“A los 40 años, siento que mi carrera en Argentina recién está empezando”, asegura Joaquín Ferreira con el entusiasmo de quien está dispuesto a volver a empezar. La frase podría resultar llamativa si se observa el recorrido que ya carga sobre sus espaldas: mientras su nombre recién comienza a instalarse con fuerza entre el público argentino, el actor lleva años construyendo una sólida carrera internacional, especialmente en México y España, donde participó de importantes producciones, encabezó proyectos y logró hacerse un lugar dentro de dos industrias altamente competitivas.
GENTE habla con el intérprete de Luis Vadalá en la serie de Moria mientras se encuentra en Madrid, en plena promoción de su más reciente proyecto cinematográfico, Marfil, la película que filmó en Nueva York junto a Ester Expósito. Además, acaba de terminar el rodaje de Un match para papá, su primer protagónico en España, y ya se prepara para nuevos proyectos. Sin embargo, aún con una agenda internacional cargada, hoy hay algo que parece movilizarlo especialmente: construir una carrera en su propio país.
“Para mí fue empezar a armar una carrera de cero”, reconoce sobre un proceso que lo llevó a pasar de tener un motorhome propio en producciones extranjeras a cambiarse junto a la vestuarista durante su primer trabajo cinematográfico en Argentina. Un contraste que, según él, nunca le pesó.

Quizás porque empezar nuevamente nunca fue algo extraño en su historia. A los 25 años, Ferreira tenía una vida estable en Pilar: era socio de un restaurante de sushi y llevaba adelante un estudio de diseño gráfico que funcionaba bien. Había encontrado estabilidad económica, pero no aquello que sentía como una verdadera pasión. Entonces decidió dejar esa comodidad y viajar a México en busca de algo que ni siquiera sabía definir todavía. Semanas después, un encuentro casual en Playa del Carmen lo llevaría a su primer casting, luego a filmar una publicidad en República Dominicana y finalmente a descubrir la actuación.
Dos décadas más tarde, aquella forma de enfrentar la vida parece mantenerse intacta. “Yo no descarto algún día enamorarme de otra cosa y cambiar mi carrera por completo. Soy un buscador de experiencias”, admite. Por eso, después de haberse consolidado en el exterior, comenzar nuevamente en Argentina no parece significar para Joaquín Ferreira retroceder algunos casilleros, sino encontrarse frente a otra experiencia por conquistar, y lograr finalmente uno de sus más grandes anhelos: trabajar en Argentina.
“Para mí fue empezar a armar una carrera de cero”: la apuesta de Joaquín Ferreira por Argentina

—Joaquín, ¿cómo estás viviendo toda la repercusión que está teniendo tu personaje en la serie de Moria?
—Muy contento, la verdad. No me lo esperaba para nada. Más que contento por lo que pasa con mi personaje, también me pone muy contento lo que está pasando con la serie, con la calidad, sobre todo, porque, claro, yo en el momento en que la hice visualizaba un poco, pero no tenía la idea general de cómo iba a quedar. Y la verdad es que el trabajo de Javier Van de Couter, el director, es excepcional.
—Bueno, la historia captó un público internacional también.
—Para mí es una obra de arte y me pone muy contento que también se esté viendo en otros países, en España, en México. Yo ya trabajé mucho allá y me llegan muchos comentarios de gente a la que le encanta la serie. Es increíble.
—Tenés muchos proyectos afuera y, de hecho, trabajás mucho en México y España.
—Mirá, justo vengo ahora de estar tres meses filmando Un match para papá, que es mi primer protagónico en España. Ahora vine para acá a promocionar la serie, pero me estoy volviendo porque promociono también una película que sale ahora en España, que se llama Marfil, con Ester Expósito, producida por Álex de la Iglesia. Un peliculón que filmamos en Nueva York. Esa es una superproducción. Y empiezo a filmar una serie de HBO que se llama Apego. La verdad, con mucho trabajo afuera. Pero siempre deseando trabajar en Argentina, aunque mi camino empezó afuera, después de muchos años, no hace tanto decidí venir acá a trabajar y empezar a armar mi carrera acá. Así que también estoy contento de que esté sucediendo todo lo que está sucediendo ahora en Argentina.
—¿Qué te llevó a tomar la decisión de empezar a construir una carrera y desarrollar más proyectos en Argentina?
—Siempre tuve ganas de trabajar en Argentina. De hecho, mi primer proyecto, que fue lo primero que hice en mi vida, fue una serie de Netflix, la primera serie de la plataforma de habla hispana, que se llama Club de Cuervos. Hicimos cuatro temporadas y yo tuve un spin-off de mi personaje que se llamó Yo, Potro. No sabés lo que rompí las bolas para que vinieran a grabar a la Argentina, porque lo podrían haber hecho en México tranquilamente, porque hay un montón de actores argentinos en México. Pero yo pedí venir a grabarla acá y vinimos a hacerla acá en ese momento. Te estoy hablando de hace diez años.

