Manuela Pal atraviesa un gran presente sobre las tablas. Actualmente integra el elenco de El chat de mamis, una comedia en el cole, la exitosa obra que, con funciones de miércoles a domingo en el Teatro Tabaris, invita al público a reírse de esas situaciones tan cotidianas como caóticas que suelen surgir en los grupos de WhatsApp de los colegios.
En una charla íntima con revista GENTE, Manuela también abre las puertas de su vida fuera del escenario. Habla de su rol como mamá de Amparo, la hija que tuvo junto a Gonzalo Díaz, del vínculo que mantiene con su madre, la reconocida actriz Graciela Pal, y de cómo vive una profesión que, a más de dos décadas de carrera, todavía la desafía y la emociona. Además, reflexiona sobre la actualidad de la ficción argentina y el lugar que hoy ocupa el teatro en la industria.

El fenómeno de "El chat de mamis": por qué la comedia conecta con tantas familias
Desde su estreno en marzo en el Teatro Tabaris, El chat de mamis, una comedia en el cole se convirtió en una de las propuestas más convocantes de la cartelera porteña. La obra, protagonizada por Eugenia Tobal, Carla Conte, Manuela Pal, Mica Riera, Karina Hernández, Berenice Gandullo y Lionel Arostegui, pone el foco en los vínculos que se construyen alrededor de los famosos grupos de WhatsApp escolares. En diálogo con Revista GENTE, Manuela Pal revela cómo vive el éxito del espectáculo y explica por qué cree que el público se siente tan identificado.
—¿Cómo están con la obra?
—Estamos de miércoles a domingos y los sábados tenemos doble función en el Teatro Tabaris...
—Doble función es un montón, ¿no?
—Es un montón. Aparte es una obra en la que lo damos todo... Tiene mucho físico. Nos movemos mucho en escena. Es bastante aplanadora, pero la disfrutamos mucho.

—¿El público está acompañando?
—El público está acompañando bastante... Está buena la doble función. Terminamos rotas, pero se disfruta. Tenemos un lindo grupo, por suerte.
—¿Cómo es la onda con el resto del elenco?
—Yo había laburado con Euge Tobal, Berenice... A Karina la conocía, pero no habíamos trabajado juntas. Al resto no los conocía, pero hicimos un grupo espectacular. Somos muy distintos, pero ensamblamos muy bien. Venimos de palos muy distintos... Vamos absorbiendo la experiencia del otro.
—¿En teatro se arma un lazo más fuerte con los compañeros que en televisión?
—Yo creo que en teatro se arma una cosa que es como una familia. Te tenés que sostener porque es tirarte sin red al público... El otro es muy importante porque siempre es ahí y ahora. Está buenísimo. En este equipo tenemos mucha contención.
—¿Por qué creés que el público está acompañando tanto la obra? ¿Qué es lo que cautiva?
—Yo creo que es una obra que tiene mucho de identificación. Cuando voy a ver una obra y me veo reflejada me siento cómoda porque siento que es algo que re puede pasar... Nos pasa mucho que vienen grupos de madres y se identifican. Se van encontrando con los personajes y eso está re bueno.
—El título adelanta un poco la historia, pero, ¿qué podés contar de la obra?
—Es una comedia de un grupo de madres y un padre que fueron citados al colegio por algo que pasó con sus hijos. La maestra nos cita para contarnos que pasó algo con el disfraz para un acto de una nena nueva. Ahí se arma... Es todo muy urgente. Es una reunión de padres en la que empiezan a surgir un montón de cosas. Es un lío entre padres y todo lo que pasa en el chat... Es algo que puede suceder en cualquier grupo de WhatsApp.

—Sos madre, ¿habías vivido alguna situación de las que aparecen en los famosos chats de mamis?
—Sí, totalmente. Me pasa que, por suerte, tengo un chat de mamis espectacular. Todas tiramos para adelante y nos re completamos. Nos ayudamos mucho. Nunca tuvimos un quilombo. Sí tengo amigas que han tenido, o conocen a alguien que tuvo. Son cosas que pasan un montón. Me siento identificada con todas las mamis y el papi del elenco.
Cómo es como mamá y qué piensa del futuro artístico de su hija Amparo
Además de su presente sobre los escenarios, Manuela Pal comparte su vida con el asistente de dirección Gonzalo Díaz Servidio, con quien tiene una hija de 10 años, Amparo. Aunque la niña mantiene un perfil bajo, suele acompañar a su mamá al teatro y ya comenzó a formarse en la escuela de Cris Morena.
Durante la nota, la actriz revela cómo vive la maternidad, qué cosas heredó su hija de la familia y por qué, aunque la entusiasma verla interesada por el mundo artístico, también intenta prepararla para los desafíos que implica esa profesión.
—¿Cómo te describirías como mamá?
—Estoy súper pendiente, pero soy colgada porque descanso mucho en que tengo un grupo de mamis espectacular. Si me olvido de comprar un mapa, alguna me va a avisar o me lo va a comprar. Estoy pendiente de la tarea, estoy encima... No soy hincha. No me importa que se saque un 10. Solo quiero que le vaya bien y que no se frustre.
—¿Tu hija fue a ver la obra?
—Mi hija vino mil veces. Viene a ver la obra, viene a camarines, se sabe los textos... De repente estamos en casa y me responde con un texto de la obra y me descoloca. En vacaciones de invierno vinieron muchas familias con chicos... Es una obra para adultos. Hay alguna palabra de adulto, pero no es nada grave.

