“Hacía panqueques para vender y, con todo eso, juntaba la plata para sobrevivir, básicamente”, cuenta Papryka a GENTE al recordar una etapa de su vida que hoy parece lejana. Por entonces, la actriz cordobesa combinaba su trabajo como diseñadora con el teatro independiente y los proyectos artísticos que impulsaba junto a sus amigos. Todo era autogestivo y estaba atravesado, según sus propias palabras, por el amor a lo que hacían.
Ese horizonte comenzó a transformarse cuando decidió dejar Córdoba y mudarse a Buenos Aires. A cuatro años de su salida de Hecatombe! —uno de los grupos de humor y de creadores de contenido más populares y pioneros de YouTube—, Agustina "Papryka" Suásquita atraviesa una etapa completamente diferente de aquella en la que debía generar sus propias oportunidades: después de apostar de lleno por su carrera como actriz, fue sumando proyectos que terminaron por abrirle un lugar dentro de la industria audiovisual.

Su participación en Envidiosa volvió a ponerla frente a un público masivo y se convirtió en uno de los trabajos más importantes de esta nueva etapa. A eso se sumaron diferentes proyectos para cine y televisión que fueron consolidando su recorrido y una experiencia internacional que incluso la llevó al Festival de Cannes.
Ahora, Papryka vuelve a captar los reflectores con un nuevo desafío en la gran pantalla. La actriz se prepara para presentar Escondida en mi cabeza, su última película, que filmó en Uruguay y que tiene a Nicolás Furtado como protagonista. Un nuevo paso dentro de una carrera que, paradójicamente, comenzó a tomar forma cuando ella misma todavía no se animaba a imaginar hasta dónde podía llegar.
Papryka, de la época dorada de YouTube a la gran pantalla: “Ni siquiera me permitía soñar con trabajar en cine”
Mucho antes de llegar a la gran pantalla, Papryka fue una de las protagonistas de la época dorada de YouTube en Argentina, cuando una nueva generación de creadores irrumpió en Internet y comenzó a construir comunidades multitudinarias por fuera de los medios tradicionales. En su caso, aquel fenómeno estuvo ligado a Hecatombe!, la productora que cofundó junto a un grupo de amigos en Córdoba y desde la que comenzaron a producir contenido de ficción que rápidamente ganó visibilidad en las redes sociales.
“Fue una suerte haber entrado en un momento en el que el concepto de viralidad apareció en el mundo”, recuerda sobre aquella etapa que comenzó hace más de una década. Sin embargo, detrás de la popularidad digital seguía estando la misma inquietud artística que la acompañaba desde chica: la actuación.
El cine, en cambio, todavía parecía pertenecer a un universo demasiado distante. “No sé si fui una niña que se permitió tanto soñar con trabajar en cine porque no lo veía posible. Lo sentía muy lejano, sinceramente”, reconoce en una sincera charla con GENTE.

—La trama de tu última película, Escondida en mi cabeza, nos muestra un salto en el tiempo y una realidad totalmente inesperada para el personaje principal. Me gustaría trasladar esa trama a tu vida y que me digas cómo ves hoy tu presente, si imaginaste estar donde estás.
—Mirá, yo soy una piba que nació en Córdoba, en el interior, y siempre me formé como actriz allá, en Córdoba. Pero siempre fui consciente de que las posibilidades que tenía estando en el interior no eran tantas. Entonces, dentro de las posibilidades que teníamos y con las herramientas que teníamos, que eran muy pocas, empezamos con algunos colegas y amigos a intentar crear cosas desde allá.
—¿Te referís al grupo de comedia que cofundaste en 2011 en Córdoba, 'Hecatombe', que creaba sketches virales para YouTube y obras de teatro en Villa Carlos Paz?
—Claro. Formamos una productora con la que hacíamos contenido de ficción y ese contenido ficcional se empezó a viralizar en redes sociales y fue un poco también lo que nos dio cierta visibilidad. Pero también fue una suerte de haber entrado en un momento en el que el concepto de viralidad apareció en el mundo, te diría, porque era algo que antes no existía. Te estoy hablando de hace como 11 años atrás, que no tenía nada que ver con lo que es hoy. Y creo que, a veces, cuando uno no tiene —sobre todo pensando en que no todos nacemos en Capital Federal— tiene que sacar a flote ciertas herramientas y también el trabajo en grupo y en equipo. Pero, respondiendo tu pregunta, la realidad es que no me lo hubiese imaginado nunca. Yo, de vuelta, era una piba que hacía teatro independiente en Córdoba.