—Formaste parte de grandes proyectos internacionales en lo actoral. ¿Fueron estas oportunidades afuera las que impidieron concentrarte en una carrera en Argentina?
—Siempre tuve ganas de venir a trabajar acá. Pasa que todo lo que yo había hecho afuera no se había visto acá, entonces cuando volvía, era como un ovni, un actor que trabajó mucho internacionalmente, pero que no se conoce en Argentina. Era muy difícil, no estaba en el radar de los productores, por decirlo de alguna manera.
—¿Y cuando es que decidís trabajar tu marca en la industria argentina?
—La decisión fuerte la tomé en la pandemia. Era 2020. Yo hacía un año y medio que no veía a mi familia por la pandemia y porque estaba trabajando afuera. Estaba filmando, estaba coprotagonizando una serie en Miami que se llamó La suerte de Loli, que la escribió una argentina, pero era una serie estadounidense de habla hispana. Estaba ahí hacía seis meses, hacía un año y medio que no veía a mi familia, venía pasando un momento difícil personal y estaba muy triste, la verdad. Y era raro porque yo me acuerdo de que hablaba con mi terapeuta y le decía: “Tengo todo. Acá en Miami me dan una casa, me dan un chofer, soy joven, puedo hacer lo que quiera e igualmente estoy triste”. Mi psicóloga me lo sigue recordando. Ya pasaron casi cuatro o cinco años de ese momento y ahí empecé a pensar: “¿Qué es lo que más quiero que me pase?”. Y dije: “Si en este momento se termina el mundo por esta pandemia, ¿dónde quiero estar yo?”. Y la verdad es que quería estar acá, en Argentina, junto a mi familia, junto a mis amigos y filmando.
—Ahí tomás la decisión.
—Sí, en ese momento fue cuando tomé la decisión. Me vine para Argentina y tuve la suerte de que a los 15 días quedé para una película. Empecé una película que se llama Franklin: Historia de un billete, donde está también Sofía Gala. Hoy la ves por Disney+. La cosa es que después esa película la vio Ariel Winograd y luego fue él el que me convocó para la serie de Coppola.
—¿Y a partir de ahí empezaron a aparecer los proyectos? ¿Cómo se fue dando ese recorrido porque también te vimos en 'La hija del fuego' con la China Suárez?
—Sí, también. La hija del fuego yo la hago porque, previo a eso, hice la última novela de Adrián Suar, Buenos chicos. Era un personaje que tenía solamente los primeros 20 capítulos. Y a Suar le gustó mucho mi papel ahí, de hecho me dijo: “Che, no te conocía. Si hubiera sabido, te daba un papel más grande. Quiero que te quedes”. Mi personaje se moría en el capítulo 20 y me dijo: “Bueno, quiero revivirte y que vuelvas todos los otros capítulos, que seas el hermano malvado”. Me acuerdo de que yo justo tenía una película de Netflix que se llama Techno Boys, en México, y le dije: “No puedo, me estoy yendo a México a grabar”. Creo que se quedó con ganas de trabajar conmigo y ahí me vuelve a convocar para hacer La hija del fuego, donde hago este coprotagónico con la China.

