Andrea del Boca, íntima: "Me animé a salir de mi zona de confort" – GENTE Online
 

Andrea del Boca, íntima: "Me animé a salir de mi zona de confort"

En una entrevista exclusiva con GENTE, la actriz hace un balance de vida: recuerda sus comienzos, revela qué la impulsó a entrar a Gran Hermano y abre su corazón al hablar de su familia, el amor y su presente.
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La sonrisa aparece antes que cualquier pose. Andrea del Boca llega al estudio dispuesta a disfrutar de una producción de fotos que, entre plumas, brillos y una corona que marcó su paso por la casa de Gran Hermano (Telefe), parece reunir todas las versiones de una misma mujer. Apenas cruza la puerta, las carcajadas se contagian al equipo y, casi sin esfuerzo, convierte el set en un escenario donde la cámara vuelve a encontrar a una de sus protagonistas.

Los flashes hacen el resto. Hay una naturalidad imposible de ensayar en alguien que pasó prácticamente toda su vida frente a un lente. La cámara la sigue, ella responde con una mirada imponente y la misma sonrisa que la ha acompañado por décadas. Por momentos, el estudio adquiere la atmósfera de una telenovela. Sin embargo, entre toma y toma, la ficción se rompe. Andrea busca el celular y llama por videollamada a su hija, Anna. Le muestra cada cambio de look, escucha su opinión y celebra sus ocurrencias. La complicidad entre ambas se cuela con la misma espontaneidad.

Andrea Del Boca es la protagonista de la tapa de GENTE esta semana.

La escena inevitablemente remite a otra imagen: a aquella niña que, con apenas unos años, protagonizaba su primera tapa de GENTE sin imaginar que ese sería apenas el comienzo de una historia extraordinaria. Pasaron 57 años de carrera, éxitos que cruzaron fronteras y personajes que marcaron a generaciones enteras. Pero esta vez hay algo diferente: Andrea ya no busca que el público descubra a un nueva versión de ella en ficción, sino que conozca a la mujer que existe detrás de todas ellas.

No es casual que, después de su paso por la casa más famosa, elija hablar de ese cambio. "Esta experiencia me dejó la posibilidad de mostrarme como soy. Y también comprobar que, después de tantos años, la gente sigue acompañándome con muchísimo cariño", dice emocionada.

La actriz debutó en Personajes del año de revista GENTE de 1973, cuando su carrera explotaba, siendo apenas una niña.

"Este viernes 7 de agosto cumplo 57 años de carrera. Quién iba a pensar que lo celebraría siendo nuevamente tapa en GENTE y parte de Gran Hermano", expresa casi con un suspiro mientras observa aquella fotografía en la que posa de muy chica para los Personajes el Año de 1973, la misma ocasión en la apareció también por primera vez Mirtha Legrand.

La vuelta del fenómeno Andrea Del Boca con Gran Hermano

Andrea llevaba varios años alejada de los grandes proyectos televisivos. Sus últimas apariciones en la pantalla chica habían sido en 2021, con Tiempo de pensar por la TV Pública, y en 2024 como participante de Bake Off Famosos (Telefe). Desde entonces, su presencia pública se limitó a entrevistas, participaciones especiales y algunas incursiones teatrales, sin volver a protagonizar una ficción.

Por eso, su desembarco en un formato tan inesperado y disruptivo como el reality de convivencia sorprendió al público y despertó todo tipo de opiniones. En esta charla, habla de esa experiencia, de sus miedos, de su familia y de lo que significó para ella volver a enfrentarse al público desde otro lugar.

"Gran Hermano me dio la posibilidad de mostrarme como soy", asegura Andrea del Boca sobre el desafío que marcó su regreso a la televisión.

—¿Qué expectativas tenías antes de entrar a Gran Hermano y con qué te encontraste?

—Las expectativas eran… a ver, por un lado era conmigo misma el desafío. Dije desde el principio que el desafío era conmigo misma: si podía estar en una casa con otras 27 personas de distintas edades, con un solo baño que era para todos. Era algo que nunca me había pasado y era todo un desafío personal. Y también saber qué iba a pasar con el público conociéndome a mí como persona y no con un personaje.

—¿En ningún momento actuaste?

—Obviamente que se juega mucho a actuar y a sobreactuar, que es mi profesión, es mi carrera y es lo que amo, pero no quería entrar en eso porque quería ser yo misma y ver qué pasaba con el público. Por ahí les gustaba o por ahí me decían: “No”. Entonces cada placa era como revalidar y decir: “Bueno, por este lado le gusta a la gente”.