—¿Esto de la productora era algo que ustedes autogestionaban?
—Sí, todo autogestionado y muy ligado a un sentimiento de amor por lo que hacíamos. Porque no era para nada redituable.

—¿Y cómo subsistía la Papryka artista de ese momento, de aquella época?
—Hacíamos mucho teatro y, con la venta de tickets, solíamos también hacernos nuestro pequeño sueldo. Y también yo trabaja de otra cosa.
—¿Tenías otros trabajos paralelos?
—Bueno, estudié diseño. Entonces, en ese momento también trabajaba como diseñadora. También durante mucho tiempo de mi vida hice panqueques para vender. Este dato es hermoso porque hacía panqueques para vender y, con todo eso, juntaba la plata para sobrevivir, básicamente.
—Todo en pos de cumplir tu sueño, ¿no?
—Bueno, no sé qué decirte respecto a esto, porque a mí me preguntan mucho: “¿Era tu sueño?”. A ver, sí. Yo creo que desde muy chiquita siempre tuve contacto con el arte en general. No solo con la actuación, sino con varias ramas. Algo de lo multidisciplinario siempre me atrajo. Pero la realidad es que a veces uno lo ve más posible y a veces no. Yo te tengo que decir que no sé si fui una niña que se permitió tanto soñar con trabajar en cine porque no lo veía posible, si te soy sincera.
—Lo sentías lejano.
—La verdad es que ni me quise meter en ese sueño. Obvio que, así como te digo esto, también te digo que cuando las cosas empezaron a avanzar un poco, por supuesto que ahí empecé a pensar: “Ah, ok, pará. Parece que hay algo de esto que es posible”. Sobre todo a fuerza de trabajo. Porque, de vuelta, viniendo del interior, el trabajo es todo. Pero cuando empezás a ver que tu trabajo empieza a dar resultados, que llamás la atención de ciertas personas, que te tienen en cuenta para determinadas cosas, lo empezás a sentir más cerca, y eso es algo que a mí no me pasaba antes.
—¿En qué momento de tu vida empezás a sentir esta cercanía con el mundo del cine o la actuación?
—Por un lado, yo creo que la formación y la profesionalización. Algo de tener contacto con el oficio como un trabajo, como lo es, eso también me hizo entender: “Ok, esto no es un hobby”. Hay algo que pasa mucho, que es vincularse con el arte de una manera más parecida a un hobby, que está buenísimo, y conservo una parte de eso. Pero la realidad es que cuando empecé a entrar en contacto con la actuación como trabajo y como oficio, dije: “Ah, mirá, esto tiene una forma. Una forma más sólida”. Y, por otro lado, creo que ciertas personas confiaron en mí en determinados momentos y eso fue lo que me hizo confiar en mí.

—Comentabas hace un rato que con Hecatombe tuvieron la suerte de entrar por la puerta grande en aquella época dorada de YouTube.
—Sí, total.
—¿Cómo fue el camino antes de dar el gran salto a la gran pantalla o a este camino en la industria audiovisual que estás haciendo y palpando?
—Ahora que ya es totalmente una posibilidad, que es mi trabajo, digamos. Creo que algo que me habilitó mucho fue haberme venido a vivir a Buenos Aires. Fue una decisión difícil que tuve que tomar porque también dejaba atrás mi ciudad, mi familia, mis amigos. Y, sin embargo, yo sentía que había algo de esa decisión que me podía hacer crecer un poco más. Sobre todo con la ambición ya instalada de meterme a laburar en audiovisual. A mí siempre me generó mucha curiosidad. Si bien había tenido mucho contacto con lo que es el teatro, no tiene nada que ver con la industria audiovisual. Y la industria audiovisual en nuestro país es magnífica. Realmente suceden cosas espectaculares y me daban muchas ganas de formar parte y de vivir esa experiencia.
—¿Qué recordás de tus inicios en este mundo?