—¿Sentís que este papel de Luis Vadalá y la repercusión de la serie te posiciona en mejor lugar dentro de la industria argentina?
—Yo creo que me está empezando a dar a conocer en Argentina, pero soy muy ambicioso, la verdad. Creo que eso me está empezando a dar a conocer. Creo que hay muchas facetas mías que este personaje no muestra. Si bien intento mostrar distintas matices del personaje, yo también tengo mucho de comedia y hay muchas cosas de comedia que en Argentina no se han visto. Y también hago muchas cosas más de drama que tampoco se vieron. Yo siento que mi carrera en Argentina recién está empezando y esta es una carrera como un maratón: lleva mucho tiempo. Así que no tengo apuro. Voy pisando con pie firme.
—Después de haber construido una carrera en México y España, ¿qué significa para vos empezar a consolidar un camino profesional en tu propio país?
—Significa muchísimo. Para mí fue empezar a armar una carrera de cero. Es muy gracioso, pensá que cuando me vine de trabajar afuera y hacer mi primera película en Argentina, yo pasé de tener un motorhome, un camión entero para mí en donde las chicas de maquillaje me venían a maquillar adentro del camión, a cambiarme al lado de la vestuarista en su camerino.
—¿Te costó ese cambio abrupto de trato?
—La verdad que estaba muy lejos de importarme, yo estaba completamente loco porque iba a trabajar con Luis Brandoni. Yo estaba feliz de trabajar en Argentina. Para mí, trabajar en Argentina, te digo, no es que trabajo gratis, pero casi, te digo (ríe incómodo). Pero estar con mi familia, estar con mis amigos y hacer productos argentinos lo valen. Afuera se habla mucho de los argentinos como actores, como directores, como maestros de actuación. Se habla mucho de los productos argentinos. Es impresionante.
—De alguna manera, ¿sentís que estás saldando esa cuenta pendiente de ser profeta en tu tierra?
—Sí, qué loco eso. Por algo existirá ese dicho, pero en mi caso es real. Más que ser profeta, porque no es que quiera ser un profeta, pero sí trabajar junto a mi gente, a mi familia, a las personas que tienen la misma idiosincrasia que yo, que han vivido lo mismo, por lo menos en el país. Es muy gratificante.

—Con la repercusión de la serie de Moria, ¿ya empezaron a aparecer nuevas propuestas para trabajar en Argentina?
—Por suerte, sí. Tengo una obra de teatro que me propusieron y una película también para el año que viene. Pero bueno estamos arreglando todo y lleva su tiempo esto, porque también tengo otros proyectos afuera, entonces se tiene que organizar. Pero te confieso que estoy pensando en mover los de afuera y venir a hacer los de acá.
—No querés desaprovechar este pick de tu carrera en el país.
—Totalmente.
—Actualmente, ¿dónde está tu base? ¿Vivís en Argentina o tu vida sigue siendo bastante nómade por el trabajo?
—En Argentina. Yo tengo mi casa en Argentina, pero alquilo un departamento en México y alquilo otro en Madrid también. La verdad es que me estoy moviendo por trabajo. Yo, donde hay trabajo, estoy. Pero generalmente, cuando tengo libre, vengo para Argentina siempre. Se puede decir que mi base es acá, aunque a veces paso más tiempo afuera que acá, pero me estoy moviendo todo el tiempo.
"No era feliz": el salto al vacío de Joaquín Ferreira que cambió su historia por completo
A los 25 años, Joaquín Ferreira tenía dos emprendimientos en Argentina, estabilidad económica y una vida cómoda. Sin embargo, sentía que algo le faltaba. “No era del todo feliz”, reconoce a GENTE.
Convencido de que quería encontrar una verdadera pasión, dejó aquella seguridad y se fue a México sin saber qué iba a encontrar: “Tomé la decisión de irme a encontrarme a mí mismo”. Ese salto al vacío terminaría llevándolo, casi por casualidad, a descubrir la actuación.