—¿Cómo es para ella verte en el teatro?
—Tiene muy separada la ficción de la realidad. Me vio siempre actuando. Le encanta, le divierte y le gusta acompañarme. Va mucho con mi mamá al teatro a ver obras... Es algo que disfruta. A mí me encanta porque yo era igual de chica. Me siento muy identificada con ella.
—¿Hay bastante reflejo entre ustedes?
—Sí, total. Yo volvía del colegio y le pedía a mi mamá ir al teatro con ella. Amparo es igual. Ahora tiene 10 años y lo súper disfruta. Ahora que mi mamá está haciendo Billy Elliot, que está llena de niños, va un montón.
—¿Ella ya expresa que le gustaría seguir algo relacionado con el arte?
—Sí, le encanta. Además ya está estudiando. Va a la escuela de Cris Morena. Está preparándose y descubriendo qué es lo que más le gusta porque lo de Cris es comedia musical. Hay que ver... Todavía es muy chica. Entiendo que va a seguir con algo relacionado a este mundillo porque le gusta.
—¿A vos te gustaría que siguiera ese camino?
—Por un lado me encanta porque que le guste lo que hago yo y que me vea feliz con mi profesión es maravilloso. Por otro lado, es una profesión dura por momentos. En este trabajo, si te va bien, te va bárbaro; si te va más o menos, te va más o menos; y si te va mal, te va pésimo. Yo hablo de esta profesión porque es la que conozco. Hay momentos muy difíciles. Hay que aprender a frustrarse. Hacés castings y no quedás. Se tiene que ir formando "el callito", como dice mi mamá. A veces es doloroso. Obviamente uno no quiere que su hijo sufra, pero entiendo que en cualquier profesión hay momentos de frustración e injusticia. Seguirá lo que quiera seguir mientras la haga feliz y lo pueda sostener en el tiempo. No es solo pegar un bombazo y no trabajar más. A veces es mejor el trabajo de hormiga, más constante y continuo.

—¿A tus 41 años te sigue pasando de sentir frustración con tu carrera?
—Obvio, porque siempre es un volver a empezar. Terminás una obra que te fue bárbaro y después estás un año haciendo una obra para 30 personas... Más ahora que no hay tantas cosas en la televisión. Lo que pasa en las plataformas son producciones muy cortas.
—Vos trabajaste en un montón de telenovelas. ¿Sentís que ahora el teatro está ocupando ese lugar para ofrecerle ficción a la gente?
—Creo que sí, pero es distinto. El teatro es muy artesanal... Para mí es espectacular, tanto para el público como para los que lo hacemos. Es agotador, por más que uno piense que son tres horas. El cuerpo se gasta mucho. Me canso más haciendo teatro que estando diez horas en televisión. Siento también que el boom que hay hoy tiene que ver con que la gente puede ver ahí a los actores que ya no están en la TV. A la salida de la función nos piden que vuelvan las novelas. Evidentemente es algo que la gente sigue extrañando. Es una pena que la Argentina haya perdido ese lugar que tenía con las telenovelas.
Cómo es su relación con Graciela Pal y qué piensa sobre el futuro artístico de su nieta
Con 78 años, Graciela Pal continúa plenamente activa y actualmente integra el elenco de Billy Elliot. Lejos de bajar el ritmo, la reconocida actriz sigue siendo una referente para su hija, Manuela Pal, con quien comparte no solo la profesión sino también largas charlas sobre el oficio.
—El año pasado tu mamá le contó a Revista GENTE que se ponía muy nerviosa cuando iban su hija o su nieta a verla. ¿A vos te pasa lo mismo?
—¡Sí! ¡La paso pésimo! Si viene mi mamá o mi marido me pongo nerviosa. Mi mamá es del medio y es actriz. Se da cuenta de todo... Ella me ve todo. De hecho, La noche de la basura, la obra por la que charlaste con ella, no la vi. Fueron pocas funciones y me decía que no quería que fuera...
—¿Te seguís poniendo nerviosa antes de salir a escena?
—Sí, un poco sí... El otro día íbamos a anunciar que Mica Riera está embarazada y nos pusimos nerviosos todos...
—A esta altura de tu carrera, ¿todavía le pedís consejos a tu mamá?
—Charlamos mucho... En general son conversaciones de la vida, aunque están muy relacionadas con nuestra profesión. No sé si del lado actoral porque somos bastante distintas. No nos pedimos consejos, pero yo ya sé qué va a opinar ella. Nos decimos cosas técnicas...

—¿Qué sentís cuando la ves arriba del escenario?
—Me encanta. Ahora en Billy Elliot me generó mucha emoción porque está lleno de gente joven que la llena de energía. Me genera mucha admiración. La veo disfrutar y siento que le cambió la vida para bien. Está más activa, más divertida... Se re nota. Me genera mucha admiración que, a su edad, le ponga esta onda al trabajo.
—¿A Graciela le gustaría que Amparo siguiera el camino artístico?
—Sí, le encanta. Le ve el talento. Mi mamá dice que Amparo no tiene otra posibilidad en la vida más que ser actriz... La sentenció. (Risas)
Fotos: Redes sociales.