—La realidad es que apenas me mudé a Buenos Aires conocí al director y guionista Ariel Winograd, con quien tuve la oportunidad de trabajar muchas veces. Creo que mi primer casting lo habré hecho a los 28 años. O sea, bastante grande para haber hecho mi primer casting. Antes de eso jamás había tenido un casting en mi vida, no sabía lo que significaba, y fue para la primera película que hice con Ariel Winograd. A partir de ahí también se empezó a armar la rueda. Porque te conocen por una cosa, uno empieza a conocer gente, las personas que se encargan de los castings también te empiezan a conocer. Y todo eso tiene que estar ligado a que vos respondas bien al laburo, porque para mí todo termina teniendo que ver con cómo uno trabaja y cómo es humanamente también.
—¿Qué fue lo que más te impresionó de lo que venías haciendo en redes y de esta nueva rutina de trabajo en audiovisual?
—Yo siempre cuento que mi primera experiencia fue filmando Hoy se arregla el mundo (2022), una película de Ariel Winograd, en la cual tenía una escena con Leonardo Sbaraglia y Luis Luque. Era un plano que Winograd decidió hacer como plano secuencia, que en cine se conoce como un plano que no tiene corte. Era mi primer proyecto y siempre me acuerdo de que ese plano nos llevó ocho horas. Ocho horas haciendo ese plano porque lo hacían una vez, y otra vez, y otra vez. Me acuerdo de estar ahí pensando: “¿Qué es esto? ¿Qué está pasando? Hace ocho horas que estamos haciendo el mismo plano. ¡Qué locura!”. Y cuando terminó la jornada —me voy a acordar de esto toda la vida— volví a mi casa, estaba mi novio y le dije: “Quiero hacer esto toda la vida”. Dije: “Estoy enamorada de esto. Lo quiero hacer toda la vida”.
—Y de ahí no paraste.
—Ahí no paré nunca más. Yo soy muy trabajadora. Creo que eso también es lo que encendió el motor. A mí me gusta laburar. Entonces, me di cuenta de que ese laburo me encendía, encendía algo en mí, y no paré.

—¿Cómo fue tu llegada a la industria? ¿Sentís que la industria tradicional del cine todavía mira de reojo a quienes vienen de las redes u otras plataformas?
—No, para nada. Siempre sentí mucho cariño por parte de las personas con las que me tocó trabajar, y te diría que, al contrario, fue por las personas que me fui cruzando en el camino que también hoy estoy laburando. Lo que más reconozco en mi carrera, además de que soy muy laburante y que me esfuerzo mucho, es que siempre me he cruzado con gente que me ha vuelto a llamar, que me ha recomendado, que me ha hecho vivir una experiencia inolvidable. Hay algo de lo humano muy presente en mi historia.
—Formaste parte de aquel fenómeno de youtubers que consiguieron una viralidad descomunal en la época dorada de YouTube. ¿Sentís que eso te preparó para sobrellevar hoy la exposición que conlleva la industria audiovisual?
—Yo siempre digo que tengo una exposición muy controlada y tomo muchas decisiones para que eso suceda. Soy muy consciente de eso.
—¿Qué diferencia podrías hacer entre esa comunidad que se formó de YouTube y los seguidores o fans que surgen de una serie como Envidiosa por ejemplo?
—Creo que lo que pasó con YouTube fue un fenómeno mundial. Para mí es como que nunca dejé de tener un público. Siento que a mí me siguen personas a las que realmente les interesa lo que hago y que es esa famosa comunidad de la que se habla y que yo tuve la oportunidad de formar en aquella época dorada. Hoy quizás por un papel puede pasar que tenga una exposición que cruce esa línea donde ya se hace mucho más masiva y ahí sí me parece que viene una exposición un poco más descontrolada, en la que te ve gente que no sabe quién sos, que no contextualiza nada de lo que hacés. Pero tampoco me peleo con eso, soy muy consciente de que este trabajo que elegí genera eso.
—¿Sentís que tu personaje en Envidiosa volvió a darte una exposición como en aquella época de YouTube?