—Volvamos a tus orígenes. Te fuiste a México alrededor de los 24 o 25 años. ¿Quién era ese Joaquín antes de armar las valijas? ¿Qué hacías y qué estabas buscando encontrar?
—Yo tenía un restaurante de sushi con dos amigos más grandes que yo, diez años más grandes. Acá en Argentina, en Pilar. Tenía un estudio de diseño gráfico con un amigo también, que nos iba bastante bien. Pero me pasaba un poco esto que te contaba de pandemia: no era del todo feliz. Había encontrado la estabilidad económica, me iba bien económicamente, estaba cómodo, realmente estaba en una posición muy cómoda. Pero la verdad es que decía: “Loco, yo voy a tener que trabajar toda la vida de esto”.
—¿Sentías que no te llenaba?
—Siempre pensé en algo que me guste realmente hacer, que sea una pasión. Es tan difícil esto porque después me he cruzado con mucha gente en el camino, yo tengo 40 años, que busca una pasión y no la encuentra, y gente mucho mayor que yo. Es muy difícil encontrar la pasión. Pero, bueno, yo tuve la suerte y tomé la decisión de irme a encontrarme a mí mismo.
—¿Y cómo arrancás de cero en una ciudad nueva y un país que no es el tuyo?
—Me acuerdo de que le mandé un mail a un amigo mío —en ese momento se mandaban mails todavía (se ríe)— contándole que estaba en México y estaba buscando algo que me gustara hacer, o una mujer para enamorarme, o un lugar en donde quedarme, o un deporte increíble. Porque yo había jugado al rugby antes. Buscaba algo, una pasión, algo que me gustara realmente hacer. Y caminando por la playa, muy loco, a las tres semanas de que había llegado a Playa del Carmen, México, una mujer me paró y me preguntó si era actor. Yo le contesté algo que nunca hubiera supuesto contestarle a una pregunta así: le dije que no, pero que me animaba, que qué había que hacer.
No descarto algún día enamorarme de otra cosa y cambiar mi carrera por completo".

—¿No siempre tuviste esa seguridad de galán o villano de novelas que solés interpretar?
—Yo era un tipo super tímido. Nunca se me había pasado por la cabeza actuar, no era un cinéfilo en absoluto. Sí me gustaba ir al teatro, siempre me gustó ir al teatro y siempre me gustó el arte, pero nunca había pensado en la actuación. Pero le terminé diciendo a esta mujer que me animaba, que qué había que hacer. Y me dijo: “Hay que hacer un casting para una publicidad en República Dominicana”. Hice el casting, quedé y me fui siete días a filmar a República Dominicana, donde conocí unos directores espectaculares. Gente muy divertida. Estuve siete días en un all inclusive pasándola bien, filmando.
—¿Es este el momento bisagra en tu vida?
—En este proyecto es que uno de los directores me dice: “Che, está bueno lo que hacés”. Y a mí ahí se me prendió una lamparita y dije: “A mí esto me encanta. Es por acá, es por acá. Voy a probar”. Vuelvo a Playa del Carmen y, a la vuelta, conocí a un tipo que venía viajando desde Argentina en moto. Me contaba de su viaje en moto, que veía atardeceres, y viajar en moto en solitario es espectacular. Yo venía haciendo todo este viaje solo, así que decidí comprarme una moto y, sin saber manejarla, me fui a Ciudad de México. Hice 1700 kilómetros, me recorrí todo el sur de México. Y finalmente cuando llegué a Ciudad de México, me puse a estudiar actuación.
—México tiene además una industria audiovisual muy grande. ¿Sentías que era un mercado especialmente competitivo?
—Sí, sí. Es muy competitivo, pero hay mucho más trabajo que acá. Muchísimo. Ponele que se multiplica por diez. Realmente no te estoy exagerando, hay muchas oportunidades.
—Tenías alrededor de 25 años, dos emprendimientos y estabilidad, pero decidís dejar todo en busca de este "algo" que hasta ese entonces no sabías qué podía ser. ¿Sentiste que estabas haciendo una apuesta arriesgada al dejar todo eso?
—Sí, totalmente. Igual yo siempre fui inmaduro y creo que lo sigo siendo, pero desde el lado del juego de la vida. No desde el lado del respeto o la responsabilidad hacia los demás ni hacia mi trabajo, pero sí soy un inmaduro en el juego de la vida. O sea, yo no descarto algún día enamorarme de otra cosa y cambiar mi carrera por completo. No lo descarto. Soy un buscador de experiencias.
—Entonces, ¿no le tenés miedo a las nuevas experiencias?
—No, para nada. Al contrario. Estoy tratando de empaparme todo el tiempo de experiencias nuevas.
“Me estoy guardando lo mejor para lo último”: la próxima gran apuesta de Joaquín Ferreira
La actuación es apenas una de las formas que Joaquín Ferreira encontró para canalizar su costado artístico. Hijo de un artista plástico, pinta desde chico, llegó a exponer en México y en ferias internacionales y ahora tiene los pinceles en pausa mientras escribe un libro. “Es un poco la misma energía la que se usa para pintar, para actuar y para escribir”, explica. Y todavía queda una disciplina que considera su gran desafío pendiente: el teatro, al que define como “lo mejor” y que sueña con retomar en Argentina.