—Llamó la atención que, con la carrera que ya tenés, hayas aceptado entrar al reality y quitarte el prejuicio o el miedo al qué dirán.

—Sí, la verdad es que mucho no pensé en el qué dirán. La responsable de todo esto es mi hija. Porque cuando Santiago Del Moro anuncia la Generación Dorada y dice que estaba abierta para todos. Mi hija me dice: “Mamá, tenés que anotarte”. Yo sentía que ya estaba grande para eso. Pero cuando me dijo que saliera de mi zona de confort fue como un sacudón. Me animé a salir de mi zona de confort. Me gustan mucho los desafíos, y la verdad es que tampoco lo hablé con mucha gente. Dos días antes de entrar se lo dije a mis hermanos, por ejemplo. Nadie sabía nada.

A 57 años de su debut frente a una cámara, la actriz asegura que todavía siente el mismo respeto por cada nuevo proyecto.

—¿Qué te dejó esta experiencia en lo personal?

—Me dejó vínculos muy fuertes. Me dejó la posibilidad de mostrarme como soy. Y también comprobar que después de tantos años la gente sigue acompañándome con muchísimo cariño. Eso no deja de emocionarme. Porque uno puede haber hecho una carrera muy larga, pero el afecto del público nunca hay que darlo por sentado. Y la verdad es que me fui de la casa con el corazón lleno.

La emoción al hablar de su mamá: "La vida te cambia los roles y ahora me toca cuidarla a mí"

—¿Sentís que tu infancia fue distinta por haber empezado a trabajar tan chica?

—Es que yo no tuve instancia para comparar. Esa fue la infancia que tuve. Y tampoco sé con qué compararla, porque cada uno tiene la suya. Si la comparo con la de mi hija, ella también tuvo una infancia en los medios, inclusive más complicada desde otro lugar. Mis padres supieron manejar las cosas para que dentro de casa todo fuera normal. Yo era la menor de tres hermanos y en vacaciones estaba prohibido hablar de laburo. Tampoco había favoritismos porque yo trabajara. Los retos eran para todos por igual.

—¿Tus hermanos siguen viviendo afuera?

—Sí. Hace muchos años viven en Estados Unidos. Se los extraña muchísimo. No los veo todo lo que quisiera porque no es cuestión de tomarse un avión y darse una vuelta. De hecho, este año tenían pensado venir para el cumpleaños de nuestra mamá pero no pudieron. Siempre me retan cuando digo "mi mamá". Me dicen: "Nuestra mamá".

La emoción aparece cada vez que habla de Ana María, su mamá, a quien hoy acompaña y cuida después de toda una vida de recibir su contención.

—¿Y cómo está hoy tu mamá, Ana María?

—Está bien, muy cuidada.

—Durante muchos años ella te cuidó y acompañó, y ahora te toca a vos priorizar su salud, ¿cómo te sentís con eso?

—Eso es fuerte (se quiebra). Porque uno nunca deja de sentirse hijo. Entonces cuando ves que tu mamá ya necesita que estés más pendiente, que la acompañes más, que la cuides... te das cuenta de que el tiempo pasó. Es ley de vida, pero igual emociona. No es fácil. No es fácil maternar y no es fácil "hijastrar", porque mi mamá está lúcida, está bien... pero es rebelde. Hay que decirle: "Tenés que comer". O la médica le cambia una medicación y hay que estar atrás. Con el tema de la presión es complicado porque es una enfermedad silenciosa.

Del Boca abandonó Gran Hermano para cuidar a su madre, luego de un pico de presión por el que recibió el aviso en pleno reality.

—¿Sentís que todavía te queda algo por decirle?

—No. Yo se lo he dicho todo. Siempre digo que uno no tiene que dejar para mañana lo que puede hacer hoy. No hay que guardarse los "te amo", los besos ni los abrazos. Muchas veces dentro de la casa pensaba que no quería restarme días de estar con mi mamá (se emociona). Se lo digo una vez más: te amo, mamá. Gracias a ella, junto con mi papá, tengo la vida. Gracias a ella también descubrí mi vocación, porque yo era muy chica y ella me acompañaba todos los días.

—Es verdad, estuvo siempre a tu lado, en tu carrera.