—Cuando estuve en Envidiosa, obvio que fue un boom porque la serie fue un boom y un montón de gente me frenaba en la calle para saludarme. Pero desde YouTube que a mí me pasa eso y, la verdad, nunca dejó de pasarme la verdad. Pensá que nosotros en YouTube teníamos un público de adolescentes, no podíamos pasar por la puerta de una escuela jamás. Era una locura pensar eso porque no estábamos en una serie de Cris Morena. Eran nuevos formatos, nuevos consumos, cuando empezó todo el mundo digital. Entonces, siento que desde muy chica me pasó esto de que alguien me frenara en la calle. Lo que es gracioso es que hoy a veces me frena alguien en la calle y yo no sé por qué me está frenando, si me veía por Envidiosa o de YouTube (se ríe).
—Claro, no sabés por qué etapa tuya te están frenando.
—A veces por la edad me suelo dar cuenta y digo: “debe ser por Envidiosa”. Es muy gracioso. Pero sí me parece que si la exposición viene de la mano de algo de lo que uno está orgulloso y es un laburo que estoy contenta de hacer, buenísimo. Si es por laburo, venga. Después, otro tipo de exposición no me interesa.

—Quizás ya no estás haciendo panqueques, pero ¿cómo es tu presente hoy? ¿Ya podés vivir de la actuación o seguís haciendo malabares para llegar a fin de mes?
—A veces hago para mis amigos igual, no dejé de hacer nunca (se ríe). Hace varios años ya que trabajo. Lo que pasa es que también son etapas. Hay etapas donde uno tiene más trabajo, otras menos. La realidad es que hoy me siento súper privilegiada de poder estar laburando como actriz, porque también sé la realidad del país en el que estamos y la realidad de la industria audiovisual hoy es tremenda. Hay muy poco laburo, somos muchos los actores y las actrices y queremos laburar. A mí me pasó este año que arranqué y, por cómo pintaba la onda, dije: “Este año yo no laburo”. Y finalmente fue el año que más trabajé. Tuve la mayor cantidad de proyectos de mi vida.
—Vos que fuiste de las pioneras en el fenómeno digital. ¿Las redes las monetizás?
—Sí. En este momento también trabajo mucho con marcas con las que hace años tengo vínculo y eso también es otra salida. Hace ya varios años que trabajo codo a codo con Adidas, u otras marcas que me acompañan y que también generan ingresos.
Papryka y su nuevo proyecto junto a Nico Furtado
Ese presente que años atrás parecía tan lejano para Papryka tiene ahora un nuevo capítulo con Escondida en mi cabeza, la comedia en la que participa junto a Nicolás Furtado y en la que interpreta a Coni. “Para mí fue un proyecto muy especial”, reconoce la actriz a GENTE sobre el film, que fue filmado íntegramente en Uruguay.
“Nos tuvimos que instalar en Montevideo un tiempo. Eso también hace que todo sea más intenso y que el grupo se vuelva mucho más una familia”, recuerda sobre un rodaje que compartió con un elenco "heterogéneo" integrado también por Alejandra Flechner, Iair Said, Louta, Charo López y Mike Chouhy.

—Estás por estrenar una película con Nico Furtado.
—Sí. La película la grabamos el año pasado, hace exactamente un año. Se grabó íntegramente en Uruguay, con muchos actores y actrices uruguayos también. Además el elenco que tiene esta peli, que para mí es lo más especial: un elenco muy heterogéneo. Tenemos de todo. Desde Alejandra Flechner, que para mí es un ícono de la actuación, hasta Nico Furtado, que protagoniza. Hay músicos: Louta, Joaquín Levinton. Después está Mike Chouhy, que se dedica al stand up y esta es su primera película, y está increíble. La verdad es que es un elenco súper lindo.
—¿Qué podés decir que te marcó de este proyecto en particular?
—Esta peli para mí fue un proyecto muy especial porque, como te decía, nos tuvimos que instalar en Montevideo un tiempo. Eso también hace que todo sea más intenso y que el grupo se vuelva mucho más una familia. Así que para mí fue reespecial. Además, no quiero spoilear la peli, pero mi personaje trabaja en un hogar de adultos mayores, lo que significó para mí trabajar durante mucho tiempo con un montón de actores y actrices donde el más joven tenía 80 años, y fue algo que se volvió muy especial porque fue laburar todos los días con esta gente que tiene un bagaje de experiencias y de anécdotas. Fue súper inspirador ver gente tan grande ejerciendo la profesión que yo elegí. Me resultó muy imponente y muy inspirador. Dije: “Ay, mirá la cantidad de años que uno tiene para desarrollar una carrera”. Y uno a veces piensa que tiene que estar corriendo, que estamos con esa sensación de que todo tiene que ser ya.