—Además de actor, sos artista plástico. ¿Cuándo apareció la pintura en tu vida?
—Mirá, mi viejo es artista plástico. Yo pinté toda la vida. De hecho, inicié mi carrera de Bellas Artes después de terminar el colegio, creyendo que no se podía vivir del arte. Esto que dice la sociedad a veces, que me parece tan loco porque hay tanta gente viviendo del arte después. Pero, bueno, fácil no es.
—¿Y cuándo te das cuenta que podías?
—Y en México, cuando hice esta primera serie de habla hispana de Netflix, Club de Cuervos, apenas terminó la serie el productor vino y me dijo: “Mirá, Joaquín, vamos a hacer la segunda temporada el año que viene, pero en lo que queda del año no podés trabajar de otra cosa. O sea, no podés hacer publicidades”. Yo vivía de la publicidad, pero me pedían exclusividad, y dije: “¿Qué hago?”. Y yo Pintaba cuadros.
—¿Así terminaste convirtiendo la pintura en otra salida laboral tuya?
—Yo estaba pintando cuadros para la casa donde me acaba de mudar con otros 6 actores argentinos que estábamos buscando una oportunidad en México. Y me puse a pensar qué iba a hacer, porque tenía que comer. Entonces agarré y me busqué una representante artística, y fue muy loco porque los tres primeros cuadros que yo pinté se los vendió a un tipo en Nueva York que parecía que tenía muchísimo dinero, un tipo que manejaba en la Bolsa. Esta es toda la información que yo tengo. Y como ocho años después, yo me fui a vivir a Barcelona con una novia catalana que tenía, estaba trabajando como actor allá, y me llegó un mail de un estudio de abogados diciendo que este hombre había fallecido, pero había dejado en su testamento que estos tres cuadros se los quería devolver al artista y había dejado el dinero para devolvérmelos. Así que me llegó a Barcelona una caja gigante de madera con mis tres primeros cuadros pintados y vendidos. Los tengo ahí, los tiene una amiga mía en su casa.
—¿Esto fue clave para empezar a exponer tu trabajo?
—Bueno, a raíz de esa venta que fue muy importante, empecé a exponer. En México llevo ya cuatro exposiciones y dos ferias internacionales también de arte, una en Miami y una en México. Pero ahora hace como un año que no pinto. Estoy medio frenado porque estoy escribiendo un libro y es un poco la misma energía la que se usa para pintar, para actuar y para escribir.

—Sos un artista de varias disciplinas.
—Sí, sí. Vivo de eso. No puedo hacer otras cosas.
—Pintás, escribís y actuaste en películas y series. ¿Teatro, no?
—Me estoy guardando lo mejor para lo último: me estoy guardando el teatro. Ya hice teatro en México, pero todo lo que me han ofrecido he dicho que no en estos últimos seis años porque me quiero mover todavía. Me gusta este movimiento de ir a trabajar a España, de trabajar en México, de trabajar en República Dominicana.
—Claro, el teatro exige otro compromiso de presencialidad más que nada.
—Sí, sí. Hay que comprometerse. Aparte, no te comprometés solamente con el público, sino también con un elenco, con compañeros. Entonces yo no puedo empezar a ensayar hoy, empezar la obra y, a los dos meses, porque me salió un trabajo, una película que me gusta, irme. No se puede. Entonces me estoy guardando lo mejor para el final, como el postre.
—¿Te gustaría que tu próximo proyecto teatral fuera en Argentina?
—Sí, por supuesto. De hecho, yo sigo estudiando actuación, me sigo preparando. Este último tiempo estuve haciendo cursos con grandes directores de teatro, con dramaturgos argentinos de la hostia. Hablo con Claudio Tolcachir, que está en España también. Pero me encantaría que me dirija un gran director. Para mí, yo juego mucho a este deporte que es la actuación con el director, con mis compañeros, por supuesto, pero con el director también. Y para mí el director es muy importante siempre, y va a ser clave a la hora de cerrar el proyecto con el que debute acá.
Agradecemos las fotos a Hernán Cristiano de Conde Estudio






















