—Recuerdo que me leía los libretos porque todavía no sabía leer. Todo eso fue una entrega enorme de madre. Si ella no hubiese tenido esa dedicación, quizá yo nunca habría descubierto mi vocación como actriz. Siempre le digo a mi hija: "Ojalá yo llegue a ser la mitad de buena mamá de lo que fue mi mamá conmigo"... (se quiebra)

Después de varios años alejada de los grandes proyectos televisivos, Del Boca eligió volver con un formato que la obligó a dejar de lado cualquier personaje.

De cómo la maternidad le cambió la vida al especial vínculo con Anna

La maternidad marcó un antes y un después en su vida. En el año 2000 nació Anna Chiara, su única hija, fruto de su relación con Ricardo Biasotti, y desde entonces Andrea encontró en ese vínculo su refugio más profundo. Hoy, ya adulta, Anna se convirtió también en su gran compañera: sigue sus pasos en los medios, se divierten juntas, son una gran contención en los momentos más difíciles y, por lo que cuenta, un equipo en la dinámica diaria.

—Decías que es difícil maternar e "hijastrar", ¿cómo sentís que te cambió la vida desde que nació Anna, tu hija?

—Ustedes me van a hacer llorar otra vez (ríe). Siempre dije que quería ser mamá. Es raro porque di mi primer beso antes en la televisión, me casé un montón de veces en la ficción, tuve hijos en la ficción y no se concretaba en la vida. Y cuando Anna irrumpió en mi vida, estaba filmando una película y tenía que empezar una telenovela a los tres meses. Corrió todo, todas las prioridades. Desapareció todo.

—Llegó en un momento de mucho trabajo, por lo que contás.

—Era muy loco porque hasta ese momento, en general, mis parejas me criticaban porque me decían que lo único que me importaba era mi carrera. A ver, ellos eran importantes como personas que amaba, pero mi profesión era mi vocación, entonces obviamente ocupaba gran parte de mi vida. Cuando me enteré de que estaba embarazada sentí que todo pasaba a un segundo plano. Entendí lo que es el verdadero amor incondicional.

Durante la producción, Andrea mantuvo una constante comunicación con Anna Chiara, su gran compañera y principal consejera.

—¿Y ahora qué te pasa al verla ya convertida en mujer?

—Ella siempre quiso estar en los medios. Iba al colegio, hacía todas las actividades extracurriculares de actuación y yo era la que la frenaba. Más que nada porque no quería que mucha gente dijera: "Tiene que ser actriz porque la mamá empezó de chica". Quería que descubriera su vocación por ella misma. No quería que fuera un mandato. Ahora la veo en el streaming, tan bien plantada, y me felicitan porque habla muy bien. Yo digo que es un alma vieja porque tiene planteos de vida de una persona mucho más grande.

—Se las ve muy compinches.

—Somos muy niñas juntas. Nos gusta jugar, divertirnos, cocinar, hacer TikTok. Ahora soy una chica tiktokera con ella (risas). Y me divierte, porque es descubrir otra parte de la maternidad. Verla tan bien plantada en la vida, defendiendo su pareja de siete años, defendiendo sus ideales, sus sueños... La verdad me da orgullo. Me llena el corazón.

La actriz reconoce que su hija fue quien la impulsó a aceptar el desafío de ingresar a Gran Hermano Generación Dorada.

—¿Soñás con ser abuela algún día?

—El otro día hablábamos de cómo se imagina como mamá y le dije: "No, todavía no. Yo quiero que cuando llegue ese momento mis nietos me digan Kiki". Me dice así por una canción que compartimos y quedó como un apodo entre nosotras.

Sus primeros recuerdos en televisión y el comienzo de una carrera de más de 50 años

Hija del recordado director Nicolás del Boca y Ana María Castro, Andrea prácticamente nació frente a una cámara. Debutó en televisión con apenas siete meses de vida y alcanzó una popularidad inédita en 1973 gracias a Papá Corazón, donde su entrañable Pinina la convirtió en el rostro infantil más querido del país.

A partir de entonces construyó una carrera que atravesó generaciones y tuvo su punto más alto entre las décadas de 1970 y 1990, cuando protagonizó éxitos como Andrea Celeste, Los 100 días de Ana, Estrellita mía, Celeste, Celeste siempre Celeste y Perla Negra. Aunque en los últimos años se mantuvo alejada de la ficción, nunca perdió el vínculo con la televisión.

La protagonista de clásicos como Celeste y Perla Negra asegura que nunca dejó de sentirse una aprendiz de la actuación.

—¿Qué recuerdo tenés de tus primeras grabaciones en televisión?

