientras él se presenta como representante de la familia paterna, desde ámbitos institucionales locales se cuestionó públicamente su habilitación para litigar en Chubut, lo que sumó tensión a un caso ya atravesado por una altísima sensibilidad social.
En el centro de todo, Cinthia Fernández aparece como figura mediática y, a la vez, como “acompañante” de un proceso judicial que aún está en etapa inicial y con medidas en curso. Ella misma había anunciado que Castillo asumiría la representación vinculada al caso, subrayando su compromiso “como estudiante de Derecho y como mamá”, una definición que explica por qué su intervención pública se lee tanto desde el espectáculo como desde lo emocional.
Y ahí llegó la frase que se volvió titular: “Entiendo emocionalmente a Cinthia… y también entiendo que Cinthia es una abogada en construcción”, dijo Castillo. La intención, según él, fue separar la reacción “sentimental” que puede generar un caso así —y que “nos indigna a todos”, agregó— de cualquier pretensión de hablar en nombre de una formación profesional concluida. Incluso se ocupó de marcar un límite: afirmó que está en contra de la pena de muerte y se definió con una postura “más garantista”, en contraste con las expresiones más extremas que circularon alrededor de la mediática.
El trasfondo, claro, es un caso que conmociona al país. Ángel murió cuando estaba al cuidado de su madre y la Justicia avanzó con detenciones e imputaciones mientras se esperan resultados periciales y se desarrollan audiencias clave. En ese escenario, la pareja Castillo–Fernández quedó parada en una cornisa: por un lado, la búsqueda de justicia y el acompañamiento a la familia; por el otro, el riesgo de que la causa se “farandulice” en el ida y vuelta televisivo.
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