—¿Te dio como una especie de tranquilidad?
—Sí, total. De ver que hay algo de este oficio que, si uno quiere y la salud te acompaña, puede ser un oficio que te dé alegrías toda la vida.
—Mencionaste antes que tu primer casting lo hiciste a los 28, y que sentías que ya eras grande. ¿En algún momento pensaste que no llegabas a cumplir este sueño? ¿Pensaste en tirar la toalla?
—Sabés que no. Porque soy una persona que se entusiasma mucho. Si bien, obviamente, uno está mirando a ver qué tan lejos o cerca estás de las metas que te proponés, al mismo tiempo yo soy muy entusiasta. Estoy más metida en lo que estoy haciendo que en hacia dónde estoy yendo. Me entusiasmo rápido. Y las veces que me he pegado palos, porque me los he pegado. Ni hablar en esta profesión, en la que uno se la pasa haciendo castings y en el 90% te dicen que no. Ese fue todo un universo con el cual me encontré y que yo no conocía. Sin embargo, dentro de todo me recompongo rápido. Porque me entusiasmo, me entretengo con algo y chau. Lo puedo elaborar y se me pasa.
—¿Cómo manejás los “no”? ¿Hacés terapia?
—Sí. Yo hace 14 años que hago terapia con la misma terapeuta, o sea que la tengo pobre, ya debe estar saturada (se ríe). Sin duda, la terapia es clave y, sobre todo, son claves estas herramientas de autoconocimiento, estar fuerte. Porque tantos “no” pueden tener efectos sobre tu autoestima, sobre tu seguridad. Entonces, la tenés que elaborar por otro lado porque, si no, te revienta. ¿Viste que te dije que mi primer casting fue a los 28?
—Sí.
—Yo creo que si hubiese empezado a hacer castings de más chica, no sé si lo hubiera tolerado. Me parece que hay algo de haber entrado en la industria de más grande, casi a los 30, que a mí, por lo menos, me encontró mejor parada, con más seguridad sobre quién soy yo.

—Ahora que vivir de la actuación ya no lo ves más como algo lejano ¿Qué te permitís soñar?
—Cada vez siento que puedo ir imaginando escenarios nuevos, como que es un poco infinito. Tampoco tengo sueños demasiado pretenciosos. Que me sorprenda la vida también, porque me parece que ya ha quedado demostrado que pueden pasar cosas impensadas. Así que estoy un poco dispuesta a sorprenderme. Pero es un oficio que es muy estimulante. Ya pensar: “Ay, ¿cuál va a ser mi próximo papel?”. O sentir que un papel que me ofrecen me desafía. O estar en un nuevo proyecto y trabajar con tal o cual actor que no conozco.
—¿Querés mencionar alguno?
—La verdad es que en todos los proyectos siempre hay grandes artistas que un poco nerviosa te ponen. En Envidiosa, que fue un proyecto súper grande para mí, imaginate lo nerviosa que estaba, que tenía que compartir de repente set con Griselda (Siciliani), con Viole (Violeta Urtizberea), eran todas unas grandes. O mismo mi primera película, esto que te comentaba con Ariel Winograd: tuve que trabajar con Leonardo Sbaraglia.
—Sbaraglia, Furtado... ¿Qué se siente trabajar con estos galanes? ¿Intimida? ¿Qué se te cruza por la mente?
—No, nada. Porque, como te decía, es un laburo. De repente hasta normalizás. Por supuesto, después te mandan un mensajito. Mi tía me manda un mensajito cada tanto: “Mandale un beso a Sbaraglia”. Y ahí decís: “Ah, mirá, es verdad, tenés razón”. Pero en el día a día es tu laburo. Son tus compañeros de laburo.
—Lo normalizás.
—Sí, la verdad que sí. La pregunta tendría que ser qué sienten ellos de trabajar conmigo (se ríe).
Agradecemos el PR a Agencia Raquel Flotta.





















