—De mis primeras grabaciones en la tele, tengo sólo fragmentos en mi mente. Son como flashes que tengo. Imaginate que este 7 de agosto cumplo 57 años de carrera. Pero según cuentan, la primera aparición en realidad en pantalla fue cuando tenía unos 7 meses.

—Literalmente, actúas desde que naciste.

—Podría decirse (risas). En esa época no había casting y no había agencias, entonces era: “Che, ¿quién tiene un bebé? Un nene, rubio, por ejemplo, un varón”. Y como no me pudieron sacar los aritos que yo tenía, mi mamá me puso un gorro celeste y blanco para que me acepten. Era un proyecto de Alejandro Doria, que fue muy amigo de mi mamá, que además después, se convirtió en mi padrino.

—Esos recuerdos que tenés de tus primeras grabaciones, ¿de cuándo son?

—A los 3 años y medio, estaba terminando una novela y para darle un final más dramático, metieron a una hija sordomuda del protagonista. Era la última semana y también Alejandro dijo: “Préstamela porque necesito una nena”. A mí me encantaba sacarme fotos y jugar mucho. Mi papá dijo: “No, de ninguna manera", pero mi mamá le refutó: "Es una semana, es un favor que le hacemos”.

En esta nueva etapa, Andrea ya no busca interpretar heroínas: quiere que el público conozca a la mujer detrás de los personajes.

—¿Y qué pasó?

—La novela andaba muy bien y con la aparición de la hija sordomuda, fue el boom. Le explotó el rating y dijeron: “No termina, que siga”. Fueron 7 meses más de novela. Después otra novela que era con Norberto (Suárez), que después yo hice con él Papá Corazón. Y de las cosas que me acuerdo era de Alejandro, que me decía: “Vamos a jugar. Ahora, cuando yo diga acción, empieza el juego".

—Claro, porque vos eras muy chica.

—Me decía: "Vos tenés que mirar un punto y no pestañear ni nada. Simple. Y cuando digo corte termina el juego". Esa es una de las primeras cosas que recuerdo: dónde estaba, dónde me senté, cuando entraron, tiraron y yo estaba mirando así. Es una de las imágenes que me acuerdo de ese momento. De mis primeros trabajos como actriz.

El legado que marcó su carrera y el consejo que aún conserva de su papá

—Creo que gran parte de toda esa carrera exitosa tiene que ver con un pilar fundamental, que fue tu papá. ¿Qué fue lo mejor de trabajar con él y lo más difícil?

—Empecé a trabajar con mi papá cuando tenía nueve años, en una serie que hicimos en Colombia. Al principio era una serie y después la primera telenovela fue Celeste, en 1979. Muchas veces teníamos desacuerdos en el estudio. No eran peleas, pero sí diferencias. Yo llegaba a casa con la vena acá y le decía: "No, porque me dijiste...". Y él me respondía: "Eso fue en el estudio. Acá es otra cosa". Entonces me enseñó a separar al papá del director.

Andrea recuerda con orgullo las enseñanzas de su padre, Nicolás del Boca, el director que marcó su carrera y su manera de entender el oficio.

—Me imagino, y los dos con carácter fuerte, ¿no?

—Era muy divertido porque cuando discutíamos nos tratábamos de usted. Era: "Señor del Boca". Y él me contestaba: "Señora del Boca". Los camarógrafos nos miraban como diciendo: "Esta gente no está bien". Pero era muy divertido. Lo más importante era su entrega. Su amor por su familia y por la profesión. Yo muchas veces lo retaba porque le decía: "Tenés demasiado perfil bajo, sos demasiado humilde".

—¿Qué es lo que más admirabas de él?

—Él había sido vendedor de diarios, después tornero, después fotógrafo y terminó llegando a la televisión. Aprendió de los grandes maestros cuando todo era en vivo. Era un director integral. Sabía de luces, de cámaras, de actores. Cuidaba a todos los actores. Y muchas veces yo lo retaba porque le decía: "A mí me exigís más que al resto".

—¿En qué cosas te exigía más?

—Me exigía llegar en horario, saberme el texto perfecto. Y había otros, sobre todo algunos galanes, a los que les dejaba pasar cosas. Yo le decía: "¿Cómo que no importa? Yo estudio todo el libreto, ellos también deberían hacerlo". Él me enseñó que todos los días se debuta. Que esta es una fábrica de sueños y que nuestro trabajo es seguir fabricando sueños para acompañar a la gente que está del otro lado.

Con más de medio siglo de trayectoria, la actriz sigue convencida de la enseñanza que heredó de su padre: "Todos los días se vuelve a debutar".

—¿De qué forma sentís que sigue presente en tu vida?

—Siempre está muy presente. Por ejemplo, no creo que haya sido casualidad que, en un momento en el que yo estaba replanteándome muchas cosas de mi carrera, volviera justamente al estudio donde trabajé por última vez con él para hacer un programa del que soy fan como público, como es Gran Hermano. Era también probarme a mí misma. Ver qué pasaba si me la jugaba sin un personaje y dejaba que el público conociera a Andrea. Creo que él, de alguna manera, siguió moviendo los hilos desde arriba para que esta propuesta llegara justo en este momento. No creo que haya sido casual.

—¿Algún consejo de él que te haya marcado y sigas poniendo en práctica?

—Mi papá siempre me decía: uno da examen todos los días. No te la creas. No te creas ni el éxito ni el fracaso. Son dos grandes impostores. Ni el fracaso es totalmente de uno, ni el éxito es totalmente de uno. El éxito es de todo un grupo que se tiene que dar como para que al público le guste esa propuesta que estás haciendo. Y el fracaso a lo mejor no es el momento o no era para vos ese personaje. Siempre te da revancha. Es solamente mantener la calma, escuchar qué es lo que quiere o lo que busca.

“Si tengo arrugas es porque me reí mucho, y si tengo patas de gallo es porque viví”

—¿Cómo vivís el paso del tiempo?

—Tengo la edad que tengo. No soy de las personas que se obsesionan. Hay cosas con las que me relajo. Por ejemplo, cuando tenía 20 y pico de años, sí era muy estricta con el tema de la dieta, las previsiones de cinco kilos, entonces era estar a dieta y estar siempre por debajo del peso. Soy una mujer normal, común y corriente que sí tengo excesos, porque tengo temas de tiroides y qué le voy a hacer. Y con mi reaparición en pantalla, había cosas que también quería que se plantearan, que se normalizaran.

En la nota con GENTE, Del Boca reflexiona sobre el paso del tiempo y la presión estética en la industria.

¿Llegaste a sentir presión por hacerte alguna cirugía?

—Mirá. Si tengo arrugas y patas de gallo, es porque me he reído mucho. Y si tengo esto es porque también me pasó la vida. Hay cosas que pasan con la edad. Me hago hidrataciones, me cuido, pero no es obsesionarse. Es cuidarse para estar mejor, para sentirse bien.

¿Tenés un secreto para tener esa piel?

—Nunca, jamás llevé sol en mi vida. Después solo cremas hidratantes y algún que otro tratamiento.

—Se te ve muy segura, plantada. ¿Sentís que esa seguridad llegó con los años?

—Sí. Ahora, con la edad que tengo, digo: “Me veo gorda, me veo gorda”. Pero, si eso mismo me lo hubieran dicho cuando tenía 20 años, no sé cómo lo habría tomado. Y lamentablemente veo que hoy en día la gente joven lo sigue sufriendo y no está bueno. Tenemos la obligación de que cada vez pase menos.

Con la misma naturalidad con la que posa frente a cámara, Andrea habla de sus miedos, sus emociones y el presente que decidió abrazar.

—¿Cómo vivís hoy el amor?

—Mi hija me está buscando novio (risas). El otro día, las chicas del fandom también estaban haciendo casting para conseguirme pareja. La verdad es que he amado profundamente y también he sufrido profundamente. Entonces, en este punto de mi vida, creo que lo que uno busca es un compañero de vida.

—Cuando mirás para atrás y pensás en esa nena que empezó tan chiquita en las telenovelas, ¿qué le dirías hoy?

—Le diría: "Has recorrido un largo camino, muchacha". Me da mucha ternura. Por ejemplo, con Gran Hermano yo pensé que el público que me iba a acompañar era el de las novelas, el de mi generación. Jamás imaginé que tanta gente joven me conociera. Eso me emociona muchísimo. Pienso cuánto pasó el tiempo. Son tantas anécdotas, tantas vivencias, tanta vida... que no sé si voy a tener tiempo suficiente para terminar de agradecerle a toda esa gente. Siempre digo que el único matrimonio que tuve, que sigue siendo absolutamente fiel y que renovamos los votos todo el tiempo, es con el público.

Fotos: Chris Beliera
Video: Martina Cretella y Candela Petech
Diseño de tapa: Darío Alvarellos
Estilismo: Cynthia Martos
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